Margarita Hurtado rscj, provincia de Chile

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Cristina y Margarita Hurtado

La familia Hurtado. Margarita es la segunda a la izquierda.

Me piden que escriba mi perfil, y aquí trato de contar lo que creo más significativo en mi vida, ya bastante larga. Soy la quinta de 8 hermanos de una familia profundamente cristiana en que florecieron muchas vocaciones religiosas y sacerdotales. Agradezco al Señor el ambiente en el cual crecí.

Hay una hecho de mi infancia que siento me ha marcado y se ha convertido en llamado y simbolismo de la experiencia de Dios. Tenía 5 años, cuando en un fuerte temblor de tierra, me sacaron de la cama llevándome hasta la calle. Asustada, no lograba entender que sucedía: recuerdo el ruido apacible del mar y al levantar los ojos, siempre buscando eso tan terrible, vi un cielo maravillosamente estrellado y me quedé enamorada para siempre. A los 12 años dije a mi mamá que yo sería astrónoma. Pero otros eran los caminos del Señor para mí y al crecer en la vida cristiana el cielo estrellado fue para mí una continua experiencia de Dios.

Me eduqué en el Sagrado Corazón, al cual tomé enseguida gran cariño a pesar que mi conducta no era nada buena: Sólo a los 16 años sentí lo que al principio me pareció un incómodo llamado a la vida religiosa. En una ocasión tuvimos en el colegio, sin previo aviso, un día de retiro con un Obispo que tenía gran cariño a la Congregación. Me pareció mal y estuve todo el día de mal humor; sin embargo me fui a confesar, sólo por no ir después con mi madre a hacerlo. Interrogada insistentemente por el Obispo, le dije que tenía vocación pero. “que no pensaba en ser monja”. Él me dijo que eso era asunto mío y que a lo mejor ni tenía vocación. Con mi espíritu de contradicción me dije al salir del confesionario: “sí, tengo vocación”. Y tuve una sensación difícil de explicar, como de una gran luz e intensa alegría. Sólo al año siguiente lo dije a mi maestra de clase y luego en casa. Me hicieron esperar un poco y viajar, período en que sentí un fuerte atractivo por un joven que me solicitaba, pero no dudé en cuál era mi camino, entrando a los 18 años al Sagrado Corazón.

El noviciado no me fue fácil a causa de mi carácter independiente, en cambio gocé el período de Joven Profesa (profesa de votos temporales) muy interesada por el trabajo del colegio. Antes de la probación (tiempo de preparación para los votos perpetuos) tuve 6 meses de estudio en España, que me fue gran riqueza; pero además tuve una gracia también  difícil de describir: un día en la Capilla, como si todo fuera más luminoso a través de los vitrales, se me iluminó el sentido de Iglesia, que ha sido muy motivador en mi vida. Con inmensa alegría fui a la probación, donde fui secretaria de María Josefa Bultó (Superiora General 1967-1970), quien ha marcado mi vida. Insistió con la provincial que me dejara estudiando teología en Roma, lo cual ha sido una etapa decisiva en mi vida espiritual.

Al volver a Chile empecé muy pronto a tener responsabilidades: directora de nuestro colegio de Apoquindo durante 9 años, y pertenencia al Consejo de gobierno .Tuve la gracia inmensa de participar como delegada de base al Capítulo 70. En este mismo año, haciendo unos días de retiro sobre las bienaventuranzas, sentí un fuerte llamado en la de los pobres, que me llevó a profundizar en él durante muchos años. Sin duda el Señor me preparó así a lo que venía. El período como directora de colegio terminó bruscamente con la dictadura militar en 1973: apoderados del colegio nos denunciaron como  “socialistas”, por el enfoque social que estábamos dando al colegio a partir del Concilio y la Conferencia de Obispos latino americanos de Medellín. Nos allanaron de noche nuestro domicilio particular, las nuevas autoridades educacionales intervenían a la menor decisión que se quería tomar. Por consejo del Cardenal Raúl Silva Henríquez nos retiramos sin terminar el año. Pero el Consejo provincial tomó la decisión de no volver al año siguiente y se entregó el colegio al Arzobispado en comodato. Al cabo de 30 años, estamos volviendo a tener en él una presencia, con gran alegría mutua.

Empezó entonces mi etapa de inserción entre los pobres y trabajé varios años en educación fiscal, además de tener trabajo pastoral. Los dos primeros años no fueron fáciles. La segunda inserción fue, en cambio, muy gratificante: era una diócesis muy comprometida con la justicia. Terminó, con gran pena de mi parte, al pedirme el servicio de provincial. De estos 6 años guardo un recuerdo positivo, tanto por la vivencia de la Sociedad en la cual trabajé en la Comisión de Constituciones y pude participar en el Capítulo de 1982, como  por la alegría de dar cariño a mis hermanas en la provincia.

En el primer año de vuelta a la inserción de la cual había salido para ser provincial, se me pidió integrar el equipo de reciclaje en Lima. Al volver a Chile me encontré la novedad que se me pedía formar parte del equipo de probación en Roma. Experimenté una terrible desolación, pero después de mucho rezar, pude aceptar, hasta con alegría. Pero no me fue fácil: creo estoy mejor dotada para el trabajo pastoral e inserción que para formación, que es más hacia dentro. Mi desolación fue una intuición de que me sería difícil, y a los dos años pedí volver a la provincia.En 1996 se me pidió ser superiora de nuestra casa de mayores en Santiago, pero a los dos años me necesitaron de nuevo en inserciones, hasta que en 2005 la superiora provincial me pidió ser superiora de nuestra segunda casa de mayores, donde actualmente estoy, Villa Alemana. Las dos veces he aceptado con alegría porque le veo mucho sentido a estas comunidades donde considero se vive la etapa más decisiva de la vida.He tenido aún dos gracias muy grandes: un retiro de 30 días acompañada por Concha Camacho (Superiora General de 1970 a 1976), que estaba entonces en Chile y me preparó a mi gozosa renovación de los 50 años, y un viaje a Roma, enviada por la provincia como representante a la canonización de San Alberto Hurtado S.J.: fui en mi calidad de sobrina y por la influencia que él tuvo en mi vocación religiosa.

Si con las estrellas he experimentado a Dios en la belleza, en la Biblia he vivido el gozo de su Palabra. Ya de postulante, motivada por el oficio empecé a leer todos los salmos. Seguí de novicia recorriendo una y otra vez el N.T., la Biblia completa no estaba entonces a nuestro uso personal. Al quedarme en Roma a estudiar teología tuve “mi Biblia” y empecé una lectura que nunca he terminado. Hice la tesis en teología bíblica, frecuentando por este motivo muchas bibliotecas. Al volver a Chile ha procurado participar en todos los cursos bíblicos que podía conciliar con mi trabajo y he leído incesantemente artículos y comentarios bíblicos.

Desde mi segundo lugar de inserción empecé a tener pastoral bíblica: cursos, talleres, charlas… la preparación de estas actividades supone otra fuente de profundización. Es curioso que, ahora que ya no soy joven, estoy teniendo más actividades bíblicas que nunca.

Pero es sobre todo la lectura asidua la que me ha dado un gran conocimiento del texto bíblico que es mi gran riqueza. Actualmente leo cada noche sentada en la cama recorriendo toda la Biblia una y otra vez, cotejando textos, subrayando… lo recomiendo a quien quiera hacerlo.

Realmente puedo decir que cada día “el Señor abre mi oído para escucharlo como los discípulos y me ha dado lengua dócil para comunicar su Palabra” Cf. Isaías 50,4 – 5).

Margarita Hurtado rscj
Provincia de Chile