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Desde hace dos años estamos en Bon – Pützchen – al lado de nuestra
Casa de Ejercicios – en el terreno de los Carmelitas que se han ido a
un convento más pequeño.
Se ha creado un proyecto, en el que tomamos parte: “convivir juntos
jóvenes y mayores”. Este proyecto es un ensayo para luchar (en la
dimensión socio-política) contra la soledad de muchas personas de hoy
día, sobre todo las personas mayores. Nosotros (alrededor de 100
personas) intentamos vivir varias generaciones juntas estando atentos
los unos a los otros. Nuestra pequeña comunidad de tres hermanas está
bien integrada. Como comunidad religiosa tenemos ya mucha experiencia
en esta dimensión de vida común.
Las personas que lo integran no son solamente cristianos, sino de
convicciones muy diversas. Es un reto para nosotras estar presentes y
encontrar la manera de servir cada día, según las necesidades de las
personas: Hablar durante una hora en la oscuridad de un garaje sobre la
pregunta: “¿cómo rezáis?”. En Navidad una mujer judía vino
espontáneamente a compartir con nosotras su angustia en tiempo de los
nazis. Niños pequeños llaman a la puerta: “¿queréis venir a nuestro
circo?”. Muchos nos hablan de su vida con lazos, a menudo, rotos , y
con valor para empezar de nuevo aquí. Con frecuencia y gracias a
nuestra presencia, la religión (de la que no se habla abiertamente)
puede ser sujeto de conversación.
Es necesario encontrar formas de expresión nuevas que no sean
explícitamente cristianas, que hablen, por lo menos, del misterio de la
muerte y de la vida. Una vez al mes, una buena parte de los residentes
toman parte en la meditación con nuestras hermanas vecinas en la nueva
capilla que invita a crear nuevas formas de meditación, expresión, tal
vez, de su deseo de permanecer un momento en silencio y a la escucha de
la vida.
Tomamos parte en la reflexión sobre cómo dar a conocer este proyecto y
estamos en contacto con iniciativas parecidas en Alemania.
En nuestra casa tenemos una habitación disponible para huéspedes, para
personas de fuera que siguen los ejercicios de san Ignacio o que
quieren tener un tiempo de retiro. Las personas de nuestro alrededor lo
saben y a veces preguntan: “Mirad, tengo una amiga que le gustaría
venir, pero no tiene dinero, y yo no tengo sitio, ¿podría venir algunos
días con vosotras?”.
La cercanía de nuestra propia casa de ejercicios nos permite tener
contactos intensos con nuestras hermanas de allí, ayudarlas, ser
ayudadas por ellas, y celebrar juntas la Eucaristía.
Margaret Fühles rscj
Provincia de Europa Central
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