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2 de febrero: De ancianos y de niños

Egypt, Cecilia van Zon rscj
Egypt, Cecilia van Zon rscj

Lc 2, 22-40

¿Han visto la ternura y el cuidado con la que los abuelos pasean a sus nietos? El otro día vi a un anciano con una preciosa niña de pelo encaracolado que no tendría más de tres años y unos ojos negros que prometían. La niña era tímida, apenas respondía a mi saludo. El anciano me dijo que se llamaba Tabita, me hizo sonreír porque era la primera niña que conocía con ese nombre. Imagino que una escena parecida nos evoca el Evangelio con el viejo Simeón y el Niño en sus brazos.

La familia es sencilla, su ofrenda no es la de los ricos, sino la de la gente humilde, un par de tórtolas o dos pichones. Y el gesto de Simeón nos está propuesto a todos algún día, bendecir la vida nueva en otros. Acoger, celebrar, proclamar y dar gracias por el acontecer secreto de Aquel que emerge a través de cada rostro, imperceptible cuando el ego nos opaca los ojos, diáfano cuando nos adentramos en el templo del corazón para mirar desde allí.

A la madre del niño se le anuncian momentos bien difíciles, el dolor estará presente en su vida. Pero la confianza de María es mayor que su miedo, su alegría más honda y su esperanza está hecha de fina paciencia y de bondad.

Simeón y Ana han vivido mucho y han esperado largo tiempo poder ver al que contemplan ahora, apenas un niño y todo el Proyecto de Dios entrando y creciendo con él en la historia: “mis ojos han visto al Salvador”. Podemos ver, tocar, oír, a Aquel que se ha hecho uno de tantos para librarnos de nuestros temores, porque los ha atravesado él primero, para salvarnos de todo aquello que quiere impedir en nosotros la crecida del Amor tremendo de nuestro Dios.

Quien pudiera mirar los ojos llenos de luz de Ana y Simeón ante el niño que les llena de futuro y les ensancha los sueños. Como los de aquel anciano feliz con su pequeña Tabita.

Su padre y su madre también se admiran de lo que dicen de él, y viven asombrados al contemplar la inmensidad del Amor ,¡de todo un Dios!, en la mayor fragilidad ,¡de solo un niño!...que poco a poco crecía.

Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Centro Sur