febrero - february - février 2005
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2 de febrero: De ancianos y de niños
Lc 2, 22-40
¿Han visto la ternura y el cuidado con la que los abuelos pasean a sus nietos? El otro día vi a un anciano con una preciosa niña de pelo encaracolado que no tendría más de tres años y unos ojos negros que prometían. La niña era tímida, apenas respondía a mi saludo. El anciano me dijo que se llamaba Tabita, me hizo sonreír porque era la primera niña que conocía con ese nombre. Imagino que una escena parecida nos evoca el Evangelio con el viejo Simeón y el Niño en sus brazos.
La familia es sencilla, su ofrenda no es la de los ricos, sino la de la gente humilde, un par de tórtolas o dos pichones. Y el gesto de Simeón nos está propuesto a todos algún día, bendecir la vida nueva en otros. Acoger, celebrar, proclamar y dar gracias por el acontecer secreto de Aquel que emerge a través de cada rostro, imperceptible cuando el ego nos opaca los ojos, diáfano cuando nos adentramos en el templo del corazón para mirar desde allí.
A la madre del niño se le anuncian momentos bien difíciles, el dolor estará presente en su vida. Pero la confianza de María es mayor que su miedo, su alegría más honda y su esperanza está hecha de fina paciencia y de bondad.
Simeón y Ana han vivido mucho y han esperado largo tiempo poder ver al que contemplan ahora, apenas un niño y todo el Proyecto de Dios entrando y creciendo con él en la historia: “mis ojos han visto al Salvador”. Podemos ver, tocar, oír, a Aquel que se ha hecho uno de tantos para librarnos de nuestros temores, porque los ha atravesado él primero, para salvarnos de todo aquello que quiere impedir en nosotros la crecida del Amor tremendo de nuestro Dios.
Quien pudiera mirar los ojos llenos de luz de Ana y Simeón ante el niño que les llena de futuro y les ensancha los sueños. Como los de aquel anciano feliz con su pequeña Tabita.
Su padre y su madre también se admiran de lo que dicen de él, y viven asombrados al contemplar la inmensidad del Amor ,¡de todo un Dios!, en la mayor fragilidad ,¡de solo un niño!...que poco a poco crecía.
Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Centro Sur
6 de febrero: El gusto de vivir
Mt 5, 13-16
“Vosotros sois la sal de la tierra (...) Vosotros sois la luz del mundo”
¿Cómo puedes decir que somos sal y luz si tienes en cuenta la vida que llevamos? ¿Cómo proclamar un proyecto tan atrevido en medio de nuestra insipidez y opacidad cotidianas? Desconcer¬tados por tus palabras buscamos cómo justificar lo sosos que somos, pero tú no te cansas de decírnoslo, de ofrecernos cada mañana un puñado pequeño de sal nueva, de perderte con ella dentro de nosotros. Dejar que la palabra se haga sal, y compartir la sal de la sonrisa, y también la sal de nuestros temores, la sal de lo que amamos, y la sal de que apenas sabemos hacerlo bien. La sal de nuestras resistencias y la preciosa sal del agradecimiento.
Pasarnos unos a otros esa sal de la tierra, la de los encuentros cotidianos, la compañera de esa pasión por todo lo que tiene que ver con la vida. La que nos hace gustarLe en cada aconteci¬mien¬to. La que nos va enseñando cómo saben los suyos. Llevar su sal mezclada en todo, animando todo, sin confundirse con na¬da; despertando en lo oculto el sabor escondido de las cosas. La sal del Evangelio que hace nuevos los alimentos que dan la fuerza para vivir.
Y acoger cada día esa luz que nos va creciendo por dentro, en ocasiones como un hilillo frágil, en otras como torrente desmedido contra la opacidad de nuestros muros, hasta esa ciudad iluminada que ya no podemos ocultar. Esa luz que se nos cuela por el entramado roto de nuestras vidas, que nos asalta inesperadamente desde los cuerpos más heridos, y embellece con sus lágrimas los rostros que visita.
Hoy, mientras salía de la ciudad en un autobús repleto, una pareja joven que se quiere me hace sonreír y me vino la letra de aquella canción que dice: "En la boca llevo sabor a ti ". Y siento que Tú también estas contento cuando nos miras, con ese gusto tuyo de vivir.
Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Centro Sur
9 février : mercredi des Cendres
Jl 2, 12-18 ; Ps 50 ; 2 Co 5, 20-6, 2 ; Mt 6, 1-6..16-18
"Revenez à moi de tout votre coeur…Déchirez votre coeur. . (Jl 2, 12)
"Il est une sorte de mortification que nous devons toutes pratiquer, la plus agréable à Dieu…Cette pénitence, c'est la mortification intérieure, c'est la fidélité à combattre nos inclinations, à mortifier notre volonté. Ah ! Mes bonnes filles, une parole retenue, un acte d'obéissance, est plus méritoire aux yeux de Dieu que la privation d'une pomme ou d'un morceau de pain. ” (Conférence de 1829)
Pour prier.
Dans les jours qui viennent, je vais m'arrêter un moment pour me demander comment j'envisage ce temps de conversion. Qu'est-ce qui m'empêche de “ revenir ” au Seigneur ? Qu'est-ce qui pourrait m'y aider ? Comment est-ce que j'envisage de “ revenir à Lui de tout mon cœur ” ?
Célébrer avec Sainte Madeleine Sophie
Marie Thérèse Deprecq rscj
Monique Luirard rscj
Province de France
20 de febrero: Su luz y su deseo
Mt 17, 1-8
“Al levantar la vista no vieron a nadie más que a Jesús”
Abandonar el horizonte de nuestras seguridades, dejarnos conducir por él a un lugar aparte, escuchar allí el deseo más hondo del Padre, y una palabra de Jesús constante: "no temáis", animando incansable¬ nuestra fragilidad cotidiana. Dejar que esta palabra impregne cuanto somos, sin que quede nada fuera, que recubra las paredes interiores del camino, donde somos arrastrados más allá, siempre más lejos. Y en su luz ofrecida descubrir nuevo el sentido de las cosas, el devenir dichoso que nos prepara en su nombre, el fondo último de la historia reconciliada, la belleza de los rostros, y nuestros cuerpos imantados por su dulzura: "Señor, es bueno estarnos aquí".
La voz del Padre dice que escuchemos, que le sintamos pronunciar dentro de cada persona: "Es mi hijo amado, en quien tengo puesta mi felicidad". Todo el gozo de Dios en cada uno de nosotros. Qué loco nos parece este amor tan desproporcionado, esta transparencia regalada, esta brecha de luz abierta en el camino de bajada hacia los rostros más heridos. Y dejar que él nos vaya educando la mirada y la espera. A solas, o en medio de la gente, que nos conceda orar con él al Padre, que nos revele algo de su felicidad última en la subida a Jerusalén; que nos haga esperarle con la alegría del que tiene la sentida certeza de que todo será recogido, a través del mismo cuerpo de Jesús, en el Padre, de que algún día será corrido definitivamente el velo, de que esta claridad anticipada es ya nuestro futuro.
Y mientras, continuar caminando, entre el recuerdo y la espera, tenazmente perseguidos por su luz y su deseo.
Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Centro Sur
27 de febrero: Si conociéramos el don
Jn 4, 10
"Dame de beber"
Les miro cuando regreso a casa. Es sábado por la noche y ellos salen a la calle recién duchados, como si lo verdaderamente importante comenzara ahora. Van sobrados de vida, con esa despreocupación de los que tienen el tiempo de su parte y toda la belleza rompiendo en su frente. Invaden los metros que les llevan a las zonas de movida, hablan en voz alta y ríen mucho. Son escandalosamente frescos, con esa frescura que a veces nos hace tanta falta. Esta noche todos van tras un abrazo, buscan amparo para un deseo al que no saben poner nombre. Un grupo de chicas van juntas a un colegio mayor, se han puesto su ropa de fiesta, se han prestado algunas prendas, y van decididas a inventar historias ante los "toreros" que las asalten. Les da seguridad ir con otras, les da alegría también.
Esa misma noche, en otros ambientes, unos jóvenes han roto la barrera, precipitados por el alcohol y las pastillas, perdiéndose mientras buscaban encontrarse. La noche y un buen colocón, como una segunda piel entre la que se esconde esa sed más honda que desconocen. Pero entre los sonidos golpeantes de la música máquina y la agitación de sus cuerpos, emerge un rumor que viene de otra parte, un deseo desmedido con que Otro los cubre y ese amor que los persigue, tan loco. Entonces una comprende más porque "la noche es tiempo de salvación". A veces, Señor, querría sentir cómo los miras tú y aprender esa otra lectura que haces de sus excesos, oírte decir como a aquella mujer "si conocierais el don de Dios". Y escuchar en sus rostros, cuando regresan de madrugada y se miran ya sin verse, ese murmullo de aguas abajo; y continuar creyendo en él y despertarlo.
Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Centro Sur

