Paola Paoli rscj, provincia de Italia

Atención, se abre en una ventana nueva. ImprimirCorreo electrónico


Con amigos y comunidad en Miano, Nápoles
Paola en su trabajo social
Paola con Kim Young-Ae y Chabe García en Nápoles
El día de la profesión perpetua, 27 de mayo 2007

Soy la segunda de dos hijas de una familia bastante indiferente a temas religiosos. Sin embargo  he sentido siempre dentro de mí un deseo de ayudar en la construcción de un mundo mejor y de compartir con los más desfavorecidos. Por lo tanto en cuando terminé la escuela obligatoria, decidí ponerme a trabajar y ser una más entre los trabajadores. Participaba en los sindicatos de la fábrica y no había manifestación o huelga a la que no asistiera. Fueron unos años hermosos e intensos en los que luchábamos juntos compartiendo valores e ideales. Con el paso del tiempo comencé a sentirme cansada y vacía interiormente.

Como resultado de la enfermedad de mi padre visité mucho los hospitales y comencé a apasionarme por el trabajo de los hospitales y decidí  retomar los estudios y hacer enfermería. Pensé que esta profesión y manera de ayudar a los otros podía ser una manera de llenar mi vacío interior, que en los años aumentaba.

Para hacer los estudios tuve que cambiar de ciudad y de amistades y entre las nuevas personas que conocí  había gente  muy comprometida con la Iglesia.

Empecé una época de  preguntas, dudas, inquietudes… sobre el tema religioso que me atraían  y asustaban, al mismo tiempo. Aconsejada por una amiga muy querida decidí  pasar unos días en una ermita en Umbría (en  Gubbio, cerca de Asís y no lejos de mi casa) lejos de todos y cerca de Dios.

Fueron para mí días muy hermosos  de oración,  silencio y e naturaleza, donde encontré al Señor y sentí en mí el deseo de seguirlo. Pienso que en mí, la conversión y la vocación han sido en un único momento.

Cuando el Señor entró en mi vida comprendí que mi conversión solo tendría sentido  con una entrega  total de mi vida al Señor

El camino hacia La Sociedad del Sagrado Corazón era todavía largo pero siempre he tenido a mi lado acompañantes que me han ayudado a nivel espiritual. Por entonces ya era enfermera y trabajaba pero dejé todo para pasar un tiempo de ermitaña. Después de unos meses que me cambiaron la vida, empujada también por las noticias de las dificultades que estaba pasando  Italia, decidí  bajar “de la montaña”. No quise regresar a mi familia y a mi vida anterior pero tenía necesitad de trabajar y queriendo también hacer una experiencia de compartir con los más pobres decidí  trabajar como campesina recogiendo tabaco. Era un trabajo muy duro donde tenía que estar doblada bajo el peso del día y del sol desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la tarde, con un pequeño descanso para comer.

Mis compañeros de trabajo eran hombres africanos o mujeres italianas muy pobres que cuando regresaban a las familias después de un día de trabajo muy duro, tenían que empezar a trabajar en sus casas y levantarse a la madrugada para dejar la comida hecha a su marido e hijos.

Esas mujeres, enfadadas con Dios y con la vida, muchas veces se expresaban  con malas palabras pero tenían también capacitad de querer y de ayudarse recíprocamente con mucha gratuitad. Allí empecé a aprender que el Señor mira el corazón y no las palabras y a dar menos importancia al exterior.

Con el tiempo se crearon  relaciones hondas y conociendo un poco de mi camino interior  empezaron a querer  rezar juntas revelando así una gran necesitad de Dios. Allí nació una sensibilidad concreta en mi vocación, o sea la de ser testimonio del Rostro del Amor de Dios para las personas que tienen de Dios que no es la de un Dios amor y que muchas veces tienen necesitad de alguien que manifieste a ese Dios estando cerca de ellos/as.

Después he tenido otras experiencias hasta al día que decidí hacer los Ejercicios espirituales con un jesuita muy amigo de las religiosa del Sagrado Corazón  y con él llegué a Villa Lante!

Por casualidad leí los escritos del Capitulo del '94 que acababa de terminar. Me afectó mucho y cuando leí “La dimensión eucarística de la nuestra espiritualidad” pensé que finalmente había encontrado lo que desde hacía tiempo estaba buscando o sea la posibilidad  de unir una fuerte dimensión contemplativa con un fuerte compromiso social. Entré como postulante en enero de 1995.

Los primeros años han sido difíciles por la enfermedad  y muerte de mis padres pero con el ayuda de Dios y de las personas que El puso a mi lado pude seguir adelante. En estos años, con alegría y sufrimiento, he trabajado en contextos de marginación extrema con transeúntes, mujeres obligadas a prostituirse, drogadictos, enfermos de SIDA y también con niños y niñas víctimas de abusos sexuales… A veces no ha sido fácil llevar el peso de tantos sufrimientos y he vivido el sentido de impotencia, de inutilidad…

Los estudios de Educación Social hechos durante el tiempo de joven profesa me ayudan a manejar unas situaciones.

Yo creo que en cada contexto y con cada persona podemos y es necesario e importante vivir el carisma de la Sociedad: “Descubrir y manifestar el amor” pero pienso que es todavía más necesario en algunos contextos y situaciones. He tenido la experiencia de que para mi es más facil descubrir y manifestar el Amor allá donde aparentemente está menos visible, en la marginación, en el  sufrimiento. En esos años me he dado cuenta que he cambiado en mi manera de comprender y vivir la contemplación: antes pensaba que se podía contemplar a Dios solo en el  silencio, en la naturaleza, en las cosa bellas...ahora lo contemplo sobretodo en las personas.

Lo que vivo se expresa bien en la imagen del lavatorio de los pies de Sieger Koeder, en esa imagen el Rostro de Jesús se ve solamente porque está reflejado en el agua sucia con la cual se lavan los pies.  En los últimos años he estado cerca de personas que tienen vidas donde es difícil ver la presencia de Dios pero esa mismas vidas, muchas veces derrochadas, son el agua sucia donde Jesús se refleja y lo puedo ver si mi vida está “fundada en  la oración y la vida interior”

Después de un tiempo lleno de bendiciones, en Chile y en la Probación, he regresado a Italia, a Napoli y he cambiado de trabajo. Actualmente trabajo en un hogar que acoge mujeres extranjeras victimas de violencia.

Mientras estoy escribiendo,  en la casa tenemos 6 mujeres y dos niños: dos  de Nigeria que estaban obligadas a prostituirse (una tiene un hijo de tres meses), una chica de  de 20 años de Sri Lanka violada por su padre y encerrada en la casa  los últimos 5 años, dos  refugiadas políticas, una de Togo y la otra de Burkina Faso, una mujer polaca con un hijo de 6 años y que está embarazada de 8 meses de un niño que no quiere porqué es fruto de una violación. Antes, hemos tenido también una cubana, una de Marruecos, una de Albania e una Ucraina. Mujeres muy diferentes entre ellas por raza, religión, edades y problemas. Lo que les ofrecemos  no es solamente una cama y comida sino que también les hacemos a cada una  proyectos educativos personalizados que les den  la posibilidad de lograr una vida autónoma. Al mismo tiempo les ayudamos a aprender el italiano, buscamos su legalización en el país (permiso de residencia, asistencia medica…)

En todo eso estoy al lado de ellas desde una relación profesional y sobre todo de hermana que quiere ayudarlas también a comprender que hay un Dios (desde la manera de pensar y rezar de cada una), que  las quiere con Amor infinito.

Paola Paoli rscj
provincia de Italia