Olaya Mayans rscj, provincia de España Sur Imprimir E-mail
05.07.06

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Este es mi último año de los tres de formación MIR (médico interno residente) de medicina de familia, en Huelva. Etapa intensa de mi vida religiosa, llena de vivencias y aprendizajes a partir de las relaciones. Para compartir algo de mi experiencia educadora, empezaré por nombrar las convicciones interiores que he ido asentando:

“Contemplamos el Corazón de Jesús en las alegrías, esperanzas y sufrimientos de la humanidad… la experiencia de una espiritualidad encarnada (Cap. 2000). Siento que el espíritu educador de la Sociedad encaja perfectamente ahí donde apostamos por  relaciones basadas en la humanidad y procesos de acompañamiento, crecimiento y sanación.

La dignidad de la persona en toda circunstancia. Me he encontrado con personas que necesitan que se les nombre y recuerde su valor, y con otras muy humildes y dignas en su debilidad, que me han hecho descalzarme y sentir con el Corazón del Señor.

 “No tenemos cuerpo, somos cuerpo”; la dimensión física nos configura y no se puede separar del todo lo que somos como personas. Esto significa que el cuerpo ha de ser escuchado, respetado y cuidado, evitando caer en los extremos de ignorarlo ni sobrevalorarlo, y sabemos que esto segundo es lo que está en el ambiente de nuestra sociedad.

Salud y enfermedad forman un continuo y son parte de la vida. Tampoco se nos anima a acoger nuestras debilidades y dolores, sí a sobrellevar los achaques cuando llegan. Educar en este terreno es bastante “contracultural”.

La salud tiene muchísimo que ver con la red de relaciones familiares y sociales: veo claro cómo para algunas personas la familia es soporte, mientras que para otras es fuente de conflictos y desajustes, y muchos malestares y problemas mentales surgen de aquí.

La tierra sagrada que es la intimidad, del tipo que sea (física, psicológica). Tener la oportunidad de cuidarla para mí es una responsabilidad y un regalo, por la confianza que supone.

Al mirar mi corta experiencia como médico veo los aprendizajes que voy haciendo, muy útiles para la vida; por ejemplo:

Escuchar al otro/a: qué dice, siente, necesita, espera de mí… y qué le puedo ofrecer.

Personalizar: lo que es bueno para una persona puede no serlo para otra.

Dar valor y hacerme valer. Dar valor a quien cree que no lo tiene o no pone de su parte por cuidar su salud, y hacerme valer en distintas situaciones en que la gente a veces pierde los papeles.

Compartir también una pequeña y fuerte intuición que he ido descubriendo y que une nuestra espiritualidad con mi experiencia en la consulta. En la Sociedad aprendí a entender el corazón como el núcleo de la persona y la sede de sus energías, y en mi trabajo como médico el acceso habitual con la personas es el cuerpo . “Me duele esto”, “no veo bien”, “toque este bulto”, “la niña tiene fiebre”, “tengo una erupción”, “no puedo dormir”, “está mucho mejor”…  ver, tocar, sentir … descubrirnos y manifestarnos a través de de los sentidos. Si el corazón es la sede, el cuerpo es como el “sacramento” palpable de quienes somos, presencia física de toda nuestra persona.


Cuida tu corazón, porque en él están las fuentes de la Vida” (Prov 4, 23). Cuidar también el cuerpo tanto en cuanto nos conduce a la vida, como hace Jesús cuando sana, por ejemplo a la suegra de Pedro: “…estaba en cama con fiebre. Le hablaron enseguida de ella y él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. La fiebre le desapareció y se puso a servirles.” (Mc 1, 30-31)

 

Olaya Mayans rscj
provincia de España Sur

Última modificación ( 05.07.06 )
 

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