Perfil : Rosie Dowd rscj Provincia de los Estados Unidos Imprimir E-mail
01.06.06

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Me han preguntado muchas veces: “Por que has elegido ir a la prisión?” Mi respuesta es:”El Espíritu Santo”

A mediados de los anos sesenta estaba muy feliz dando clase a  las alumnas de secundaria en Woodlands y en Sheridan Road (área de Chicago) y pensaba seguir haciendo lo mismo toda mi vida. ¡Pero llega el Vaticano II!

Siempre había considerado las cárceles y prisiones como lugares privados de amor. Sabía poco de ellos y de los que en ellos vivían, y me aprecia que a nadie le importaban los presos. Estaban entre los muchos “desechados” de nuestra sociedad. Una frase de San Juan de la Cruz me venia a menudo a la mente: “Donde no hay amor pon amor y encontrarás amor”. Esta cita empezó a hacer en mí un camino.

Mi primer paso fue ofrecerme voluntaria a la prisión del condado. El sheriff solo me pidió que fuera una vez por semana un par de horas a la sala de visitas privadas por si algún preso quería hablar un rato… Nunca me faltó trabajo, estaba claro que lo que se necesitaba era alguien que escuchara sin juzgar.

El Jueves Santo de este mi primer ano de voluntariado hice mi visita habitual. Cuando volví a casa, la lista para la adoración nocturna estaba colgada y tenia este encabezamiento: “No podéis velar una hora conmigo?”. Nunca olvidaré el sentimiento que embargó al leer estas palabras; tuve la absoluta certeza de que había pasado dos horas con Jesús en la cárcel, y esto aumento mi convicción de estar llamada a trabajar a tiempo completo con las personas encarceladas.

Me dieron permiso para probar un año entero y fui a Nueva Orleans para un programa  CPE (experiencia clínica-pastoral) en la prisión local. El programa me aporto muchos elementos positivos, y con oración y discernimiento, me confirmo en la idea de que era una llamada de Dios. Mi provincial aceptó y llevo 26 años yendo a la cárcel en Cook County, trabajando principalmente con hombres y ocasionalmente con mujeres.

¿Quiénes son estas personas encarceladas?. Son gente normal,  acusados de crímenes que van desde conducir sin permiso hasta robo a mano armada y  asesinato, y que, bien el juez no ha pedido fianza, o no tenían dinero para depositarla y poder ir a juicio el día señalado. Por ello, pueden estar en la cárcel días, semanas, meses, incluso años antes de ser juzgados. La mayoría de los residentes en nuestras cárceles son pobres o pertenecen a un grupo minoritario.   Muy pocos tienen condena de mas de un año. (Los que tienen condenas mas largas van a una penitenciaria).

Por supuesto hay excepciones,  pero la mayoría de  los detenidos aquí se consideran unos fracasados:
    su familia los ha abandonado
    sus amigos los han abandonado
    ellos se rechazan a sí mismo.

Están desesperadamente necesitados. Necesitan oír hablar de un Dios de Amor, misericordioso y que perdona, que no los ha abandonado. Necesitan creer en  que su vida pueda cambiar. Necesitan esperanza y animo; necesitan gente que los trate con respeto y los escuche sin juzgarlos. Necesitan ver personas que intenten reflejarles, en la medida de lo posible, la imagen de un Dios tierno y compasivo. En resumen: como toda persona, necesitan ser amados.

¿Dónde encajo yo en todo esto? Mi primera idea fue sea capellán. Al inicio
de los años 70, el Cardenal Cody me dijo que había un sacerdote ejerciendo ese ministerio, y que estaría muy contento de tener hermanas y seminaristas como voluntarios. Pero yo necesitaba un sueldo, y pude encontrar el modo de tenerlo en mis tres prisiones.  Trabajo como consejera – trabajadora social: la mejor descripción de mi trabajo seria: “ servicio al cliente en K-Mart”. Hago todo lo que haría un capellán excepto presidir los servicios litúrgicos. Soy el contacto entre el  mundo exterior y los 500-600  hombres encerrados. Si hay una emergencia familiar o una muerte, me llaman. Si necesitan información sobre procedimientos legales, me llaman. La comunicación no es fácil para los que están en la cárcel, de modo que mi departamento procura ayudar lo más posible.

Cada ida recibo las peticiones de información, sea de la fecha del próximo juicio, la cantidad de la fianza, la fecha de la puesta en libertad, o la pregunta de si alguien esta aun encerrado después de que el juez lo haya puesto en libertad en el juicio del día anterior. Quizá tenía otro caso, quizá la oficina de datos cometió un error, y yo sigo el asunto hasta asegurarme de que haya sido liberado. Recibimos una interminable variedad de peticiones. Cuando tengo la respuesta, voy a las unidades de detención,  y recibo  a los que quiero ver o necesitan verme, y despacho los asuntos corrientes. A veces algún hombre esta muy deprimido y le pregunto si quiere pasar por mi oficina. Los internos no tienen un minuto de privacidad y necesitan una ocasión  para hablar o llorar en un sitio tranquilo. A veces, alguno me pasa una nota pidiendo ser cambiado de sección  porque se siente amenazado. La prisión es un microcosmos. Desgraciadamente hay en ella un gran problema de bandas, de violencia, a veces con heridos graves, y hemos tenido alguna muerte violenta. Por ello las notas que hablan de amenazas se toman muy en serio y se llevan inmediatamente al Director.

Hago lo que puedo para hacer a los internos una vida un poco más humana. Siempre tengo sobre la mesa una cajita con algunos dulces. Traigo libros en edición de bolsillo para los muchos que los quieren. La prisión es aburrida. Hay muy poco que hacer, poco mas que estar sentados en la sala de TV en grupos de 50 o 60.  También llevo publicaciones religiosas que muchos piden. Rezo diariamente por ellos, y con ellos cuando me lo piden, y muchos lo piden. En general los encuentro agradables, respetuosos y agradecidos por cualquier ayuda que pueda prestarles. Muchas veces resulta más fácil tratar con ellos que con algunos de los administrativos. Los internos saben que me intereso por ellos, lo agradecen  y responden.

Desde el día en que empecé a trabajar en la cárcel  he encontrado este apostolado muy satisfactorio. Y estoy inmensamente agradecida a Dios por haberme llamado a ello y a la Sociedad por permitirme responder a esta llamada y tener el privilegio de  trabajar con personas heridas  pero buenas que están detraes de los barrotes.

Rosie Dowd rscj
Provincia de los Estados Unidos
Última modificación ( 05.06.06 )
 

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