Elysée Masala-Nzau rscj, provincia de la Republica Democrática del Congo

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Me llamo Elisabeth Masala-Nzau. Mi padre quería llamarme Philippine, pero me llaman Elysée. Tengo 44 años. Soy religiosa del Sagrado Corazón desde hace veinte años.

Procedo de la provincia de la Republica Democrática del Congo, y estoy en misión en el Chad, desde septiembre del 2007. Ya había estado en el Chad en Septiembre de 1997, en Bongor, para mi experiencia internacional.

Ahora vivo en Atrone, en una comunidad cercana al Liceo del Sagrado Corazón de N’Njamena, donde ayudo en la dirección de la escuela, como directora adjunta.

Procedo de una familia protestante. Mi padre  no era practicante, pero fue convertido por mi madre al protestantismo y hasta su muerte fue un cristiano convencido y convincente. Aprendí  la importancia de la oración en mi familia protestante. A los 18 años me convertí al catolicismo, mientras me preparaba para mi entrada en la vida religiosa. Por eso no es de extrañar que mi madrina fuera una religiosa del Sagrado Corazón.

Sentí la llamada de Dios a los catorce años. En aquel momento, no entendí bien lo que me estaba pasando. Pero en el fondo de mi ser, vivía inconscientemente mi llamada. Cuando veía a las religiosas o durante las ceremonias de votos, sentía que mi corazón ardía del deseo de consagrarme a Dios. Un buen día, dije en alta voz que quería ser religiosa, aunque no  sabía bien lo que esto significaba. La reacción categórica  de mi padre no se hizo esperar. Me dijo con un tono cortante: “¡Ni hablar!”. Yo sabía bien lo que quería decir. “Este tema no se toca”. Dios seguía trabajando en el fondo de mi corazón, pero yo  no quería que la gente lo supiera. Quería vivir mi vida como cualquier otra joven de mi edad.

 
Clausura de la semana de la unidad.

No se nos permitía tomar una decisión sobre nuestras vidas hasta después de los  18 años.  Mi padre consideraba que, antes de esta edad, no estábamos bastante maduros. Por este motivo,  todos éramos protestantes como él. Al día siguiente de cumplir  18 años, en el momento en que me presentaba para el bachillerato, decidí  hablar con mi padre de mi decisión de consagrarme al Señor. Nunca olvidaré este instante de mi vida. Tuve que esperar diez minutos. Como él no reaccionaba, pensé que no me había entendido. Pero cuando iba a repetirle mi propuesta, reaccionó. Estaba contrariado, pero, al mismo tiempo, no quería tomar una decisión en mi lugar: no quería que, cuando él muriera, yo lamentara una mala decisión sobre mí, tomada por él. Esta reacción me reconfortó y esperé varios meses, hasta  después de tener mis resultados del bachillerato, para contactar  con alguna congregación.

Alumnos del último curso muestran la escuela a los nuevos de 6°. Enfrente: hacen visitar el colegio a una niña ciega.

Empecé por ponerme en contacto con una congregación diocesana, pero en seguida me di cuenta de que yo quería darme al Señor con una dimensión más amplia. Quedarme siempre en mi país me parecía muy estrecho. Es la razón por la que elegí una congregación internacional. Mi tía religiosa me habló de las religiosas del Sagrado Corazón porque conocía a una novicia rscj que había pasado una temporada con su congregación. No dudé en ponerme en contacto con ellas. Pidieron información sobre mí en el barrio donde yo vivía, y luego aceptaron que trabajara un año junto a las hermanas, para conocernos mutuamente.

Al año siguiente, empecé mi vida con las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Después de un año de trabajo, un año de postulante y tres años de noviciado, pronuncié los primeros votos el 20 de agosto de 1989. Un largo tiempo de formación sembrado de espinas y de rosas me preparó a los votos perpetuos. Y el 10 de enero de 1999, hice la profesión en Roma. Sí,  Dios escribe derecho con renglones torcidos.

Mi experiencia internacional no me dejó indiferente frente a las necesidades del Chad, a pesar  de que  dentro de mí nada me impulsaba a volver a aquel país. Una de las necesidades  era la dirección del Liceo, que era ya un problema cuando hice allí mi experiencia internacional, y fue la misma necesidad la que me hizo volver la Chad.

El Chad es un país con mayoría musulmana. El trabajo que se hace desde de la Iglesia Católica es el acercamiento islamo-cristiano. En el Liceo, lo hemos convertido en nuestra acción prioritaria: luchar por el encaje de unos con otros. Educar a los alumnos y alumnas a considerarse ante todo como hermanos y hermanas. Y esta batalla es cotidiana.

Clausura de la semana de la unidad.
Elisea está al fondo a la derecha.

A veces me digo  que la región del Chad es una especie de resumen de la Sociedad del Sagrado Corazón, o la Sociedad en miniatura.Vivir aquí es gustar la riqueza de la internacionalidad y afrontar sus retos. La diversidad de nuestros orígenes se deja sentir a menudo cuando tenemos encuentros de reflexión sobre  diversos temas. En el campo de la formación, el desafío de la Sociedad es la inculturación, a causa  de la penuria de vocaciones chadianas.

Como rscj congoleña que  vive en el Chad, me siento ante todo africana y a veces tengo la impresión de acoger en mi casa  a las RSCJ de otros continentes. Pero otras muchas veces pierdo la ilusión de esta impresión frente a un pueblo que habla lenguas y tiene modos  de vivir diferentes del mío.

Dios continúa escribiendo derecho con mis renglones torcidos…

Elisabeth Masala-Nzau rscj
Provincia de la Republica Democrática del Congo

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