Shanti rscj, provincia de India
Shanti
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Cuando echo una mirada a mi itinerario espiritual veo claramente algunos elementos que son como la trama de un proceso de crecimiento y profundización. Mi crecimiento espiritual está en conexión profunda con mi propia identidad. Cuantos más aspectos distintos de mi misma voy descubriendo, mi identidad: ser India, mujer, rscj, mi espiritualidad de va haciendo más profunda e inclusiva. Habiendo sido educada en una familia católica tradicional, siempre he tenido conciencia de mí misma como cristiana, pero los otros aspectos no eran parte tan activa de mi conciencia.
Considero la relación un elemento importante de mi espiritualidad. Mi relación con Dios fue tomando forma según las relaciones vividas en mi familia con mis padres y hermanas. El amor que nos unía fue la experiencia fundamental de todas mis otras relaciones.
He recibido también influencias profundas de personas, acontecimientos, situaciones, entorno, que han formado parte de mi vida en mis distintas etapas.
Vengo de un hogar profundamente religioso. La oración era una parte de nuestra vida en común. Dios era un miembro de la familia. Mis padres se referían a Dios para todo, hablaban de Dios entre ellos y con nosotros. He crecido con la seguridad de que hay un Dios que me ama y se preocupa de mí.
En mi segundo año de noviciado hubo un cambio radical en la formación: programa, personal, estilo de vida, lugar etc. Por primera vez fue nombrada Maestra de Novicias una rscj india. A la vez, la Iglesia India se abría al conocimiento de las riquezas espirituales de nuestra cultura procedentes del Hinduismo. La Sociedad se abrió también a ello y nuestra Maestra de Novicias, Vandana Mataji, estaba en primera línea en este movimiento pionero. Y nosotras, sus novicias, fuimos el primer grupo dispuesto para nuevas experiencias. Empezamos a conocer el Yoga, bhajans (himnos religiosos compuestos por santos hombres y mujeres no cristianos), Nam jap, repetición del nombre de Dios. Nos llevaron a visitar templos Hindúes, nos animaron a participar en festivales y peregrinaciones hindúes. Fue un tiempo de experimentación y la mayoría de nosotras la disfrutaron ampliamente. Todas veníamos de familias católicas muy tradicionales y encontramos gran interés en estos nuevos puntos de vista.
En una de esas peregrinaciones, en las que hay tanta espontaneidad en el canto, la danza, la expresión de la devoción y de la alegría, tuve una profunda experiencia de la presencia tangible de Dios. Sentí que mi corazón era tocado y se abría a un Dios que es amor, que es libre y quiere que yo sea libre y ame con todo mi ser, cuerpo, mente y espíritu. Esto me puso más cerca de Jesús y me llevó a desear entender sus disposiciones interiores. A partir de entonces, sentí que me había transformado en una bhakta, una devota del Señor Jesús. Esta experiencia me puso también en contacto con lo más hondo de mis raíces indias. Me sentí parte de la tradición espiritual de mi país. De algún modo esta experiencia interior me dio un sentido de cuerpo con las otras bhaktas o devotas hindúes. Me sentí bien empleando sus oraciones y cantos para rezar a mi Jesús. Aunque adoremos a Dios bajo distintos nombres y con distintas formas, me sentí una con ellos; fue como si algo en mí se hubiera abierto, ensanchado y profundizado. Me sentí enriquecida por los Libros Sagrados del Hinduismo, especialmente los Upanishads y el Bhagvad Gita que a veces utilizamos para nuestra oración.
Un año después de mis votos, formé parte del grupo que comenzó un Ashram con Vandana Mataji como Acharya o maestra. Fue un centro experimental donde intentamos vivir la vida religiosa con valores de la ética India: sencillez de vida, vegetarianismo, varias horas de meditación, práctica del Yoga, compartir la propia espiritualidad con personas de otros credos, un diálogo interreligioso vivido y una hospitalidad de casa abierta. Aquellos tres años hicieron más profundo mi primer entusiasmo, y todos los seminarios que tuvimos en nuestro Ashram tuvieron como punto central el aprender a relacionarnos y adorar a Dios según la ética india. Me sentía en las aguas apropiadas y nadaba libremente en ellas. La espiritualidad con sus centros de unidad e interioridad fue para mí una concreción del aspecto contemplativo de nuestra espiritualidad de rscj.
Mis años posteriores fueron años de integración y profundización de mis experiencias anteriores, principalmente por medio de la toma de conciencia. Siento la presencia de Dios empapando todos los detalles de mi vida. Dios Padre y Madre son responsables y se ocupan de cada detalle de mi vida. A menudo me siento abrumada por la suavidad y delicadeza del modo de actuar de Dios en mi vida. Me siento llena de un profundo sentido de agradecimiento. Estoy agradecida a la llamada de la Sociedad a contemplar el Corazón de Cristo en el corazón traspasado de la Humanidad. Porque considero la Espiritualidad de la Sociedad como la Espiritualidad del Corazón abierto, un corazón abierto a Dios y al mundo, el Corazón abierto de Dios que me llama a abrir mi corazón a amar a todos, dispuesto a ser traspasado en el proceso de dar vida. La oración y la vida interior siguen siendo los puntos de apoyo esenciales para vivir nuestra espiritualidad en el mundo de hoy. Así seremos verdaderas Religiosas de su Corazón.
Mirando hacia atrás me siento llena de una profunda gratitud a la apertura de la Sociedad que nos permite reflexionar y expresar nuestra espiritualidad de un modo personal propio, lo que aumenta la riqueza del modo de experimentar la espiritualidad del Sagrado Corazón. El Espíritu sopla donde quiere y como quiere, y esta apertura de la Sociedad es para mí el signo de la apertura al Espíritu. Porque después de todo, la espiritualidad alimenta la vida y la espiritualidad se vive en la vida, hecha concreción y experiencia por nuestras opciones, relaciones, decisiones y valores.
Shanti (Isabel Fernandes rscj)
Provincia de India

