Carmen Margarita Fagot rscj, provincias de Puerto Rico-Haití y Cuba

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Soy tierra, agua, fuego, aire, minerales, fragilidad y posibilidad de plenitud. Nací en una tierra pequeña y hermosa: Puerto Rico. Esa tierra la llevo dentro. Crecí en una finca de caña de azúcar. Por el patio de nuestra casa pasaba un canal de riego con agua que venía del río. Ahí jugaba y me hermanaba con la naturaleza cubriéndome con el lodo que se hacía con el agua que corría. El fuego era experiencia casi diaria cada año cuando quemaban el cañaveral. A veces teníamos que salir de la casa por el peligro de que el fuego arropara la casa. Otras cuando era provocado, como parte del corte de caña, la altura de las llamas, su chisporroteo, el sentir su calor y sus colores me hechizaban. Allí en el campo gozaba corriendo por el cañaveral, en la época de zafra, y sintiendo el aire y me maravillaba cómo volaban nuestras cometas de papel hechas en casa.

Desde mi adolescencia sentí el deseo de ser misionera e ir a tierras lejanas. Me fascinó el carisma de Sofía Barat, la hija del fuego, y entré a la Sociedad del Sagrado Corazón en el 1970. Quería descubrir y manifestar el amor de Jesús al mundo. Hice el noviciado en México. Aprendí a orar y a ser hermana.

Viví en un barrio de México (Distrito Federal), y desde entonces el deseo de servir a los pobres se liberó en mí como el fuego. Allí el Alfarero empezó a darle una nueva forma a mi barro.

Regresé a Puerto Rico después de tres años y al volver redescubrí mi tierra viviendo en algunas comunidades de inserción en distintos lugares de la isla. Estudié Psicología Social Comunitaria. Caminé junto a pequeñas comunidades en la lectura popular de la Biblia, y trabajé con jóvenes, En el proceso de organización comunitaria compartimos con un grupo de mujeres el trabajo en una pequeña empresa comunitaria. El colaborar con ellas fue una riqueza.

La Conferencia de Religiosos/as de Puerto Rico me invitó a colaborar en la organización y acompañamiento de CRIMPO (Comunidades insertas en medios populares): Experiencia que me permitió conocer y compartir más de cerca la vida religiosa inserta de Puerto Rico y de América latina y Caribe. Un regalazo de Dios. Fue en los años 80. Tuve la oportunidad de compartir con religiosos/as que se estaban jugando la vida en ese momento por el Evangelio y por la defensa de los derechos de los pobres. Esto tocó y siguió moldeando mi vida. En el 94 participé en el Centro de Espiritualidad de los S.J, en Guatemala, en un taller de formación para formadores/as. Fue una experiencia rica y profunda.

 

Al regresar a Puerto Rico me pidieron el servicio de provincial, y fue entonces cuando conocí de cerca la realidad de Haití. Como la viuda del Evangelio dimos de los que teníamos para vivir y con el apoyo de las Provincias de Canadá, Estados Unidos, México y Cuba nos arriesgamos a comenzar una pequeña comunidad en Verrettes.

 

Presté el servicio de Presidenta de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religioso/as) durante 2000-2003. Durante esos años junto a una Presidencia hermana, un grupo de teólogos comprometidos, y una Junta Directiva muy entusiasta, animamos con gran cariño el proceso de refundación de la vida religiosa de América latina y el Caribe, llamado el CAMINO de EMAÚS En el contacto con la realidad latinoamericana y caribeña intuimos que la Vida Religiosa para ser creíble hoy en el continente tenía que recuperar el ser Mística y Profética.

 

  

Después empecé a estudiar la teología. Comencé un proyecto de investigación sobre corporeidad y vida religiosa, estuve en Haití unos meses y después me pidieron el servicio de superiora del área de Cuba donde estuve tres años. Cuba ha sido para mí lugar del Espíritu.

Terminar la tesis en teología quedará como tarea pendiente. El deseo de profundizar sobre el tema de la corporeidad, nuestra interconexión con todos y con el cosmos y nuestra vivencia de los votos continúa latente. Este deseo que sigue dentro, me remite a aquellas experiencias donde sentía ser parte del cielo azul, de las nubes, de las estrellas en la noche al contemplar el cielo estrellado en la oscuridad.

 

Cuando toco las diferentes realidades en esta vida itinerante actual, siento que ese camino comenzado me hace más humana, más hermana, más universal. Sigo siendo tierra, agua, fuego, aire, minerales, fragilidad. Vivo agradecida a Dios pues llevo naturaleza y tantos rostros dentro, en el corazón… que me hacen saborear la posibilidad de plenitud.

Mayo del 2010, visitando a RSCJ en Corea.

Carmen Margarita Fagot Bigas, rscj
Provincias de Puerto Rico-Haití y de Cuba.

Leer su bibliografía.

Leer una de sus reflexiones teológicas: "Acoger la vida como Misterio… Relectura de una experiencia".