Perfil: Margot Bremer rscj, Provincia de Argentina - Uruguay Imprimir E-mail
02.05.06

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Un poco de historia

Vivo desde 1988 de manera fija en Asunción. En el año ´87, aún época de plena dictadura, los jesuitas me habían llamado al Paraguay para un semestre con el pedido de animar a la juventud en los barrios de Asunción a través de la Biblia, ya que todos los biblístas del país fueron expulsados por el régimen dictatorial. La ventaja era ser mujer, de la que aquí no se esperaba nada, y por lo tanto no era peligrosa. Vivía un mes en casa de los jesuitas y después con la Congregación paraguaya “Vida Evangélica”.

Comenzamos como Rscj en ´88 con una pequeña comunidad “fundacional” de a tres, perteneciendo a la provincia de Brasil: Pilar Repullés, Odette Matos y servidora.

Lo que me reveló del Dios de Jesús a través del pueblo paraguayo

En el Paraguay intento –en la manera posible- vivir la vida del pueblo junto con las vecinas y los vecinos de mi calle. Con esta forma de vida, muy unida a la del pueblo con todos sus problemas, junto con mi cotidiana profundización en la Biblia, llego cada día más a la convicción imperturbable de que la Pasión del Dios de la Biblia es el Pueblo, Su Pueblo.

Ya vine con un gran amor a mi pueblo alemán, a mi “valle”, a pesar de haber estado tantas décadas en el extranjero. Incluso me sigue doliendo, después de tantos años, no estar con mi gente, pero veo que la misión ahora está acá.  Por eso transformo aquel dolor en amor y servicio al pueblo paraguayo. He descubierto en mi convivencia con el mismo, que es muy amado por Dios, por su querer vivir la reciprocidad que pone al Otro al mismo nivel y por no poder realizarlo en este mundo de competencia, de “desarrollo comercial y tecnológico” y de “progreso”.

 En estos 17 años de convivencia con el pueblo paraguayo, el Señor me ha demostrado su gran Compasión por los pueblos débiles y pequeños de este mundo, como era el Israel bíblico y como es el Paraguay actual. Los paraguayos tienen una gran capacidad de relaciones humanas, su calidad humana y su sensibilidad es parecida al finísimo Ñandutí que las mujeres de aquí saben elaborar.

Las ONG se desesperan que el paraguayo común no aspira a grandes cosas, por eso lo consideran sumamente  “subdesarrollado”; sin embargo, en realidad él ha encontrado un “tesoro más grande”: las relaciones humanas sencillas, tan evangélicas. También existe el lado contrario: algunos del pueblo aspiran ferozmente a riqueza y poder; ellos representan el reverso de aquella cualidad del evangelio; destruyen enormemente el tejido social. Por su culpa existe un tan injusta distribución de los bienes nacionales; en eso existe la verdadera pobreza del Paraguay. En una situación de justicia corrupta, en que a ninguna instancia se pueda recurrir para reclamar sus derechos, situación de desamparo total, el pueblo busca su refugio en una imagen de Dios, a veces muy distinta a la mía; pero con una fe admirable se entregan a su voluntad divina y esperan en su divina providencia. Saben esperar con dignidad hasta que explotan de indignación. Muchas veces es interpretado como fatalismo por los extranjeros y por un mundo en que el ser humano quiere ser el hacedor y fabricante de toda la felicidad humana. Nuestro pueblo sencillo, sin embargo, deja a Dios ser el más grande aún, sabe sufrir con sentido profundo y ama la vida, justamente porque cada día tiene que luchar de nuevo por la sobre-vivencia.

El sentido que me da la vida en el Paraguay

Justamente este amor al pueblo paraguayo en el cual he encontrado la presencia de Dios y nuevos rasgos de su rostro divino, me da el sentido más profundo de vivir en el Paraguay. El pueblo paraguayo me ha dado otro enfoque y otro sentido de la vida. Acompañarle al pueblo paraguayo en su caminar por la historia con la Palabra de Dios, despertar la conciencia y la identidad de los jóvenes mediante cursos, talleres, clases, folletitos, artículos, veo como mi misión actual. Siempre estoy trabajando en equipo, por supuesto: con los jesuitas, CVX, algunas ONG, Coordinación de Pastoral Indígena, Conferpar, Instituto de Antropología Aplicada, CELADEC, etc. Reconozco que soy utópica, me lo dicen con cariño y les contesto: también hace falta, junto con otras cosas; me siento una pequeña porción dentro del conjunto de personas soñadoras que  busquan y colaboran en la construcción de Otro Paraguay. Por ejemplo formamos un equipo “Proyecto País” ya que el Gobierno no tiene ningún proyecto Nacional; estoy en la parte de Cultura junto con el P. Meliá SJ y otros.

Veo, desde el Evangelio y desde la experiencia de la vida, que si queremos cambiar algo, hay que comenzar a vivirlo en la casa chica. La “casa grande” se conformará de la articulación de las casas chicas. Los valores que deseamos para el nuevo Paraguay, si no los vivimos en propia casa, no existirán en la “casa grande”. Lo mismo vale a nivel geográfico: sé que el pueblo nuevo que soñamos, debe comenzar en su propio interior, y durante muchos años he dedicado mucho tiempo al mismo. Últimamente, por el cansancio de los viajes, no lo he hecho y me siento en deuda. Mi sueño es ir a vivir en el Interior de este país con el pueblo más marginado y olvidado.

Margot Bremer rscj
Provincia de Argentina - Uruguay

Última modificación ( 01.06.06 )
 

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