Relatos desde la mesa compartida: Sentados a la mesa de la sabiduría Convertir en PDF Version imprimable Suggérer par mail
02-07-06

0607-1

Colombia, Lolín Menéndez rscj
Aproximación bíblica y catequética a la eucaristía
Introducción
1. Como pan que se parte

2. El mejor de los vinos
3. Un puñadito de levadura
4. Leví y sus amigos
5. Ayunos o banquetes
6. Con la toalla ceñida
7. En torno al cordero pascual
8. Un festín en el desierto
9. Sentados a la mesa de la sabiduría
10. En los márgenes del camino
11. Un mendigo a la puerta
12. Una misma copa, una misma suerte


9. Sentados a la mesa de la sabiduría


Me llamo Tomás, de sobrenombre “el Mellizo”, y pertenezco al grupo de los que nos fuimos detrás de Jesús desde el primer momento, aunque tengo que confesar que no siempre de buena gana. Yo necesito tenerlo todo muy claro y comprobar las cosas por mí mismo, y eso con Jesús era del todo imposible, porque él nos exigía una confianza absoluta en su persona y en su proyecto, y yo con frecuencia me sentía tentado de dar marcha atrás, o de pedir más garantías de las que él estaba dispuesto a ofrecernos.

Uno de los días en que un fariseo amigo de Natanael nos había invitado a su casa, hubo, como de costumbre, tensión y malestar por ver quién ocupaba los lugares de honor. A mí no me causó extrañeza, porque me parecía normal aspirar al reconocimiento y a la alabanza pública. Por eso me quedé muy sorprendido al oír decir a Jesús todo lo contrario: “Cuando te inviten, ponte en el último lugar y así el que te invitó te dirá: Amigo, sube a un puesto superior” (Lc 14,7-11). En el fondo, no me pareció mal porque, al final, la estrategia daba resultado; así que, en la siguiente comida que había convocado Jesús en la casa de Leví que teníamos como nuestra, me apresuré a ocupar el lugar que me pareció más borrado y humilde.

Cuando entró Jesús, traté enseguida de que me viera y lo conseguí: se acercó a mí, según esperaba, y me invitó a situarme en la presidencia. Avancé a su lado, procurando que los demás no notaran la complacencia secreta que aquello me producía, y cuando, por fin, me encontré en el lugar que tanto valoraba ¿qué diréis que hizo Jesús? ¡Se acercó a mí con la jofaina y la toalla con que, según la costumbre, algún criado debía lavar los pies de los invitados y me dijo: - Tomás, entre nosotros es el que ocupa el primer lugar quien debe cuidar de sus hermanos y prestarles los servicios más humildes.

 Todos se echaron a reír, el primero de ellos el propio Jesús que, al verme tan confundido y enfurruñado, me dio una palmada en el hombro, me quitó la jofaina de las manos y  nos invitó a reclinarnos  a todos. 

 

Ver la vida desde el Padre

Nunca podré olvidar lo que aprendí en aquella comida en la que el verdadero pan fue una palabra que nos enseñaba a ver las cosas desde el lado de su Padre: - Para él, decía Jesús,  el que se hace pequeño y humilde, es el más importante de todos y hay que tratar de parecerse a él  en sus preferencias, su amor gratuito y su generosidad. (Y nosotros sentíamos que el poder, el prestigio y la búsqueda de reconocimiento social saltaban por los aires y eran reemplazados por el servicio mutuo, el cariño fraterno y la  reciprocidad generalizada.)  - En el ofrecer hospitalidad, como en el prestar, añadía,  hay que ir más allá del interés  cerrado del propio grupo. Por eso, cuando invitéis a comer, llamad a pobres, lisiados, cojos y ciegos, porque ellos no pueden pagaros, pero os pagarán  en la casa de mi Padre.

 Al terminar aquella comida, nos dimos cuenta de que habíamos estado sentados a la mesa de la Sabiduría, y que aceptar al Dios de Jesús desencadenaba en nosotros  una nueva forma de actuar que conmocionaba y volvía del revés  nuestros valores y los de nuestra sociedad. Y que, a partir de aquel momento, en el banquete de la vida, todo había quedado transformado.

 

Tiempo para la palabra

“La Sabiduría ha edificado una casa,
ha labrado siete columnas,
ha matado las reses, mezclado el vino
y puesto la mesa,
ha despachado a sus criadas a pregonarlo
en los puntos que dominan la ciudad:
El que sea inexperto, venga acá,
al falto de juicio le quiero hablar:
Venid a comer de mis manjares
y a beber el vino que he mezclado;
dejad la inexperiencia y viviréis,
seguid derechos el camino de la prudencia.” (Pr 9.1-9)

“Dichoso aquel que piensa en la Sabidurí
y pretende la Prudencia,
el que  presta atención a sus caminos
y se fija en sus sendas;
sale tras ella a espiarla
y acecha junto a su portal,
mira por las ventanas
y escucha a su puerta,
acampa junto a su casa
y clava sus estacas junto a su pared,
pone su tienda junto a ella
Dichoso el que se acomoda junto a ella
como buen vecino,
pone nido en su ramaje
mora entre su fronda,
y se protege del bochorno a su sombra..." (Eclo 14, 20-27)

“Observando cómo escogían los puestos de honor, dijo a los invitados la siguiente parábola: Cuando alguien te invite a una boda, no ocupes el primer puesto; no sea que haya otro invitado más importante que tú y el que os invitó a los dos vaya a decirte que le cedas el puesto al otro. Entonces, abochornado, tendrás que ocupar el último puesto. Cuando te inviten, ve y ocupa el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: - Amigo, sube a un puesto superior. Y quedarás honrado en presencia de todos los invitados. Pues quien se ensalza será humillado y quien se humilla será ensalzado.

Al que lo había invitado le dijo: - Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos o hermanos o parientes o a los vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos. Dichoso tú, porque no pueden pagarte; pues te pagarán cuando resuciten los justos.” (Lc 14,2-14)

Tiempo para otras palabras

Un comportamiento alternativo. “En la última cena, lo mismo que en Lc 14, 7-11, donde los invitados disputan por los lugares de honor, se da el mismo comportamiento de los discípulos, imbuidos de la ideología dominante en el mundo. Jesús no dice solamente que elijan el último puesto en la mesa, sino que que ocupen el lugar del servidor, ellos que son los líderes de la comunidad.” (R. Aguirre)#1

Dos tipos de sabiduría. – “Buenos días, dijo el Principito. - Buenos días, dijo el vendedor. Era un vendedor de píldoras perfeccionadas que apagaban la sed: tomando una por semana ya no se experimentaba la necesidad de beber.
-¿Por qué vendes esas píldoras?, preguntó el Principito.
- Es un gran ahorro de tiempo. Los expertos han hecho sus cálculos: se ahorran 53 minutos por semana.
-¿Y qué se hace con esos 53 minutos?
- Se hace lo que se quiere.
Yo, se dijo el Principito, si tuviera 53 minutos libres, caminaría despacio hacia una fuente...” (A. de Saint Exupéry)#2

Un gesto para expresarse. “El gesto mediante el cual Jesús se manifiesta en la Eucaristía, es el gesto de la fracción del pan y del vino compartido. Este gesto es la Palabra en la que Jesús se expresa a sí mismo, porque ese gesto hace memoria del acontecimiento de su vida en el que eligió ser absolutamente perdedor, humanamente hablando. (...)

La Eucaristía no es Palabra únicamente porque en ella se hagan lecturas, o se lean textos de la Escritura, Palabra de Dios. La Eucaristía es Palabra porque Dios se dice en ella con su más verdadera identidad: por medio del gesto de la fracción del pan y del vino compartido, reconocidos como Cuerpo y Sangre de aquél en quien la Palabra de Dios se ha encarnado.

La Eucaristía llama al hombre a “hacer memoria” de aquello que, en él, es su verdadera historia: su nacimiento a la vida de Dios. Dice a cada persona que su “carnet de identidad”, antes que el estado civil, el grupo sanguíneo o el patrimonio genético, debe evocar un nacimiento que es su verdadero nacimiento: el de todo ser humano en el corazón del misterio de vida que es Dios”.(M. Abdon Santaner)#3

Tiempo para orar

Hazte consciente de las “ofertas de sabiduría” (de buena vida o de “calidad de vida”) que ofrecen los medios de comunicación y la publicidad: “saber vivir” es lo mismo que consumir, comprar, subir el nivel económico, poseer belleza o poder, mantenerse alejado del dolor, tanto propio como ajeno. Siéntate “a la mesa de la Sabiduría” junto a Jesús y entra en contacto con su modo peculiar de ver la vida. Fíjate en cómo enseña a “gestionarla” y qué pistas da para encontrar la felicidad: “El reino de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, por la alegría, va, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo” (Mt 13,44). “Si alguien quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida  la perderá pero, quien la pierda por mí, la salvará. ¿Qué le aprovecha a alguien ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Qué precio pagará por su vida?” (Mt 16,24-26).

Pídele que te contagie esa sabiduría suya que hará de ti un discípulo...

Tiempo para compartir y celebrar la fe

Con adultos
 Leer en alto o repartir este texto:
“Jesús pone en cuestión las normas que rigen los banquetes y las relaciones de patronazgo. Un patrón invita a los de su propia casa o a los de su estirpe o clientes amigos y  a personas influyentes, vecinos ricos. Estas gentes o devuelven la invitación o  alaban y pregonan las excelencias del anfitrión. El banquete se rige por una reciprocidad equilibrada: se ofrece calculando recibir ventajas equivalentes. Banquetes de carácter cerrado y excluyente, fortalecen la solidaridad interna del grupo, buscan reafirmar la identidad del grupo y marcar las fronteras con los de fuera.
La aceptación del Dios de Jesús desencadena una nueva forma de actuar que conmociona y subvierte los valores establecidos socialmente.” (M. Díaz Mateos)

Reflexionar y comentar qué nuevas formas de actuar y de subvertir los valores tendría que desencadenar la participación en la Eucaristía, y qué compromisos concretos podrían tomarse, personalmente o como grupo, en esa dirección.


Dolores Aleixandre rscj
Provincia de España Sur
 
  1. La mesa compartida. Estudios del NT desde las ciencias sociales, Santander 1994, p. 93  
  2. El Principito, Madrid 1990, p.32 
  3. El deseo de Jesús. La Eucaristía como mesa, palabra y asamblea. Santander 1982, 84-97 

 

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Dernière mise à jour : ( 18-10-06 )
 

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