Ceremonia de Profesión

Roma, Villa Lante, 20 de junio de 2004

Ceremonia de professión | Conferencia a las probanistas

Probación del Corazón compasivo de Jesús

Clockwise from top left:Teresa Ryden ( ENW) pronounces her vows; Teresa Ryden (ENW), Monica Esquivel (MXN), Namkung, Young Mi (KOR), Venizia Fernandes (IND); the Chapel; Jane Franbces Nabulya (UGK), Kirti Bhuinyan (IND), Chang, Kyong Ah (KOR), Choi, Il Sim (KOR), Lynette Toohey (ANZ); RSCJ from India offer the traditional aarti.

“Por tu cruz y resurrección
nos has liberado Señor”
¡Tú eres el Salvador del mundo!

Lynette Toohey Australia/New Zealand
Teresa Ryden England/Wales
Kirti Bhuinyan India
Venizia Fernandes India
Chang, Kyong Ah Korea
Choi, Il Sim Korea
Namkung, Young Mi Korea
Mónica Esquivel México/Nicaragua
Jane Frances Nabulya Uganda/Kenya

Clockwise from top left: Sisters from Africa lead the offertory procession; Monica Esquivel ( MXN) es recibida en la Sociedad del Sagrado Corazón por Clare Pratt, Superiora General; Chang, Kyong Ah (KOR) is sent on mission by Clare Pratt; Jane Frances Nabulya (UGK) receives her ring from the Superior General.

Conferencia a las probanistas

Hoy nos reunimos en víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, esperando la celebración de esta fiesta mañana, la del Inmaculado Corazón de María el Sábado, y su fiesta especial el Domingo, día de su profesión. Para todas nosotras el Domingo es más que “el duodécimo Domingo del Tiempo Ordinario”! No podrían haber tenido una mejor preparación que estos tres días de oración y celebración juntas. Es un modo muy apropiado de terminar estos meses de probación que han sido tan significativos para ustedes.

En la Conferencia de Apertura les sugería que las dos parábolas del Reino del evangelio de Marcos, la de la semilla que misteriosamente germina y crece, y la del grano de mostaza, eran modos maravillosos de describir el proceso de la probación, y les invité a mirar la probación como un tiempo para alimentar el crecimiento de la semilla. Cada una ha crecido y han crecido juntas. El proceso personal de ninguna no hubiese sido el mismo sin haber vivido en esta comunidad. Cada una ha sido un regalo para la otra y han creado unos lazos que continuarán estrechándose conforme vayan encontrando modos para permanecer unidas, a pesar de las grandes distancias geográficas que las separen.

Nosotras, las del Consejo General hemos tenido la oportunidad de conocerlas como grupo e individualmente. Me pregunto si se imaginan cuán conmovedor y enriquecedor es escuchar las experiencias de cada una contadas con confianza y sencillez! Cuando vine a la probación con Marisa después de su retiro tuve, una y otra vez, la sensación de querer descalzarme porque sabía que estaba en Tierra Sagrada. Su apertura, sentido de responsabilidad sobre sus vidas, su valoración de nuestra internacionalidad, y el sentido de pertenencia al cuerpo de la Sociedad, su habilidad para dejar caer pequeñas tensiones de la vida de comunidad, su gratitud, se descubrían en todo lo que compartían. Sus experiencias conjuntas de Sofía en Francia y su presencia aquí, de Francisco y Clara que nos desafían a vivir una pobreza liberadora y de la exposición conmovedora de la Pietá, permanecerán en sus corazones cuando rememoren una y otra vez la experiencia de la probación.

La antigua tradición de la Sociedad de dar a cada probación un nombre y una “divisa” es muy apreciada. No he visto el nombre y la divisa de cada probación desde los primeros tiempos de la Sociedad, pero tengo una lista desde el año1962. ¡Ustedes serán la 70ª Probación de esa lista!. Algunas veces acontecimientos del mundo, de la Iglesia o de la Sociedad han influido en el nombre. Por ejemplo, el nombre de mi probación, en el año 1967, justo después del Vaticano II, es el título del documento de Vida Religiosa “Caridad Perfecta”, (Perfectae Charitatis) y la divisa es una frase del documento. En el 2000, año del Bicentenario de la Sociedad, el nombre de la probación fue “Ser en la tierra el Corazón de Dios”, que fue el lema de nuestro año de preparación. Aunque hay algunas repeticiones de nombre o de divisa, con una excepción no hay dos probaciones que las tengan idénticas. Puedo asegurarles que su nombre y divisa son únicos, que recogen tanto su identidad como grupo, como las gracias que cada una ha recibido.

A pesar de lo diferentes que son, hay ciertos elementos comunes en su experiencia, tanto antes de venir a Roma como durante la probación. Cuando rezaba con lo que cada una me había compartido, el nombre y la divisa me surgió fácilmente. Primero el nombre. Tengo la alegría de “bautizarlas”como la probación de

El Corazón compasivo de Jesús

Su divisa está tomada de la liturgia eucarística. Es una de las aclamaciones después de la comunión, y me gusta considerarla como una especie de “mantra”. El sacerdote dice: “Este es el Sacramento de nuestra fe”(Cristo se entregó por nosotros) y respondemos:

“Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor
¡Tú eres el Salvador del mundo!”

Reflexionemos primero la divisa. Se parece un poco a la respuesta de Pedro a Jesús en la lectura del evangelio de su profesión. “¿Quién dices que soy?. Pedro responde “el Mesías de Dios”… (Luc. 9, 20) el “Salvador del mundo”. Jesús entonces les anunció su sufrimiento, su aflicción, su muerte y resurrección. Pero Pedro y los otros discípulos no podían comprenderlo. Nosotras tenemos la ventaja de haber aprendido y creído toda la historia. Sabemos que Jesús murió. Creemos que resucitó. Creemos que a través de este misterio de vida y muerte hemos sido salvadas. Nosotras y nuestro mundo estamos salvados. Hemos sido renovados. Hemos sido hechos uno.

“Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor
¡Tú eres el Salvador del mundo!”

¿Y qué hay en el corazón de este acto de liberación, de este don de salvación? El incomprensible amor de Dios por nosotros. Un amor gratuito, un amor que no tenemos que luchar para merecerlo sino que nos acepta tal y como somos. Un amor inagotable, como un torrente de agua que nunca se secará. Un amor que tomó nuestra carne y sangre, nuestras debilidades y vulnerabilidad, nuestra impotencia ante la muerte. La segunda lectura de la liturgia de su profesión nos invita a entrar en este misterio:

El, que era de condición divina
no se aferró celoso a su igualdad con Dios.
Sino que se aniquiló a sí mismo
tomando la condición de esclavo,
y llegó a ser semejante a los hombres.
Habiéndose comportado como hombre, se humilló
obedeciendo hasta la muerte,
y muerte en una cruz.
Por eso Dios lo engrandeció
y le concedió un nombre
que está sobre todo otro nombre.
Para que ante el nombre de Jesús
todos se arrodillen en los cielos,
en la tierra y entre los muertos.
Y que toda lengua proclame
que Cristo Jesús es el Señor,
para la gloria de Dios Padre.
(Filip. 2, 6-11)


“Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor
¡Tú eres el Salvador del mundo!”

Vivimos en un mundo herido, y la cruz no les es extraña. La experiencia de cada una es diferente, pero como grupo han sido tocadas por la enfermedad, la muerte, separaciones de diversos modos, pobreza material, inseguridad, fracasos, sentimientos de inferioridad, ansiedad y temor. Pero aunque algunas de estas heridas sean aun dolorosas, ustedes han llegado a verlas de diferente modo. Como Tomás, han sido invitadas por Jesús Resucitado a creer, a meter su dedo en la llaga de los clavos, a poner su mano en el costado, a encontrar una buena acogida, un hogar, un refugio permanente en estas mismas llagas, ahora gloriosas. Se han reconciliado consigo mismas y con su propia historia. Tienen una nueva confianza en sí mismas y no temen tomar la responsabilidad de sus acciones. Tienen ojos nuevos para ver la maravilla de su ser y nuevos oídos para escuchar la belleza de su propia voz. Como una dijo: “Todos los acontecimientos de la vida tienen un significado”

Algunas han experimentado una especie de renacimiento, una vida nueva. Sienten como si fuesen una nueva mujer. Dios ha hablado a muchas a través de sus sueños. El sufrimiento se ha transformado en gozo. Estoy recordando la imagen que Jesús usó en la Ultima Cena, la de la experiencia de la mujer cuando tiene un hijo: “la mujer cuando va a dar a luz, está triste porque le ha llegado su hora, pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del dolor por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo”. Y la misma promesa que hace a sus discípulos se las hace a ustedes también: No tengan miedo, “porque nadie os arrebatará la alegría” (Juan 16, 21-22)

“Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor
¡Tú eres el Salvador del mundo!”

Esta nueva libertad es PARA algo, para otros, y su “nombre” es tanto un regalo como una llamada. Son la probación del “Corazón compasivo de Jesús”. Incluso durante su retiro las noticias diarias las mantuvieron conectadas con el mundo y su actual agonía. Me imagino que incluso más cerca de casa, las voces que llamaban desde lo alto de la colina a los seres queridos detrás de los muros de Regina Coeli habrá hecho lo mismo.

Al identificarse con el Corazón compasivo de Jesús entran en su ternura, en su presencia acogedora, en su habilidad para sufrir “con”, de “ponerse en los zapatos del otro”. Toman su modo de ver las heridas de aquellos a quienes han sido enviadas, de los excluidos del mundo: la mujer encorvada de hoy, las adolescentes que viven en la calle, la gente sencilla, rural, seducida por el brillo de la sociedad de consumo… Como una dijo: “he aprendido que la compasión es más que sentir pena por alguien”. Es vivir con un corazón despierto. Es permitir que el fuego del amor y la pasión por la justicia nos movilice, nos impulse a ir más allá de sentir pena a sentir una solidaridad que busca la transformación, empezando por nuestra conversión continua. Es dar todo cuanto hacemos y todo cuanto somos, nuestros dones y nuestras debilidades, al Proyecto de Amor de Dios. Es juntar de nuevo los corazones rotos y divididos “para que sean uno”.

El día después de su Profesión será Lunes de la “duodécima semana de Tiempo Ordinario”. Sí, volverán al “tiempo ordinario”, como los discípulos de Jesús después de la Ascensión volvieron a su vida ordinaria. Pero los discípulos no eran los mismos y tampoco lo son ustedes. ¡Nunca el “tiempo ordinario” será otra vez igual!. Han sido salvadas por Aquél que continúa salvando este mundo que ama apasionadamente, compasivamente. Y les ha invitado a ser uno con Él: compartiendo su dolor, compartiendo su gozo. Han prometido dejarle que habite en ustedes como ustedes encuentran su morada en Él, un corazón compasivo con el cual amar este mundo todos los días de su vida.

Sally y Luty las echarán de menos y ustedes extrañarán sus constantes esfuerzos para proporcionarles las condiciones en las que Dios pudiese trabajar en ustedes: acompañándoles con cariño, ofreciéndoles contenidos y la experiencia de su vida, estando atentas a todo lo que pueda hacer esta experiencia lo más completa posible. Durante este día de oración; tomen un tiempo para dar gracias por ellas.

Sepan que toda la Sociedad está con ustedes estos días, agradecidas por el compromiso definitivo que harán el Domingo. Para cada una de nosotras es una oportunidad de renovar nuestro compromiso de seguir a Jesús en la Sociedad, donde quiera que nos lleve el futuro. Queremos hacer el camino junto con ustedes, seguras de Aquél que nos ha llamado a vivir con un corazón compasivo.

Termino esta reflexión con una aclamación que une su nombre y su divisa y les invito a repetirla después de mí:

Corazón compasivo de Jesús
Por tu cruz y resurrección nos has salvado.
¡Tú eres el Salvador del mundo!

¡Amén, Alleluia!

Clare Pratt, rscj
Superiora General

Roma, Villa Lante
17 de Junio de 2004
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