Semana santa y Pascua - Holy Week and Easter - Semaine sainte et Pâques 2006 - 9 de abril Print E-mail
02 Apr 06
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9 de abril: Domingo de ramos

Mc 14,1-15,47

Una Pasión que acompaña

El relato de la Pasión en Marcos comienza diciendo que faltaban dos días para la Pascua, pero que los sacerdotes y letrados andaban ocupados buscando la forma de acabar con Jesús. Una versión actualizada del Evangelio podría decir: “Faltaban dos días para la semana santa. Los católicos “no estaban puestos” para eso, andaban preocupados buscando la forma de aprovechar mejor las vacaciones, o incluso ocupados consiguiendo el incienso, las estaciones del viacrucis y los cirios pascuales para las celebraciones”. Sin embargo recordar, traer al corazón la Pasión, puede ser más que eso. Puede hacernos mucho bien, aunque su carga de realismo nos incomode.

Al inicio de la narración una mujer, evidenciando la amenaza que se avecina, realiza con Jesús un gesto, derroche de cercanía y de ternura, que lo prepara a vivir la Pasión. En el intermedio, los discípulos prometen jactanciosamente fidelidad, pero más tarde traicionan, huyen, niegan, abandonan. Jesús siente una tristeza honda, pide compañía cuando no sabe qué hacer; es humillado, torturado, burlado, interrogado y condenado injustamente. (Para imaginar lo que fue no hacen falta películas de Gibson; basta ver en los noticiarios los abusos cometidos en la base naval de Guantánamo, en la frontera de Gaza o las muertes por violencia familiar...). Al final del relato, durante la agonía de la cruz, solo pueden permanecer ahí las mujeres, con los ojos puestos en el que aman, hasta mirar el lugar donde coloquen su cuerpo.

Como las mujeres, el Evangelio quiere prepararnos con el recuerdo de Jesús, a asumir los riesgos de dejar que nos invada la misma pasión de Dios por la Vida de cada ser humano. En la angustia mortal de Getsemaní, lo mismo que Jesús pide la compañía de Pedro, Santiago y Juan, sabiendo que su debilidad puede dormirlos, Dios cuenta con nosotros para hacerse presente a los que también sienten que han llegado al límite. Su grito desde la cruz: ¿Me has abandonado?, está ahí para hacernos saber que no somos los únicos que se esfuerzan por mantener la fe, increpando a Dios cuando parece ausente.

Como los sacerdotes y letrados, querríamos poner condiciones para  creer que Dios actúa en la historia: si veo que los crucificados pueden bajarse solos de sus cruces, sin que yo tenga que hacer nada, entonces creeré. Y tomando el lugar de la fe que dejamos vacío los creyentes, cualquier ateo soldado, viendo cómo mueren, podría testimoniar mejor que nosotros que son hijas e hijos de Dios; no del todopoderoso, sino del Padre que se sitúa del lado del no poder.

Faltan unos días para la Pascua, la Pasión está aquí. Nosotros, ¿para qué estamos puestos?

Ana Morales Pruneda rscj
Área de Cuba



Last Updated ( 22 Mar 06 )