Relatos desde la mesa compartida: Con la toalla ceñida PDF Print E-mail
05 Apr 06
con la toalla ceñida
Toña Monzón rscj
provincia de España Sur
Aproximación bíblica y catequética a la eucaristía
Introducción
1. Como pan que se parte

2. El mejor de los vinos
3. Un puñadito de levadura
4. Leví y sus amigos
5. Ayunos o banquetes
6. Con la toalla ceñida
7. En torno al cordero pascual
8. Un festín en el desierto
9. Sentados a la mesa de la sabiduría
10. En los márgenes del camino
11. Un mendigo a la puerta
12. Una misma copa, una misma suerte


6. Con la toalla ceñida 


Nací en Cafarnaúm, un pueblo a la orilla del lago, y allí viví y trabajé muchos años hasta que me trasladé a Jerusalén e invertí mis ahorros comprando una casa en el barrio de los queseros. Era una vivienda amplia, con una gran sala en la planta alta y otra abajo donde instalé mi negocio de quesos, el oficio que había aprendido desde niño con mi padre.

En mis años de Cafarnaúm vivía cerca de la casa de Zebedeo el pescador, y me crié y jugué desde pequeños con sus hijos, Santiago y Juan. Dejé de verlos cuando me trasladé a Jerusalén, pero supe que habían dejado la pesca y a su padre, y que los habían visto en compañía de un tal Jesús, otro galileo de Nazaret, del que unos decían que era el profeta Jeremías redivivo, otros que Elías, y otros que era un loco revolucionario que acabaría malamente en manos de los romanos.

Un día volví a encontrarme con los dos hermanos en el mercado, y me hablaron con entusiasmo del Maestro, como ellos le llamaban, y del cambio que había dado su vida desde que lo conocieron. Era cierto que habían cambiado: tenían un fulgor nuevo en la mirada, como el de quien posee un secreto que le quema por dentro, y no hablaban de negocios, ni de mujeres, ni de cómo vengarse de los romanos que nos dominaban, sino de una nueva manera de vivir que su Maestro llamaba "Reino".

Nunca he sido amigo de novedades, y bastantes preocupaciones tenía con sacar adelante mi familia y mi negocio, así que no les presté demasiada atención, pero me enteré otro día de que, por culpa de su Maestro, se había armado un tremendo alboroto en la ciudad: había irrumpido en el templo y había echado de él a los vendedores y a los cambistas, y en Jerusalén no se hablaba de otra cosa.

Un gesto sorprendente

Al llegar la fiesta de Pascua de ese año, recibí la visita de los dos Zebedeos: su maestro, que debía haberles oído hablar de mí, me pedía la sala superior de mi casa para celebrar en ella la cena pascual. Intuí una situación de peligro en la que podía quedar implicado, y accedí a regañadientes, sólo por no negar hospitalidad a mis paisanos.

Llegaron al atardecer y subí yo también con ellos, por ver si necesitaban algo, y también por cierta curiosidad de conocer a Jesús. Puse como pretexto que tenía que disponer la jofaina, el jarro de agua y la toalla para que, según la costumbre, alguna mujer de las que les acompañaban, o un esclavo, les lavara los pies.  Ninguno parecía dispuesto a hacerlo, e incluso, antes de reclinarse en torno a la mesa y escoger los puestos, vi que discutían entre ellos sobre quiénes debían ocupaban los lugares de mayor importancia.

Ya iba a retirarme, cuando vi que uno de ellos, que supuse era el que les acompañaba en calidad de servidor, se quitaba el manto, se ceñía la toalla, y comenzaba a arrodillarse delante de uno del grupo para lavarle los pies. Se hizo un silencio repentino en la sala que sólo rompió la protesta de uno de ellos, que decía con fuerte acento galileo: - ¡Maestro! ¿Lavarme los pies tú a mi?
Me quedé perplejo: ¿Maestro? ¿Era entonces el famoso Jesús aquél hombre que se había ceñido la toalla? ¿Era verdad entonces lo que había oído comentar que él decía: - En el Reino el más importante es el que sirve, y los grandes son los que se hacen servidores de los otros?

A medida que seguía contemplando la escena, el asombro y el desconcierto se iban apoderando de mí: ¿qué modo de vida era el que enseñaba y practicaba aquél rabbi, y cómo se atrevía a sustituir los principios de honra o deshonra, de pureza o impureza, de patrocinio y preminencia que regían nuestro pueblo, por estos gestos de participación igualitaria, de ruptura de discriminaciones y jerarquías?

Dejé la sala sin comprender nada.  Entrada la noche, los oí cantar el himno de acción de gracias y los vi salir juntos en dirección al torrente Cedrón. Lo que ocurrió después lo conocemos todos y, los que más tarde nos decidimos a participar del Camino, seguimos recordándolo cada vez que nos reunimos a partir el Pan.  Y también intentamos hacer, en memoria suya, lo mismo que él hizo: ceñirnos la toalla del perdón y del servicio mutuos, y tener como lugar de preferencia el que nos pone a los pies unos de otros.

Tiempo para la palabra

“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber amado a los suyos del mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando el diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara, sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levanta de la mesa, se quita el manto y tomando una toalla, se la ciñe. Después echa agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. (...) Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y les dijo: -

¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho.” (Jn 13,1-5.12-15)

“Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: - Sabéis que entre los paganos los que son tenidos por jefes tienen sometidos a los súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre vosotros, antes bien, quien quiera entre vosotros ser grande que se haga vuestro servidor, y quien quiera ser el primero que se haga vuestro esclavo. Pues este Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos.” (Mc 10, 41-45)


“Un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se recostó a la mesa. En esto, una mujer pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, se colocó detrás, a su s pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con mirra. (...) Jesús, volviéndose a la mujer,  dijo a Simón: - ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado con sus lágrimas y los ha secado con su cabello. Tú no me diste un beso; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha ungido los pies con mirra. Por eso te digo que se le ha perdonado mucho ya que siente tanto amor. Que al que se le perdona poco, poco amor siente. Y a ella le dijo: - Se te perdonan tus pecados. Los invitados empezaron a decirse: - ¿Quién es éste que hasta perdona pecados?. El dijo a la mujer: - Tu fe te ha salvado. Vete en paz. “(Lc 7,1-39. 44-50)

“Seis días antes de la Pascua judía, Jesús fue a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado de la muerte. Le ofrecieron un banquete. Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy costoso, ungió con ello los pies de Jesús y se los enjugó con sus cabellos. La casa se llenó del olor del perfume. Judas Iscariote, uno de los discípulos, que lo iba a entregar, dice: - ¿Por qué no han vendido ese perfume en trescientos denarios para repartirlo a los pobres? (Lo decía, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como llevaba la bolsa, sustraía de lo que echaban). Jesús contestó: - Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura. A los pobres los tenéis siempre entre vosotros, a mí no me tenéis.” (Jn 12,1-8)


Tiempo para otras palabras

Tener parte con Jesús. “Juan, preocupado porque el único rito de la comunidad fuera celebrar la vida, en lugar del relato de los gestos de Jesús con el pan y la copa, pone el lavatorio de los pies como el gesto más significativo de la Cena. El que había servido a todos a lo largo de su vida, siguió fiel a ese servicio hasta la muerte para que los discípulos vivan lo mismo que él: “Si yo os he lavado los pies, también debéis lavaros los pies unos a otros, porque os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho” (Jn 13,14-15). Los discípulos fueron descubriendo que Jesús, en la Cena, celebró lo que había estado viviendo y lo que estaba dispuesto a vivir por el amor del Padre y de los hombres: su ser entregado por la vida del mundo – “El pan que voy a dar es mi carne para que el mundo viva” (Jn 6,51). Cayeron en la cuenta de que, quien no entraba por la dinámica del servicio al hermano, “no tenía parte con El” (Jn 13,8). Y, al fin, aprendieron que hacer lo mismo que El, no consistía en repetir materialmente los gestos de la Cena, sino en asimilar su vida entregada, viviendo entregados a los demás.” (J.BURGALETA) 1

Tiempo para orar

Entra en la "habitación de arriba" de la casa en la que Jesús está reunido con sus discípulos para comer juntos la cena de Pascua. Lucas dice que también allí discutían sobre cuál de ellos era el de mayor categoría (Lc 22,24-27), y sabemos por el evangelio de Juan que Jesús realiza un gesto silencioso, como los que hicieron los Profetas cuando sus palabras no eran escuchadas y recurrían a acciones simbólicas.

Contempla a Jesús levantándose, quitándose el manto, ciñéndose la toalla, tomando la jarra y la jofaina y poniéndose de rodillas delante de cada uno de los discípulos para lavarles los pies. Es su manera de estar ante "lo sucio" de los  otros, ante sus defectos, sus fallos, sus pecados... Todo eso que a nosotros nos lleva a juzgar con severidad, a criticar, a distanciarnos, a él le impulsa a acercarse, a ponerse de rodillas para lavarlo y devolver al otro la posibilidad de continuar caminando.

Escucha su diálogo con Pedro que se resiste, como tú, como casi todos nosotros, a entrar en ese "juego del Evangelio" en el que todo es al revés : "Si no te lavo, no tienes parte conmigo...". Graba en tu corazón esa ley del Reino: sólo "tiene parte con Jesús" el que se pone de rodillas a su lado para lavar los pies de los más pequeños.

Pídele al Padre y luego a María que "te pongan con su Hijo" precisamente ahí...

Tiempo para compartir y celebrar la fe

Con niños.
Empezar por la actividad de dibujar cada uno la silueta de su mano en un papel y recortarla. El catequista pone en la pizarra o en un mural la frase: !Echame una mano! y, de dos en dos, los niños van escenificando lo que para ellos significa, y los demás lo adivinan. Al final, narrar el lavatorio de los pies y dejar un silencio para que cada niño dé gracias por las veces en que Jesús "le ha echado una mano" y pida hacer lo mismo con los demás.

Con jóvenes o adultos
Después de leer la narración "Con la toalla ceñida", se puede  reflexionar sobre la expresión: ¡Echanos una mano! Se trata de un grito que otro nos lanza y que nosotros también lanzamos en muchas ocasiones. Pero para "echar una mano" a alguien, necesitamos tenerlas libres  y podemos preguntarnos: ¿qué tenemos en ellas? ¿en qué las ocupamos?  Pueden estar siempre dedicadas a retener, guardar, agarrar..., y entonces difícilmente podrán ayudar a los demás (se puede ir escenificando); pueden estar atadas (empapelárselas a uno del grupo con papeles y cinta adhesiva); o con guantes para protegernos y no mancharnos...
El grupo puede seguir buscando ejemplos y situaciones, y evocar también actitudes de vida que pueden expresar las manos: violencia, súplica, ofrecimiento, compasión, ternura, generosidad, paternalismo, imposición, amistad...2

  1. Tomad, comed y vivid el amor, Madrid 1989, p.12 
  2. Cf. A. GINEL, Más allá de la palabra. Gestos y dinámicas para la catequesis , Madrid pp.55-56 
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maria gorete da rocha   |190.49.41.xxx |2008-03-11 21:35:43
50-1




Con la toalla cenida

Luli de Silva rscj | 2006-04-06 23:15:09
Muchas gracias Dolores por compartir con tanta sencillez. Tus relatos desde la mesa compartida me han ayudado a mi oraci? a mi apostolado. Gracias de nuevo


Reply






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maria gorete da rocha  - cuando nao se sabe o que fazer   |190.49.41.xxx |2008-05-06 09:52:51
gostaria de pedir oracao por mim pois estou muito aflita com uma filha rebelde, estou na Argentina, sou missionària evangelica, estou passando uns tempos bastante difìcil com esta filha, meu esposo esta enfermo, peco oracao, obrigado.
Luli de Silva rscj  - Con la toalla cenida   |201.133.30.xxx |2006-04-07 01:15:09
Muchas gracias Dolores por compartir con tanta sencillez. Tus relatos desde la mesa compartida me han ayudado a mi oración y a mi apostolado. Gracias de nuevo
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