Budismo Zen y Cristianismo: afinidades y experiencias, un viaje espiritual
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Capilla de la Casa de Ejercicios Jesús Maum, Paju, Korea.
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Son In Sook rscj
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(Zen Buddhism and Christianity: Affinities and Experiences, a Spiritual Journey)
Me crié en un ambiente budista hasta los 17 años. Sólo era cuestión de ir al templo, cuando había algo por lo cual rezar. Tuve una adolescencia difícil y poco feliz, porque empezó la guerra de Korea, cambiando completamente mi vida. Empecé a quejarme de todo a mi madre, pero al mismo tiempo me sentía sumamente culpable por hacerlo. Cuando tuve la oportunidad de hablar de esto con mi amiga cristiana, se desarrolló en mí el deseo de ser perdonada de esos sentimientos de culpa. Fui a la Iglesia Católica y después de seis meses de instrucción, me bautizaron. Durante la ceremonia de mi Bautismo, tuve una fuerte experiencia de perdón. Fue una experiencia real del amor de Dios, que me convenció de la salvación a través de Jesucristo.
Cuando empecé a practicar mi fe católica y traté de vivir fiel a las enseñanzas de la Iglesia, me llené de escrúpulos. En esa época, el catolicismo coreano estaba muy influenciado por la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París. Estos misioneros habían recibido influencias del jansenismo. Por eso caí en el círculo vicioso de ser consciente de mi culpa y desear ser perdonada. Para ser una buena cristiana, me pareció que debía sentirme culpable aún de pequeñas cosas que había hecho mal, pequeñas debilidades. Iba a confesarme todas las semanas. Sufría mucho, pero creía que debía sufrir así, para llegar a ser santa. Deseaba sacrificarme a mí misma, esto significaba, para mí, ofrecer mi ser entero a Dios. Así entré a la vida religiosa, feliz de hacer un sacrificio por Dios. Desde que entré fui siempre una persona seria , observando estrictamente la regla.
Después del Vaticano II°, empecé a hacerme preguntas sobre mi teología. La idea de la salvación del pecado, está en la base o las raíces del cristianismo. Influye en la imagen que tiene una de sí misma. En esa época, sentí que existía un conflicto dentro de mí, con relación a las enseñanzas de Jesús...”ama al prójimo como a ti misma”. Yo no podía amarme ni respetarme a mí misma. Estaba demasiado ocupada con mis faltas, buscando hacerme humilde delante de Dios. Por lo tanto, en mi oración, sólo veía mi debilidad, mis limitaciones y mis deseos egoístas. Acostumbraba a decirle a Dios:”Voy a ser mejor. Voy a tratar de ser humilde, olvidándome de mí misma, abnegada con los demás.” Trataba de dejar caer mis deseos y de vaciarme delante de Dios. Reconocía que todo era por culpa mía, pidiéndole perdón a Dios. Hacía la resolución de ser mejor, pero no cambiaba, y volvía, y volvía a hacer lo mismo. La formación que recibí en la Sociedad era diferente de lo que había aprendido de niña, y me ayudó a respetar a mi propio yo. Sin embargo, tomó tiempo, hasta que pude cambiar mis viejas costumbres.
Cuando tuve la suerte de aprender Filosofía Budista y practicar el camino Zen hacia la contemplación, tuve una sensación de liberación. La práctica budista tiene por objeto el concepto de Liberación de la Ignorancia. Desde muy al principio, la ilusión viene por la Ignorancia del Propio Yo. Estamos atadas a nuestro propio yo, que no es nuestro Verdadero Yo. Nuestro yo propio es inexistente, pero a pesar de eso, nos apegamos a él, como si fuera nuestro Verdadero Yo. Por lo tanto, sufrimos por la ignorancia. La esencia de la salvación es pensada como un “despertar” de que nuestro Verdadero Yo es el Yo de Buda. En ese momento hemos llegado a la verdad. Por lo tanto, el último objetivo de la contemplación Zen, está conectado con la iluminación: “ver” en la verdad de la realidad.
Para mí esto fue una verdadera experiencia de despertar He practicado la forma de oración Zen durante 30 años. He descubierto cómo sufría por la prisión de mi propio pensamiento. Sufría por mi apego a mis ideas, condiciones, situaciones, que me despertaban codicia y enojo.
El pensamiento cambia constantemente, pero estaba apegada a mi pensamiento como si fuera verdadero. Era mi “persona ideal” la que se relacionaba con Dios. No era la persona que era o soy, la que estaba en relación con Dios. Ahora he dejado de pensar en mi oración. En cambio, estoy sencillamente consciente de mí misma y de lo que sucede en la presencia de Dios.
Casi todos los que empiezan este camino espiritual, descubrirán que la sanación personal es parte necesaria de su proceso espiritual. Cuando esta necesidad es reconocida, la práctica espiritual puede ser dirigida a una sanación del cuerpo, corazón y mente. Buda y Jesús, fueron ambos, sanadores del cuerpo, del mismo modo que eran sanadores de corazones heridos. Es natural afrontar nuestros corazones heridos, practicando el modo de orar Zen.
Mi meditación Zen me ha ayudado a afrontar mi condición de ser herido y mi debilidad, a aceptarlo y abrazarlo sin echarle la culpa, ni a mí misma, ni a los que me hacen sufrir. También me ayudó a afrontar mi miedo, mis deseos, mi bronca y las tentaciones. He estado aprendiendo a transformar mi basura en fertilizante de nueva vida..
Ahora, en la vida diaria, practico sencillamente la toma de conciencia....de mi respiración. Aspirando, sé que respiro hacia adentro. Espirando, tomo conciencia de que sale el aire. Esta técnica me ayuda a contener mi mente y mi respiración. Mientras practico este tomar conciencia, mi respirar se hace pacífico y amable. Mi respiración es el lazo entre mi cuerpo y mi mente. Concentrándome en la respiración, al entrar y salir el aire, vuelvo a poner en relación a mi cuerpo y mi mente, y vuelvo a ser una. La conciencia de nuestra respiración es presencia del Espíritu Santo. “Yahvé Dios formó al hombre del barro del suelo, y sopló la vida en su nariz, y el hombre se convirtió en ser vivo. (Gén.2,9) Yo creo que en mi respirar está el Espíritu de Dios. Cuando respiro conscientemente recupero plenamente mi yo, me encuentro con la vida en ese momento, y aprecio la “vida” que Dios me dio. Puedo practicar la respiración consciente, no sólo sentada en una sala de meditación, si no mientras trabajo en mi oficina, caminando de aquí para allá, o sentada en un ómnibus. Vaya a dónde vaya, en cualquier momento del día. Ayuda a conservar mi corazón en paz, y siempre que necesito orar por alguien necesitado, pienso en él y le envío mi respirar lleno de paz, sin decirle nada.
La práctica del Zen es para sentirme liberada de mi yo y mi sufrimiento, y da origen a la sabiduría y compasión, así que comparto mi yo y mi compasión con los demás.
Quiero compartir con Uds. mi experiencia de un largo retiro en el camino Zen de contemplación, Lo que escribí después del retiro muestra cómo llegar a la comprensión y la iluminación. Este retiro fue para discernir la voluntad de Dios en un momento en que tenía que tomar una decisión. Sería más fácil de explicar si pudiera hablar sobre la historia de “Buscando al buey”, pero no tengo tiempo para explicar aquí todo. Fue realmente un viaje espiritual.
Mi viaje empezó tratando de encontrar la voluntad de Dios.
Empecé a hablar al Señor. Le pregunté si quería mostrarme Su voluntad, para que pudiese obedecerlo.
Grité al Señor para que me mostrara Su voluntad , pero no hubo respuesta. Enfrenté su silencio.
Empecé a enojarme con El.
Empecé a quejarme: “¿Dónde estás?”.
Todas mis desdichadas emociones subieron a la superficie.
De repente, me dí cuenta que era esclava de mis emociones.
Ví que le estaba gritando a Dios, pidiéndole que entrara en mis emociones.
¡Esto era fabuloso! (es un paso hacia la iluminación)
Cuando me hube liberado de mis emociones, continuó mi viaje para encontrar la voluntad de Dios. Pensando que mi corazón estaba pulido como un espejo y que sería capaz de ver a Dios, continué mi viaje con un corazón firme.
Al continuar puliendo mi corazón, realicé que estaba ordenándole a Dios que se mostrara en mi corazón: ¡Qué sofoco! ¡Qué rigidez!. Me desanimé.
Con un último esfuerzo, seguí mi viaje. Empecé por ofrecer mi corazón a Su voluntad. Grité:”que se haga Tu voluntad”. Mi corazón y mi cuerpo estaban exhaustos. Sentí que no tenía nada para ofrecer. Fue un silencio interminable: estaba llena de un sentimiento de fracaso, frustración y desesperanza. Sentí que Dios me había olvidado.
Tuve que pasar por esta crisis de fe, una interminable oscuridad, sintiendo que el camino estaba bloqueado. Realicé,(otro grado de iluminación), que esto era una vil tentación y le grité “Vete”.(Siempre es muy difícil experimentar tentaciones y dudas, sentirse inútil y deseando volver a casa. Por eso es muy importante que alguien acompañe nuestro viaje. Tradicionalmente, la noche oscura, se levanta sólo, después de que hemos tenido alguna apertura espiritual)
Continué mi viaje, pero mi energía estaba exhausta...”Te encomiendo mi espíritu”.
Silencio, silencio.¿Qué está sucediendo?. No tengo corazón para ofrecer, y no hay nadie que pueda recibir mi corazón!.Esta experiencia de anonadamiento fue liberadora. No tenía nada para decir. Experimenté a todo el universo como uno; una unidad, Tú y yo y la naturaleza, somos uno.
“El universo entero desaparece y después vuelve a aparecer por sí mismo. Esto te libera de todo sentido del yo y de toda forma, te trae una enorme paz, que nos muestra una libertad más allá de toda forma y de toda existencia limitada”. Esta es la experiencia de líderes espirituales.
Cuando nos enfrentamos personalmente con esa realidad y tomamos conciencia de ella, sabemos qué hacer con ella.
Cuando te conoces objetivamente y reconoces tu yo, aceptándolo y cuidándolo, puedes dejarlo ir. Cuando te das cuenta de que, que eso a lo que estás apegado es basura, entonces tu apego ya no es tan fuerte. Lo puedes dejar caer más fácilmente. Es el despertar de la ignorancia, por eso el Budismo nos dice que nuestro sufrimiento viene de nuestra ignorancia. Si nos despertamos de esa ignorancia, seremos libres, y liberados de toda clase de desilusiones.
Para llegar a esto, necesitamos ascetismo en nuestra vida diaria. Es un ejercicio espiritual, y necesitamos practicarlo para no caer en los deseos de nuestro propio yo. Cuando nos hacemos conscientes, es más fácil no caer en esta trampa.
Podemos ver este proceso de despertar espiritual en la Biblia, Jesús pasó a través de la tentación. Después vemos Su conciencia de la unidad de todas las cosas. Su oración fue:”que
seamos uno, como el Padre. Uds. están en mí y yo en Uds., de manera que también ellos estén en nosotros. Yo les he dado a conocer Su nombre, y voy a seguir haciéndolo conocer, de forma que el amor con que me amas esté en ellos, y así Yo pueda estar en ellos.” (Jn.17,21-26) Es el deseo de Jesús, por lo tanto es posible experimentarlo.
Son In Sook rscj
Consejo General, Roma
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|2008-09-23 Gloria Llaguno - Gracias
Muchas gracias Son In Sook, tu experiencia es bella y rica y me ha alimentado mucho, quisiera aprender ese hermoso camino y llegar a la intimidad con Dios, no conmigo misma o con ese Dios que me habita y vive en mi. Muchas gracias.
Gloria Llaguno
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|2008-09-08 Paz Rosales - gracias Son in Sook
Querida Son in sook, escribiste tu experiencia en inglés hace tiempo y pedimos la traducción en castellano.
Hoy la he leàdo y he podido saborear su riqueza y también el misterio de cada persona y su camino hacia Dios.
Yo también practico Zen cada dàa pero estoy como en un desierto. Además mis creencias están pasando por interrogantes y dudas sobre los dogmas cristianos. Al compartir tu vida me has estimulado a seguir perseverante en la oración de silencio y en el abandono total a Dios. Me encantaràa saber inglés para poder comunicarme contigo sobre estas cosas....
Te mando un abrazo muy muy fuerte y de nuevo gracias por tu escrito.
Paz




Son In Sook, hace un tiempo hice el Eneagrama para saber mi tipo de personalidad y allí me dijeron que una de las cosas que me integrarían es practicar la Oración Zen, buscando eso encontré lo que escribiste, tus palabras me han dado mucha Paz y esperanza. He hecho un par de veces los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, pienso que la oración Zen puede ser un buen camino de re-encuentro con el Señor y conmigo misma.Gracias, si supieras lo que me has ayudado te sorprenderías, un abrazo grande a la distancia.