Lolín Menéndez rscj El camino continúa... Fiesta del Sagrado Corazón, Trinidad del Monte Roma, 24 junio 2006 El camino continúa… Así empezaba el saludo de Luciana Lussiatti, provincial de Italia, al comenzar la Eucaristía en la capilla grande de la Trinidad, una Eucaristía que tendría un carácter muy especial para las casi 50 religiosas del Sagrado Corazón provenientes de Japón, Corea, India, Estados Unidos, Australia, Perú, Brasil, Argentina, Chile, Uganda, Kenya, Egipto,Inglaterra, Irlanda, Francia, Italia y España. Nos habíamos reunido para celebrar por última vez la Eucaristía de la fiesta del Sagrado Corazón en esa casa tan llena de historia y de recuerdos para nosotras. Fue una Eucaristía sencilla, profunda y solemne a la vez como nos dijo el celebrante, Monseñor Patrick Descourtieux, rector de la Trinidad desde hace 7 años; con él concelebró un sacerdote de Estados Unidos cuya madre había sido alumna de nuestro colegio de Greenwich y de Newton Collage, ahora es párroco de una parroquia francesa en USA. Coincidencia ¿verdad? Sí, el camino continúa para esta casa y para las personas que pronto pasaran su testimonio, siguió diciendo Luciana en su saludo. Lo vivimos en la fe al celebrar esta fiesta que nos es tan querida. El último grupo de religiosas del Sagrado Corazón, así como el primero, responde hoy a una llamada que a través de las mediaciones humanas, se expresa en un envío, en una misión personal. Nuestras hermanas de la Trinidad siguen su misión de descubrir y manifestar el amor del Corazón de Cristo: y una a una fue nombrando a cada miembro de la comunidad de la Trinidad dándoles su nuevo envío. Unas vuelven a Francia, Lyon, Joigny y Poitiers, otras van a distintas casas de Italia y una a Sevilla, y nuestra hermana Ayaki Kato vuelve al Japón. De un modo particular nos unimos a ellas en esta Eucaristía. No podía estar más claro el momento histórico que estábamos viviendo, se me quedaron grabadas las palabras “el último grupo de religiosas del Sagrado Corazón, así como el primero, responde hoy a una llamada… ” Era como el sello que ponía fin a los casi 180 años de historia. Reconozco que se me hizo un nudo en la garganta. Y sin más preámbulos empezó la Eucaristía, una verdadera Última Cena donde la acción de gracias por la vida vivida y el dolor de la despedida y del cierre se abrazaban. Cuesta dejar y decir a-Dios a una casa tan llena de recuerdos y de historia y donde tantas hermanas nuestras han dado su vida para “Gloria del Corazón de Jesús y la Salvación de las almas”, a una casa donde la misión educadora está muy viva y donde la comunidad se ha desvivido hasta el último momento para responder incondicionalmente y con enorme creatividad a las llamadas del mundo de hoy. El canto de entrada era, pienso yo, eco de la oración de muchas: “Ecco mi, ecco mi…, Signore io vengo…, ecco mi, si compia in me la tua volonta”, “Heme aquí…, Señor yo vengo.., que se cumpla en mi tu voluntad”. Todo tenía un carácter especial. La renovación de votos no fue una renovación como la que hacemos todos los años por lo menos yo la viví de otra manera, imprimía carácter. Fue muy bonito; formando parte de la procesión del ofertorio había 6 religiosas representando cada uno de los 6 idiomas hablados entre nosotras llevando una vela encendida. Cerraban la procesión dos probanistas llevando una el pan y la otra el vino. La persona llevando la vela empezaba la renovación y a ella se le unían todas las que los renovaban en ese mismo idioma, después dejaba la vela encendida sobre el comulgatorio. Acabada la renovación cantamos el Suscipe, queríamos cantar la entrega; sólo cuando terminamos el sacerdote hizo la ofrenda de ese pan y de ese vino que se convertirían en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Y antes de la bendición final, Clare Pratt rscj, Superiora General, llamó a todas las de la comunidad de la Trinidad para darles una última bendición y entregarles una vela que encenderían de la vela central. ¿Lágrimas? Hubo alguna pero casi no se notaron, todo fue muy sereno. No hubo nada de extraordinario, era mejor así, la serenidad llevaba a poder vivir la profundidad y la verdad del momento respetando los sentimientos de todas y de cada una. Cuando tenemos este tipo de encuentros solemos llegar unos 15 minutos antes. Ayer parecía que todas teníamos prisa por llegar. La Eucaristía no era hasta las 6.30 pero a las 5 ya había gente en la Trinidad. Unas iban primero a Mater, otras a la capilla, otras charlaban y los abrazos y la alegría del encuentro no faltaban. Curioso, no se hicieron fotos, por lo menos yo no me enteré. Se respiraba algo sagrado. Después de la Eucaristía, la cena festiva se convertía en prolongación de la Eucaristía. Al terminar la cena Marie-Guyonne du Penhoat rscj, Superiora de la comuindad, nos invitó a visitar por grupos las partes más artísticas de la casa y que al renovarlas han cobrado nuevo interés y pienso que valor. Yo llegué a casa a eso de las 10 de la noche, otras llegaron antes y otras me imagino que después pero todas llevábamos con nosotras la experiencia de haber vivido un evento histórico. No dudo que Magdalena Sofía junto con los cientos de hermanas que han vivido en la Trinidad nos contemplaban y acompañaban uniéndose a nuestro Suscipe. Ma. Victoria Gonzalez de Castejón rscj Rome |