volver

la comunidad de miano, nápoles


Provincia de Italia


El paso dado por la Iglesia y la Sociedad en los años postconciliares nos preparó para acoger con una sensibilidad especial la opción del capítulo del 70 «  a la luz del evangelio y del contexto social, nos decidimos a ser solidarias con los pobres ». En esos mismos años el cardenal Corrado Ursi urgía con fuerza a las religiosas a que salieran de sus capillitas para acercarse al pueblo, sobre todo el de los barrios, abandonado a sí mismo.

Nuestra experiencia comenzó en el barrio de Miano el 13 de mayo de 1972. Había quedado un piso libre ; si esperábamos nos arriesgábamos a perderlo dada la falta de vivienda.

En cuanto nos trasladamos recibimos visitas: los niños se fijaban que cada una de las hermanas tenía una cama, la señora del piso de abajo con marcas de arañazos en la cara nos contaba con mucha sencillez: « mi marido me ha pegado ». Una familia de 17 personas que vivía en tres habitaciones y que se rotaban para dormir, dada la falta de camas, nos hicieron entrar en seguida en la realidad de esa vida. No pudimos pensar que estábamos haciendo un gesto heroico al venir a vivir entre ellos.

Sabíamos que si no eramos aceptadas, eso se iba a notar en pequeños gestos, tales como el robo de la rueda del coche, la batería del mismo...32 años después podemos decir que nunca ha ocurrido tal cosa. A la pregunta de si las religiosas debían ser consideradas como un grupo aparte, la respuesta de los consejeros del barrio fue: « las religiosas forman parte del barrio » Aún hoy en día lo somos.

Desde el principio fue « el ser » más importante que el « hacer », y la acogida fue una de nuestras características principales. El piso minúsculo se abrió a diferentes jóvenes que compartieron nuestra vida. Una de ellas es ahora rscj. Además el padre de una de las religiosas vivió con nosotras más de dos años: para facilitar que su hija única pudiera continuar su vida religiosa, dejó él su casa de Florencia y aceptó compartir habitación con su hija. Esto fue un regalo para todas nosotras y también para el barrio que le quiso y le respetó mucho. Su muerte nos dejó un gran vacío.

Al principio trabajábamos todas en escuelas públicas, nuestro tiempo era restringido, pero dedicábamos la mayor parte del tiempo a ayudar a los jóvenes en los estudios: la ignorancia de las familias creaba dificultades a los jóvenes en la escuela. Después de la escuela primaria, únicamente los chicos continuaban los estudios, mientras que las chicas debían quedarse en casa, cuidar de sus hermanos pequeños. Más del 50% de las madres eran analfabetas. Por las tardes dábamos clases a los adultos, porque necesitaban un diploma elemental para conservar o adquirir un trabajo. Esto nos posibilitó tomar contacto con muchas personas. El domingo por la mañana, teníamos en casa reuniones con los jóvenes; algunos venían también a las clases de las tardes. Hemos permanecido en contacto con esos jóvenes, nuestra relación es muy buena, incluso con los jóvenes que se fueron por mal camino. Algunos de ellos nos confían aún hoy sus hijos y nos dicen: « hermana, no quiero que mis hijos sigan el mismo camino que yo ». Por desgracia, con el bienestar económico ha aumentado la delincuencia, especialmente la consumición de drogas.

Muchas familias sencillas y honradas han emigrado en busca de trabajo y sus pisos han sido comprados por los que han hecho dinero fácilmente. Las exigencias espirituales, los grupos de oración, la lectura de la Biblia han ido naciendo poco a poco

Actualmente, somos casi todas jubiladas, por lo tanto estamos a disposición del barrio, intentando responder a las necesidades del momento, intentando apartar a los niños y a los jóvenes de la calle a base de ofrecerles actividades recreativas, costura, ayuda en los estudios, así como una formación espiritual a través de grupos de oración, cursos bíblicos y catequesis de preparación de los adultos a la Confirmación y al matrimonio.  El trabajo de una de nosotras con los marginados nos estimula y nos abre horizontes más amplios.

Nuestro piso actual con cuatro habitaciones, cocina y dos cuartos de baño nos permite acoger a jóvenes que quieren hacer la experiencia de un servicio con los niños de los barrios difíciles: desde el principio han ofrecido algún tiempo de su verano en nuestro barrio, diferentes grupos de guías, universitarias de Padua, antiguas de Palermo y de Lindthout y profesoras de Villa Peschiera y de Bruselas. Durante 15 días hacían realizaban actividades con los niños. Nuestros jóvenes hacían de guardaespaldas acompañándolas a descubrir Nápoles.

En esta realidad tan olvidada por las instituciones y minusvalorada por sus mismos habitantes, intentamos posibilitar a cada persona que crea que es el objeto de un amor inmenso y que su valor como persona es muy grande.

 

La comunidad de Miano:
Angela Cairone rscj, Anna Maria Catelani rscj,
Maria Teresa Devoto rscj, Paola Paoli rscj


archive