Ana Morales Pruneda rscj, Provincia de México - Nicaragua, área de Cuba

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Me resulta muy difícil decir quién soy. Lo más honesto es compartir que todavía lo estoy descubriendo y que a veces me doy sorpresas. Mi nombre es Ana María Teresa, pero me han llamado de todo: Teté, Ana Tere, Mariaté, Ana María, y hace ya unos 20 años que sólo soy Ana. Tercera de un clan de un var?n y cinco mujeres, he de decir que mis hermanas son también mis amigas, y mi hermano alguien muy especial y muy querido.

Sin duda mi espiritualidad es hija también  del cariño de mi madre y de la religiosidad de su familia -mi abuela, tres t?as religiosas y un t?o casi cura- un tanto sacrificial, quiz? hasta jansenista, pero también alimentadora de sentido. Y del amor de mi padre, en quien encontré una positiva imagen de padre: siempre disponible a mis peticiones, a veces c?mplice, que permit?a los desacuerdos, nada demandante, que f?cilmente pude m?s tarde aplicar a la de Dios, pero engrandecida.

Hace muy poco, compartiendo la mesa con hermanas mayores, nos preguntaban a  Mariola y a mi  qué nos hab?a atra?do de la Sociedad del Sagrado Coraz?n de Jes?s. Ella dijo algo as? como la espiritualidad o la importancia de la contemplaci?n. Yo respond? “darme cuenta de que esas monjas eran mujeres normales”. Luego me regañaba a mi misma: ¿C?mo pudiste evidenciar que eres tan mundana? Y revisando mi historia comprend? porqué. A mi el Señor me salv?; liber? mi ser por medio de mujeres concretas que viv?an el carisma heredado de Sof?a. Si ellas no me hubieran salido al encuentro en aquél momento de crisis, de sin sentido de la vida, o me habr?a quedado enana, esclava de mis miedos, inseguridades y constantes remordimientos, o habr?a sido muy santa, convencida de que mientras m?s dolores y frustraciones dejara llegar a mi vida y aceptara pasivamente, m?s cerca lograr?a estar del coraz?n de un ?dolo al que habr?a llamado dios.
No es que yo sea alta, apenas mido metro y medio, pero Dios y montones de sus “manos” humanas, especialmente hermanas rscj y niños y mujeres pobres, me han venido modelando y esponjando por dentro, tanto, que no podr?a pedir m?s. El coraz?n s? puedo decir que me lo han hecho grande a fuerza de habitarlo.

Nac? en México D.F. en 1963. En el 79 la familia nos trasladamos a Culiac?n, una ciudad costera, al norte del pa?s, y al año siguiente nos asentamos en Guadalajara, Jalisco, donde tengo mis ra?ces afectivas. Ah? estudié arquitectura en la universidad de los jesuitas, donde creo que comenz? a fraguarse mi opci?n por los pobres. Entré en la Sociedad en 1990 a los veintisiete años, vieja en comparaci?n con mis compañeras.

Hasta hace poco viv? conflictuada en el terreno apost?lico. Juraba que la Congregaci?n hab?a hecho una excepci?n conmigo al aceptarme sin tener el carisma educador. Después de terminar el noviciado hice de todo: catequesis infantil, pastoral juvenil, de j?venes banda (pandilleros), pastoral ind?gena, colaboraci?n en CEBs, trabajo con niños de la calle, maestra de adolescentes en un colegio nuestro, gu?a de CVX en la pastoral universitaria. Hab?a pasado por todo y me gustaba, pero no pod?a definir qué era “lo m?o”. Siempre con el gusanito de la atracci?n por la teolog?a, pero con el problema de: Ya eres arquitecta, ¿porqué mejor no estudias una maestr?a y te olvidas de la teolog?a?
Dos años antes de la probaci?n por fin pude trabajar desarrollando mi profesi?n dentro de la vida religiosa y en una ONG que promov?a el desarrollo rural. Trabajando en el mejoramiento de la vivienda campesina, fue la primera vez que sent? que pod?a ser todo a la vez: rscj, arquitecta, educadora y ponerme al servicio de los pobres.

Ped? hacer la experiencia internacional en Cuba, atra?da por el espejismo de una sociedad igualitaria que hab?a construido la revoluci?n, pero sabiendo por hermanas nuestras que la realidad del pa?s era de pobreza. Viv? ah? ocho meses de austeridades, pero feliz. Ese pueblo sufriente, genial, solidario y divertido me hab?a conquistado. La Revoluci?n me decepcion?; era –y sigue siendo- un sistema que en muchos sentidos paraliza el desarrollo de la persona y la sociedad; aunque le reconozco algunos aciertos.

La experiencia de la Probaci?n, puedo decir que me rompi? y me dio las bases para re-construirme m?s humana; ya no fincada sobre mi propia arena, sino sobre la roca firme del amor incondicional de Dios. Aunque todav?a me quedan ?reas apuntaladas, puedo ya ofrecer albergue y servicios.

Después de un intento frustrado de vivir en Nicaragua, volv? a México y pude –por fin- empezar a cumplir el sueño de estudiar teolog?a. También agradezco a la teolog?a que, adem?s de disfrutarla, aportara el acero y el hormig?n para la reconstrucci?n de mi vida; especialmente la del uruguayo Juan Luis Segundo y la experiencia de Dios de Cristina White rscj, a quien conoc? en sus poemas.

Yo no era, ni creo que llegue a serlo, de esas monjas, misioneras intrépidas que se lanzan a vivir fuera de su pa?s, movidas por el deseo de extender las fronteras del Reino. Regresé a Cuba por locura, movida por una necesidad que es mi pasi?n: seguir a Jes?s cada vez m?s de cerca, incluso quiz? hasta perseguirlo. Vine a buscarlo aqu?, porque lo he visto asom?ndose en la solidaridad de los pobres, en la paradoja de los tristes que, riéndose de su situaci?n, me alegran y me ayudan a relativizar mis angustias; en la dignidad de este pueblo que no juzga a las personas ni por su profesi?n, ni por su color de piel, ni por el barrio en el que viven; en la mirada contemplativa y creadora de su gente, que sabe descubrir en la basura, un tornillo oxidado que m?s tarde se convertir? en pieza clave para que funcione un ventilador.

Esto es lo que me da vida. Y escribir y hablar de ello, y contemplar al Artista transformando el barro humano en milagros cotidianos.


Ana Morales Pruneda rscj
Provincia de México – Nicaragua
Área de Cuba
tiempo de oración: 31 de diciembre: Apenas testigos