Capítulo General 2008: algunos documentos finales

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Cinco prioridades:

 



Otros documentos:

 



Espiritualidad y diálogo intercultural
Introducción

 

Participar en una educación que transforma, vivir la colaboración en reciprocidad y dialogar entre culturas fueron las tres llamadas que nos hizo el Capítulo general del 2000. Al presentar la espiritualidad nos exhortó a reinterpretarla y reexpresarla afirmando que: “El camino continúa…”


Ocho años después nos encontramos en un mundo en el que no sólo no se ha podido superar la pobreza, la injusticia, el racismo y la guerra sino que se han producido mayores actos de violencia y de exclusión que fragmentan aún más la comunidad humana. Somos conscientes de la sed de Dios que se esconde al buscar falsas seguridades. El ser humano busca incansablemente, de diferentes maneras y por caminos a veces desconcertantes. Hombres y mujeres de distintas culturas, religiones y tradiciones espirituales anhelan a Dios y trabajan para hacer de nuestro mundo, un espacio habitable con futuro para la humanidad y para la creación.


Como parte de esta humanidad, la Iglesia también busca responder a los clamores de quienes más sufren. Tanto en las actividades cotidianas de las comunidades eclesiales locales, cuanto en el testimonio martirial de religiosas, sacerdotes y obispos y en la de tantas hermanas y hermanos anónimos de distintos continentes, ha manifestado su deseo y su compromiso en favor de un mundo en el que se encuentren la justicia y la paz como signos visibles de la presencia de Dios en la historia.


En este contexto, conscientes de que nuestro carisma es un don de Dios en la Iglesia para el mundo, hemos querido profundizar en nuestra espiritualidad a través del diálogo intercultural.

Este “diálogo intercultural sobre la espiritualidad”, tema de este Capítulo general 2008, está enraizado en el testimonio de todas las Provincias. Nos hemos sentido impulsadas e inspiradas por la experiencia profunda de todas las hermanas y por el aporte comprometido de las personas con quienes compartimos nuestra vida y misión. Los informes de las provinciales y de los Capítulos provinciales han sido el punto de partida para lo que después hemos vivido y discernido en una gozosa experiencia de nuestro Cor Unum.


Alrededor de la mesa, del fuego y del pozo, hemos compartido en un clima de escucha mutua, hemos acogido con reverencia nuestra vulnerabilidad y fragilidad y hemos dialogado en un ambiente de confianza y alegría, alimentadas por los símbolos de nuestras diferentes culturas y por la oración comunitaria. Con un corazón que discierne, nos hemos preguntado: ¿dónde y cuándo vivimos nuestra espiritualidad en la vida cotidiana y en nuestros diferentes contextos? Encontramos la clave en una intuición del Capítulo 2000: “estamos convencidas como Capítulo de que nuestras vidas entregadas por amor son la expresión más fuerte de nuestra espiritualidad”. ¿Cómo queremos entregar nuestras vidas de manera que respondan a Aquél que nos amó primero?


A través de diversos intercambios fueron surgiendo cinco prioridades que acogimos con unanimidad sorprendente: diálogo, relación, comunicación y redes; contemplación; vida comunitaria; justicia, paz e integridad de la creación junto a los/as más vulnerables; y los/as jóvenes. Hemos reconocido estas prioridades como cinco puertas para entrar a nuestra espiritualidad. Estamos convencidas de que el Espíritu hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5) y que, cuando las vivimos en gestos y palabras de la vida cotidiana, experimentamos nuestra espiritualidad como una fuerza nueva y actual.


Como Capítulo hemos escuchado en profundidad una llamada a reavivar el don que hemos recibido de descubrir y manifestar el amor de Dios con nuestra vida totalmente contemplativa y totalmente apostólica. En la contemplación del corazón abierto de Jesús encontramos la fuerza que nos impulsa a vivir en comunión con cada persona y a comprometer todo nuestro ser, en la Iglesia y con otros/as, en la creación de un mundo más justo y armónico.


Esta es la invitación y el desafío que queremos comunicar a toda la Sociedad y a todos aquellos y aquellas con quienes compartimos la amistad, la colaboración o la comunidad en el espíritu de la familia ampliada del Sagrado Corazón para que, poco a poco, vayamos haciendo vida el deseo de Jesús: “que todos/as sean Uno” (Jn 17, 11).


El Capítulo general ha elegido cinco prioridades que son, para nosotras, expresión visible de nuestra espiritualidad. A la luz de estas prioridades hemos reconocido algunas intuiciones que nos ayudarán a buscar nuevas formas de comunicarnos y organizarnos.

La manera como se presenta el fruto de nuestros diálogos, refleja la riqueza de nuestra diversidad y nuestra unidad.



Diálogo hacia la comunión: en camino con la humanidad

 

Reunidas alrededor de la mesa de la vida, donde cada una ofrece su pan como alimento para todas, reconocemos el diálogo como la posibilidad de un mundo más humano y de una vida con Espíritu. Durante estos días de Capítulo, al caminar juntas, no sólo entre nosotras sino con la humanidad, y al buscar en discernimiento comunitario cómo ser Corazón de Dios en el mundo, hemos participado de una rica y profunda experiencia de diálogo, convencidas de que el diálogo es el camino para el mundo de hoy.


El lugar donde comenzó el encuentro, ha sido especialmente significativo: la vida de la Provincia en el pueblo peruano que nos ha hablado con su danza, su música, su diversidad cultural y su alegría en medio de la pobreza y exclusión. Nos ha hablado de su capacidad para acoger y para resistir, para darse a manos llenas y compartir como hermanas y hermanos.


A lo largo del Capítulo hemos vivido un proceso de profundo diálogo intercultural. Diálogo que se da como un camino y un proceso en el convivir de cada día, más allá de las palabras, con risas y lágrimas, con expresiones de cariño, cercanía, atención y cuidado, tejiendo juntas la comunión. La experiencia de vivir el Capítulo en Perú nos ha ayudado a comprender mejor realidades que nos eran desconocidas desde otros contextos; esto nos hace más conscientes de que para comprender a los demás y caminar juntos, necesitamos entrar en su realidad y desplazarnos para hacer experiencia de lo que viven.


Por décadas, la Sociedad siguió las huellas de Occidente; en este Capítulo hemos estado más atentas a otras culturas, especialmente a Oriente y a otras religiones como el Budismo y el Islam, en un diálogo abierto que nos ha enriquecido. Con emoción hemos percibido la posibilidad de comunión en la experiencia profunda de Dios.


Nuestra interculturalidad es una riqueza. Desde las diferentes culturas hemos podido comunicarnos con la palabra y con otras expresiones, así nos hemos sentido escuchadas, acogidas y valoradas. Hemos recibido mucho unas de otras y esta experiencia nos va cambiando. También, en esta diversidad, de nuevo nos hacemos conscientes del poder de dominación que supone el idioma. No sólo como modo de expresión sino como esquema de pensamiento que prevalece sobre las minorías lingüísticas. En este sentido, queremos crecer en sensibilidad y creatividad para vivir la lengua como un medio de comunicación, un vehículo para el encuentro, un recurso para expresarnos cada una desde nuestro aporte específico, desde nuestra identidad cultural, sentadas alrededor de la mesa donde aprendemos y ofrecemos.


Reconocemos el diálogo como una experiencia dinámica y no como una actitud teórica y estática. Es decir, requiere movernos y descubrir desde dónde hablamos y expresamos nuestras ideas, opciones, sentimientos. Fieles al compromiso de Sofía, mujer de relaciones y diálogo, aprendemos el valor del cuidado, la cercanía, la paciencia y el amor como actitudes del corazón que nos conducen hacia la comunión. Con corazón contemplativo, habitado por el Espíritu, escuchamos al mundo que nos habla de sus esperanzas y sufrimientos. Encontramos el Corazón de Jesús encarnado en esta historia; desde aquí reclama nuevas relaciones y nos invita a caminar unos con otros/as y con toda la creación como un solo cuerpo.


Esto nos exige cambiar nuestra forma de vernos, la manera de ubicarnos en la realidad y nos hace parte de la humanidad que busca:

  • El diálogo intercultural, interreligioso e intergeneracional como un acto de justicia que lleva a una convivencia en armonía y en paz.
  • La comunidad como la forma de ser humanos/as, desde la comunidad local, provincial, regional e internacional.
  • La contemplación como mirada amorosa que descubre y acoge, cuida, alimenta y hace crecer la vida.
  • Un sentido de la vida más profundo, más sensible, más humano, para ofrecer, especialmente, a los/as jóvenes.



El compromiso con la vida nos hace reconocer que el Espíritu actúa en la historia y que nuestra vocación de descubrir y manifestar el amor nos impulsa a un movimiento de reciprocidad constante: vivir, caminar, compartir entre nosotras y con otros/as. Descubrimos que el verdadero encuentro se da cuando llegamos a la profundidad del corazón de cada ser y ahí reconocemos la presencia del Espíritu.


En este diálogo, arriesgamos nuestra palabra y nuestro cuerpo que se hace palabra en gestos, símbolos y opciones; ponemos sobre la mesa nuestra identidad y nuestro carisma, regalo para el mundo. Recibimos la palabra y la identidad de otros/as que nos recrean. Este proceso implica: entendernos a nosotras mismas con honestidad y con reverencia por el otro/a, apertura para la conversión, disposición para vaciarse de sí, dejarse cambiar y entrar en el silencio.


Reconocemos que tenemos dificultades y que muchas veces rompemos el diálogo: desde las situaciones más cotidianas hasta los niveles mundiales de abuso de poder de unos pueblos sobre otros y del ser humano sobre la naturaleza que le da vida. De nuevo, volvemos a elegir el diálogo como posibilidad de vida. Es una honda experiencia del Misterio Pascual que nos lleva a decir con los de Emaús: “No te vayas, quédate” (Lc. 24, 29).


Todo esto en medio de un mundo de grandes avances en las tecnologías; éstas nos han facilitado una comunicación inmediata y fácil durante este Capítulo a través de la página web y han contribuido a la participación y entusiasmo de las Provincias y de otras personas interesadas en este proceso capitular. Constatamos que estos medios pueden facilitar la comunicación, la participación, el diálogo y la reciprocidad; que nos acercan, de manera especial, al mundo de los/las jóvenes; al mismo tiempo, constatamos la desigualdad en la posibilidad de acceso y utilización de esos recursos, la excesiva información que nos proporcionan, que no siempre implica análisis e interpretación y que, a veces, producen incomunicación y aislamiento.


Creemos en las redes como una oportunidad para participar en el cambio estructural con otros grupos que se están organizando alrededor de los gritos y las esperanzas del mundo. La red nos anuda, nos vincula, en una actitud de fondo de vivir en contacto con otros/as.


Descubrimos que en las redes nos une la relación más allá de la función. Relación que se hace realidad cuando dejamos nuestras defensas, seguridades y anhelos de poder, cuando reconocemos la igualdad y dignidad de cada persona y cada cultura y cuando dialogamos desde nuestra propia vulnerabilidad y búsqueda, con una voz más fuerte para la comunión y el deseo de transformar la realidad desde dentro.


El Capítulo del 2000 nos invitó a pasar del encuentro al diálogo entre culturas. A lo largo de estos años hemos ido dando pasos y descubrimos que una nueva vida va surgiendo en el mundo y en la Sociedad. Nos sentimos llamadas a seguir gestando y cuidando estos procesos que alumbran la vida en lo cotidiano, con sencillez y alegría.


 

La Contemplación

 

Hoy, como mujeres enraizadas en el Corazón de Cristo, reafirmamos que nuestra herencia contemplativa brota de una “exigencia de amor que el Espíritu ha grabado en nuestros corazones.” (Const. 24).


Vemos la urgencia de vivir la contemplación en un mundo en el que nos sentimos desafiadas a mantener nuestra esperanza viva en medio de la violencia, la fragmentación y la deshumanización que amenazan la supervivencia del planeta. El futuro de la humanidad depende de un renacimiento espiritual. La belleza y el sufrimiento de nuestro mundo y de la naturaleza así como la sabiduría de las religiones, tocan y afectan la calidad y profundidad de nuestra contemplación.


La Palabra de Dios se manifiesta en las Escrituras, resuena en los gritos de Vida del mundo y la acogemos en nuestro interior como impulso profético. Muchas personas buscan un sentido de vida. Nos unimos a los esfuerzos de tantos hombres y mujeres, especialmente al de los/as más pobres y vulnerables, que colaboran en el proceso de transformación de la realidad. Este movimiento nos lleva a revitalizar nuestra espiritualidad del Corazón y a descubrir y experimentar la presencia gratuita del Amor de Dios en la humanidad.


Reconocemos que el activismo y la dispersión restan calidad a nuestra vida. Queremos ser capaces de detenernos, de hacer silencio y abrir nuestro ser profundo para sentir y pensar la vida desde el Corazón de Dios. Cuando nuestro cuerpo hace silencio, los sentidos se despiertan y somos capaces de escuchar la voz del Espíritu dentro de nosotras. En el secreto de nuestro corazón, el Espíritu va transformando nuestros sentimientos y respuestas, y nos introduce a una vida de intimidad con El. Llegamos a sintonizar con el latido de nuestros pueblos descubriendo las huellas y el amor del Creador en la vida cotidiana como experiencia gratuita. Entramos en el movimiento del Espíritu que suscita en nosotras un modo nuevo de acercarnos a la realidad, solidarias en la búsqueda de la justicia, la paz y el cuidado de la creación.


La vida de Magdalena Sofía, “la mujer conducida por el Espíritu”, la de Filipina, “la mujer que siempre reza”, y la vida de tantas hermanas, nos recuerdan que dar tiempo y espacio a la oración nos llevará a ser como el Corazón de Dios en el mundo. De ellas aprendemos que, en el centro de nuestra espiritualidad, la contemplación nos descubre la profundidad humana y nos acerca a la de Dios, en todas las etapas de nuestra vida; nos mueve a responder al deseo de vida interior que nos habita y a permanecer en El. Al estar unidas a la Vid (Jn. 15) nos dejamos “podar” por el Espíritu, sólo así daremos frutos. Este dinamismo nos purifica y nos hermana: como las uvas se convierten en vino, nuestro corazón se irá haciendo más compasivo y comprensivo. Viviremos la vida personal y comunitaria de manera más integrada. Reconoceremos los brotes de vida que surgen de nuestro deseo de Dios y del clamor de unas relaciones dignas y humanas. Nuestro ser como mujeres contemplativas dará calor y color a la vida.


Como comunidades en el mundo, buscando vivir de manera más profunda la contemplación y el discernimiento, estamos invitadas a:

  • Continuar abriendo espacios comunitarios entre nosotras, en los que junto con otros/as, en especial con los/as jóvenes, podamos crecer en esta actitud contemplativa.
  • Dar pasos para asegurar que nuestra formación a la largo de la vida, nos ayude a fortalecer y a enriquecer nuestra vida interior.
  • Compartir entre nosotras y con otros/otras nuestras búsquedas y experiencias de Dios, en espacios de oración y relectura desde la fe.
  • Descubrir y hacer caminos de diálogo con otras confesiones cristianas, culturas y religiones en los que compartamos los “tesoros de la fe”, y de los que recibamos una nueva inspiración.
  • Cultivar la actitud contemplativa con las personas con quienes compartimos en los lugares de trabajo, en proyectos e instituciones educativas, y con grupos de personas que buscan una mayor justicia y paz para nuestros pueblos.



La experiencia contemplativa nos invita a entrar en el Misterio Pascual. En la Eucaristía celebramos la entrega y la fidelidad de Dios y experimentamos la comunión con toda la creación.


 

La comunidad - valor central en nuestra vida

 

Los informes de los Capítulos provinciales y de las provinciales, preparatorios al Capítulo general, muestran un honesto reconocimiento de las dificultades en la comunidad. También existe un gran deseo de construir comunidad. Convencidas de que de la fragilidad surge vida nueva, buscamos aprender a ser hermanas, a crecer asumiendo nuestras vulnerabilidades y dones, y nos animamos mutuamente a correr riesgos que nos dan vida. La comunidad es un espacio donde somos llamadas a una continua conversión personal y comunitaria.


Como RSCJ estamos llamadas a seguir a Jesús, en comunidad, a la manera de Sofía. Profundamente enraizadas en nuestra relación con Jesús, reafirmamos que la vida en comunidad es una expresión fundamental de nuestra espiritualidad.


La comunidad, como forma básica de organizarnos, es un espacio donde tomamos decisiones juntas para nuestra vida y misión. La comunidad, a todos los niveles, es misión y para la misión.


Reconociéndonos parte del universo, de la creación con toda su abundancia y de una humanidad fragmentada que anhela relaciones nuevas, estamos convencidas de que vivir en comunidad es un modelo alternativo de convivencia humana. Deseamos testimoniar que un mundo de amor, esperanza, justicia y paz es posible.


Concientes de que la destrucción del medio ambiente impactará más en aquellos/as que ya sufren pobreza, hambre y falta de agua, sabemos que viviendo en comunidad y poniendo los bienes en común, podemos reducir el consumo de los recursos naturales. En este contexto, reafirmamos nuestro compromiso de vivir más sencillamente.


Deseamos ser comunidades abiertas a todos/as para compartir la vida y la fe, los sueños y las luchas, nuestros bienes y recursos.


Estamos invitadas a vincularnos más, tejiendo los desafíos y riquezas de nuestra diversidad interpersonal, cultural y étnica, en las regiones, en las provincias y como Sociedad internacional.


Todas nos sentimos urgidas a revitalizar la comunidad:
  • Por la calidad de nuestras relaciones
  • Como espacio humanizador para nosotras y para otros/as.
  • Como lugar de búsqueda, contemplación y discernimiento.


Valoramos la riqueza de las Constituciones y de otros documentos capitulares sobre la comunidad apostólica y nos animamos mutuamente a releerlas y a dejarnos desafiar hacia una vida más radical. En nuestra realidad provincial necesitamos mirar con valentía:
  • cómo el contexto social influye en nuestras opciones al vivir en comunidad.
  • la coherencia entre lo que deseamos vivir, como lo expresan nuestros documentos, y nuestra vida cotidiana.



La alegría que hemos experimentado al vivir y celebrar juntas como hermanas, nos da un nuevo impulso para construir comunidad, también con otros/as, allí donde estemos.

 

Justicia, paz e integridad de la creación junto a los/as más vulnerables

 

Nuestro caminar cotidiano con los pueblos de diferentes razas y culturas, en los diversos contextos donde estamos, y la escucha profunda de los gozos y los sufrimientos de la humanidad, nos han permitido tocar la pobreza, la desigualdad, la exclusión, la violencia y la destrucción del medio ambiente, en el mundo de hoy. Reconocemos con mayor claridad la interconexión que existe entre las realidades globales y su impacto en las situaciones locales. Tenemos mayor conciencia de los efectos negativos de la globalización del sistema económico neoliberal y de la cultura dominante.

¿Cómo desarrollo una conciencia crítica sobre la interrelación de toda la creación con los acontecimientos que marcan nuestro mundo?



Nos duele el dolor de nuestros pueblos. Desde ellos y con ellos encontramos en el corazón abierto de Jesús, el manantial capaz de saciar nuestra sed. Al contemplar Su corazón en el corazón herido de la humanidad, surge el deseo de comprometernos con mayor pasión y compasión en la búsqueda de la justicia, la paz y la integridad de la creación.

¿De qué forma mi oración me empuja a vivir comprometida con la justicia, la paz y la integridad de la creación? ¿De qué forma este compromiso enriquece mi vida interior?



Tenemos la certeza de que “educar es, en sí mismo, un acto de justicia”(Carta del Consejo General para la Fiesta del Sagrado Corazón de junio de 2006). Es una responsabilidad ineludible orientar todos nuestros esfuerzos educativos hacia la creación de relaciones basadas la equidad, la inclusión, la no violencia y la armonía. Estamos seguras de que la vida, y la vida abundante, para todos/as y para todo el universo, es el querer más entrañable de Dios. Ahí donde estemos, la misión educativa visibiliza nuestra solidaridad con los/as excluidos/as.

¿Cómo puedo profundizar mi toma de conciencia de que la justicia está enraizada en nuestra espiritualidad, de donde fluyen las diversas formas de nuestro ser educadoras?



La búsqueda de la justicia, la paz y la integridad de la creación atraviesa todas las dimensiones de nuestra vida. Queremos que sea criterio de discernimiento en la elección de nuestras relaciones, proyectos y compromisos. Así, todas nuestras opciones nos irán acercando más al Evangelio.

¿A favor de quién vivimos, trabajamos y actuamos? ¿A qué nuevas acciones o formas de ser nos sentimos llamadas?



Asumir este compromiso en lo cotidiano:

  • reclama de cada una un cambio en el estilo de vida personal y comunitario, una conversión de mentalidad y actitudes, y opciones coherentes,
  • nos ofrece cauces nuevos para vivir con mayor radicalidad nuestros votos,
  • nos impulsa a buscar caminos diferentes para vivir la comunidad de bienes, la inclusión y la comunión,
  • nos invita a relacionarnos de maneras nuevas con nosotras mismas, con otras/os, y con la creación entera.

¿Cómo tendría que cambiar nuestro estilo de vida personal y comunitario?
¿Cómo vivo mi responsabilidad cotidiana en favor del medio ambiente y de la no violencia?


Promover la justicia, la paz y la integridad de la creación desde cualquier lugar donde estemos y desde cada una de nuestras relaciones y compromisos, nos vincula como Sociedad, nos da una orientación común y nos impulsa hacia adelante. Este esfuerzo es, al mismo tiempo, un “espacio común” para colaborar, en diálogo y reciprocidad, dentro de la Iglesia, con grupos ecuménicos, interreligiosos, e interculturales, con redes y organizaciones de la sociedad civil. Ahí nos encontraremos con jóvenes que nos enriquecen con su aporte y con quienes descubrimos lenguajes nuevos para expresar y compartir nuestra espiritualidad.

¿Cómo me siento llamada a establecer nuevas relaciones y a participar en otros grupos en mi contexto local?



Celebramos agradecidas los logros cotidianos de muchos hermanos y hermanas que se han adelantado en la búsqueda de otro mundo posible. Junto con ellos y ellas, fortalecidas por el Espíritu, queremos seguir buscando el rostro de Dios en nuestra historia. Los gestos de solidaridad y reconciliación, los signos de compartir los bienes y cuidar la vida, las palabras que alientan y desinstalan son para nosotras motivos de esperanza. Descubrimos con alegría el amor del corazón de Jesús en los corazones humanos que laten al ritmo de la vida.

¿Cómo celebramos y compartimos los dones de la vida junto con otros/as?



Nuestra internacionalidad es para nosotras un don y una tarea. Queremos ponerla al servicio de la vida respondiendo al desafío que surge de los dolores de parto de la humanidad y de la creación entera.

¿Cómo nos dejamos tocar por las necesidades que existen más allá de las fronteras de nuestra Provincia, sobre todo en los lugares donde la vida está más amenazada? ¿Cómo estamos llamadas a responder a esta urgencia?



Nos ayudarán los siguientes medios:

  • Favorecer procesos pedagógicos que nos transformen a nosotras mismas para acoger como propio el compromiso de trabajar por la justicia, la paz y la integridad de la creación, en el nivel personal, comunitario y provincial.
  • Asegurar que en todas nuestras planificaciones y proyectos personales, comunitarios, provinciales, incluidas la formación inicial y continua, regionales e internacionales se refleje esta prioridad.
  • Buscar medios alternativos de información y comunicación para ampliar nuestro análisis de la realidad con las implicaciones locales y globales.
  • Ofrecer procesos pedagógicos y cauces concretos para los grupos y personas, especialmente para los/as jóvenes, que quieren comprometerse con los más pobres.
  • Establecer dos o tres prioridades que nos ayuden a sumar nuestros esfuerzos a los esfuerzos de otros grupos y personas que trabajan en favor de JPIC, por ejemplo: hambre, migrantes, cuidado de los recursos naturales no renovables.
  • Discernir y elegir formas creativas, generosas y arriesgadas, para vivir la comunidad de bienes al servicio de la justicia, la paz y la integridad de la creación, a todos los niveles.


Nuestra opción por los/as jóvenes

 

Desde lo más hondo de nuestro ser contemplativo surge la llamada a mirar el mundo a través del Corazón traspasado de Jesús, donde encontramos a la vez la fuerza y las heridas de la humanidad. La visión de Sofía de formar adoradoras apasionadas por la vida y capaces de transformar el mundo, impulsa nuestro propio anhelo. En los contextos que cada provincia ha compartido, con todas sus complejidades, crisis y llamadas, reconocemos un momento crítico para los/as jóvenes, para nosotras y para el mundo. Esto nos urge a renovar nuestro compromiso por los/as jóvenes con una nueva pasión.


Queremos seguir caminando con los/las jóvenes. Muchos de ellos/as están comprometidos/as en el trabajo por la justicia e inquietos por el futuro del planeta. Otros/as sufren la marginación, la pérdida de sentido y de esperanza en el futuro del mundo. Algunos/as desean entregar sus vidas con generosidad al servicio de los/as demás. Necesitamos estar con todos/as ellos/as en su búsqueda del Dios, de sentido y del valor de la vida.


Como Religiosas del Sagrado Corazón, queremos responder con corazón de educadoras. Lo hacemos con otros/as de diversas maneras: en colegios, movimientos, comunidades, ONGs, asociaciones civiles, universidades, redes, parroquias, proyectos, en barrios, ciudades y campos. Estamos con jóvenes de diferente clase social, edad, religión y cultura. Ahora nos sentimos de nuevo llamadas a responder con mayor impulso apostólico.


Estamos convencidas de que nuestra espiritualidad tiene algo importante que decir al mundo de hoy y queremos compartirla con los/las jóvenes de una manera creativa y vivificante, conscientes de que muchos/as están sedientos/as de la experiencia del amor de Dios. Los/las jóvenes son protagonistas de sus propias vidas y podemos aprender unos/as de otros/as. Esto será fuente de vida y esperanza para todos/as. Escuchamos una fuerte invitación a caminar con ellos/as compartiendo nuestra sed y nuestras aspiraciones, uniendo nuestros esfuerzos para construir un mundo conforme al Reino de Dios.


Animamos a cada Provincia, comunidad y rscj a profundizar en sus contextos y a encontrar maneras de responder especialmente a los/las jóvenes. Esto traerá la necesidad de hacer nuevas opciones. Algunas de éstas pueden ser:

  • El diálogo intergeneracional entre nosotras mismas es un paso importante para entrar en el mundo de los/las jóvenes. Esto nos abre a nuevas ideas, iniciativas y proyectos.
  • Necesitamos ser sistemáticas en la planificación y la evaluación de nuestros proyectos y discernir la mejor manera de acompañar a los/las jóvenes en todos los ámbitos, tanto en el formal como el informal. Reflexionar sobre nuestra filosofía educativa nos ayudará a responder con mayor eficacia a las llamadas de la juventud.
  • Usar todos los medios de comunicación y las tecnologías que nos acerquen a la realidad de los/las jóvenes: Tener una sección para jóvenes en las páginas web provinciales e internacionales.
  • Desarrollar redes con otras organizaciones y colaboradores en nuestros países, provincias, regiones y a nivel internacional: Por ej., redes de voluntariado, antiguos alumnos, asociados, proyecto Nord-Sud, colegios, proyectos de educación.
  • Evaluar el desarrollo de la pastoral vocacional en cada provincia. (cfr. documento Pastoral Vocacional del Capítulo 2000, Pág. 42)
  • Para responder a las necesidades de los/las jóvenes necesitamos asumir con seriedad su acompañamiento. Insistimos en la importancia de tener una buena formación para acompañarles (en la dimensión humana, espiritual, intelectual) mediante el trabajo en redes, formación, filosofía educativa etc.
  • Evaluar, a nivel provincial, nuestro compromiso con los/las jóvenes a los dos o tres años y compartirlo a nivel regional e internacional. Considerar si hay necesidad de una coordinadora que promueva esta opción en todos los niveles (local, provincial, etc.)


Preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué debemos cambiar en nuestras comunidades para que lleguen a ser espacios más abiertos y acogedores donde los/las jóvenes se sientan en casa? ¿Qué tenemos que cambiar en nuestro estilo de vida y en nuestras actitudes?
  • ¿Cómo aprender a compartir nuestra fe y oración con ellos/as de un modo nuevo y creativo?
  • ¿Cómo podemos entrar más profundamente en el mundo y en la cultura de los/las jóvenes?
  • ¿Cómo podemos fomentar su protagonismo para que asuman su propio liderazgo?
  • ¿Cómo trabajar con ellos/as desde nuestro ser educador?


Del Capítulo General 2008 a la Familia del Sagrado Corazón

 

Desde hace años muchas personas comparten con nosotras la misma espiritualidad y misión, formando la Familia del Sagrado Corazón.


Durante los últimos ocho años, en muchos países, esta comunidad amplia ha ido creciendo con un dinamismo que no habíamos imaginado. En todos nuestros proyectos educativos, tanto formales como populares, nuestros compañeros y amigos viven la misión y el carisma con nosotras. En algunas provincias, las asociadas siguen aumentando. Otras han encontrado diferentes formas de compartir la espiritualidad y la vida: proyectos juntos, grupos de reflexión y oración, voluntarios, exalumnas/os, grupos de jóvenes, etc.


En nuestro Capítulo general 2008, reconocemos que ustedes forman parte de la Sociedad del Sagrado Corazón de distintas maneras. Ustedes nos animan a continuar caminando a la manera de Sofía. Su herencia nos pertenece a todos/as. Con ustedes tratamos de escuchar el latido de Dios en la realidad. Continuemos juntos esforzándonos por un mundo donde nadie sea excluido y cada uno/a pueda tener su legítimo lugar.


Deseamos estrechar sus manos, agradecidas, por todo el camino que hemos recorrido juntos. Con ustedes nos embarcamos en la próxima etapa de la historia de la Sociedad con coraje y confianza.

 

El Estatus en ECOSOC de las Naciones Unidas

 

La Sociedad del Sagrado Corazón solicitará el Estatus Consultivo en el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas.

 

Justicia, Paz e Integridad de la Creación

 

Que el Consejo general discierna e implemente la mejor manera de coordinar esfuerzos de JPIC en el nivel internacional.

 

Instituciones educativas del Sagrado Corazón

 

Apreciando el trabajo que se ha realizado en muchos lugares para comunicar nuestra espiritualidad y filosofía de la educación y reconociendo que muchos de nuestros compañeros y compañeras están impulsando nuestra visión educadora, el Capítulo general pide al Consejo general:

  • que anime a las provincias y regiones a crear oportunidades para las RSCJ y compañeros y compañeras en nuestras instituciones educativas para expresar y profundizar nuestra espiritualidad y pedagogía como educadores del Sagrado Corazón,
  • que invite a nuestras instituciones educativas a seguir buscando formas creativas para dialogar, comunicarse, compartir recursos, y apoyarse en nuestra misión educadora.


Apoyamos su deseo de profundizar en la fuente de nuestra rica tradición y de avanzar juntos hacia el futuro.

 

Voluntariado Internacional

 

Para facilitar y fomentar los intercambios de voluntarios internacionales, pedimos que el Consejo general nombre una coordinadora que transmita le información a nivel internacional. Ella favorecerá la comunicación entre las rscj responsables de esos proyectos, con el objetivo de que haya correspondencia entre las condiciones de los países de acogida y las condiciones de los países que envían los voluntarios.