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06.03.06
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carta

Los religiosos y religiosas
en el mundo de la pandemia HIV/SIDA,
entre el compromiso, desafíos y profecía

0603-5
Sophie Maille rscj
dar – recibir

Articulo
Introducción

“Llegó junto a él, y al verle tuvo compasión” (Lc. 10,33)

El tercer milenio ha despertado en nosotros religiosas/as una “urgencia”: encontrarnos juntos y aunar nuestras fuerzas, nuestras expectativas y esperanzas para reflexionar en un tema que para nosotros es de vida. Esa vida que tocamos cada día y que deseamos servir; vida que en circunstancias y maneras diferentes ha sido herida por la pandemia HIV/SIDA. Este deseo se ha convertido en realidad: un grupo de 40 religiosos/as, provenientes de varios países y Congregaciones religiosas diferentes, se han reunido en Roma del 12 al 14 de diciembre 2005

para un encuentro bajo el título “Los religiosos/as en el mundo de la pandemia HIV/AIDS, entre compromiso, desafíos y profecía”; encuentro organizado por la Comisión de Salud de las dos Uniones de Superiores Generales UISG – USG a las que están vinculados casi 2000 Institutos de Vida Consagrada, con un total aproximado de un millón de personas presentes en muchos campos diversos y en varios continentes.

A nuestro encuentro asistieron también algunos representantes de Caritas Internacional y de la UNAIDS1 organismos con los cuales estamos construyendo un diálogo.

El encuentro nos ha llevado al corazón del mundo. En estos días hemos escuchado el clamor que nos llega de tantos hermanos y hermanas, hemos compartido experiencias, esperanzas y preocupaciones y una vez más nos hemos encontrado con los dos iconos significativos para nuestra realidad : el Buen Samaritano y la Samaritana, que fueron presentados en el Congreso de Vida Religiosa del año pasado y cuyo fruto es nuestro encuentro.

Vemos que este momento es una llamada a la profecía: a hablar con valentía de una realidad que nos interpela pero que a la vez tratamos de negar o de huir. La pandemia nos desafía a nuevas formas de pobreza radical en el compartir el sufrimiento y el drama de una gran parte de la humanidad, y nos invita a un amor incondicional.

Como el Buen Samaritano, nosotros también, desde el principio de esta tragedia inmensa de nuestro tiempo, nos hemos parado a socorrer a muchas personas abandonadas y medio muertas al borde del camino, guiados por la pasión común por Cristo y por la humanidad. Al mismo tiempo reconocemos que también estamos entre los heridos, como personas vulnerables marcadas por la fragilidad y los límites. De hecho, el SIDA no está solamente fuera, sino que está dentro de nuestra propias comunidades.

Como la Samaritana somos conscientes de que la fe es el “agua viva” que puede responder a tantas preguntas sobre el sentido de la vida, la enfermedad y la muerte, que da capacidad de amar y perdonar, mientras nos recuerda que también las personas que hemos encontrado nos han dado mucho, nos han comunicado una gran riqueza humana y espiritual. Nuestro servicio ha sido un intercambio de dones recíproco.

Hemos sido confirmadas en nuestro compromiso con la convicción de la necesidad de movilizar nuestras energías y delinear nuevas estrategias de colaboración entre nosotros para el futuro, superando divisiones e individualismos. En la lucha de la pandemia HIV/AIDS, que se presenta con desafíos extremamente vastos y variados, cada Instituto tiene que aportar su cooperación extrayendo con creatividad a su propio carisma.

La realidad

“Dame de beber” (Jn 4,7)

 El SIDA ha sido considerado por la OMS2 como uno de los tres principales peligros para el planeta junto a los riesgos climáticos y nucleares. La situación de la infección de HIV/SIDA en el mundo (datos del Informe UNAIDS 2005), es la de una epidemia en curso de expansión, con gran incremento del número de personas infectadas en Europa del Este y en Asia. Existen también otros signos alarmantes en el Pacífico. El número elevado de personas que corren riesgo en este campo hace urgente nuestro compromiso en programas de prevención y curación, que lleven a un cambio de conducta.

En diciembre del 2005 el número aproximado de personas que viven con HIV es de 40 millones, de los cuales casi 5 millones de casos nuevos en el 2005. El SIDA ha matado ya a 25 millones de personas desde que fue descubierto en 1981. El aumento de nuevos casos y el hecho de que las personas con HIV + sea muy elevado, hace evidenciar que los esfuerzos de prevención han disminuido entre grupos de riesgo y especialmente entre los jóvenes. Aunque existen nuevos casos en cada parte del mundo, el Africa Subsahariana es uno de los países más asolados por la enfermedad, con casi 26 millones de personas HIV +, lo que significa que casi dos tercios de la población viven con el SIDA. El número creciente de huérfanos por el SIDA, de familias cargadas de niños, de abuelos que cuidan a sus nietos huérfanos y el gran peso de sufrimiento que soportan tantos niños en África, es una preocupación creciente para todos nosotros. Tenemos el desafío del aumento de mujeres atacadas por esta pandemia: el 50 % de las personas que viven con el virus son mujeres, y son ellas las que pagan el precio más alto de esta situación.

La prevención, centrada en la educación a la vida y a la sexualidad, debe hacerse de forma  clara y completa a los grupos juveniles y a aquellos de mayor riesgo, principalmente en áreas donde la marginación y la pobreza hacen más vulnerables a la infección de HIV a personas que para sobrevivir se ven sometidas al comercio del sexo o que tratan de “escaparse” con el uso de las drogas.

Las respuestas a HIV/AIDS han aumentado y mejorado notablemente en los últimos diez años, aunque si todavía no están al ritmo de una epidemia que constantemente va empeorando. El acceso a los medicamentos retrovirales ha aumentado pero sólo son asequibles en los países más ricos, sin embargo la situación es diferente en los países pobres de Europa del Este, América Latina, en gran parte de Asia y virtualmente en toda el Africa Subsahariana.

Respuestas y desafíos

“Y acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino” (Lc 10.34)

El estigma y la discriminación minan todavía hoy una prevención efectiva creando un clima que favorece el aumento de la pandemia. Estos desafíos piden la cooperación efectiva de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, de agencias internacionales con ONG3 y OBF4, la cooperación de cruce de culturas y el compartir los recursos que puedan garantizar una cura mejor, la educación y prevención  poniendo juntos nuestra creatividad humana.

En esta colaboración nosotros religiosos y religiosas podemos ofrecer particularmente nuestra riqueza experiencial inspirada en los valores evangélicos. Proponemos poner el acento en lo específico de la vida religiosa que nos lleva a :

  1. ser y crear “puentes” para un diálogo mutuo
      • dentro de las Congregaciones, Iglesias locales, Organismos sociales, Gobiernos...
      • con las personas : proximidad, cercanía, relación vital, escucha para comprender el problema, cuidados (cf. Icono del Samaritano)
      • con las culturas, para descubrir y hacer surgir los valores sin tratar de importar todo de fuera (cf. Icono de la Samaritana)
  2. armonizar la respuesta a la urgencia de la pandemia con un enfoque integral a las varias facetas del problema, que sin duda requiere mucho tiempo.
  3. acoger el desafío a la conversión, para nosotros religiosos/as, frente al problema que alcanza nuestra interpretación de la enfermedad, venciendo la ignorancia y la tendencia a la “moralización”, y acoger con humildad la realidad de la presencia de la enfermedad dentro de nuestras comunidades.
  4. ser profecía acogiendo las exigencias que esta enfermedad pone en el ámbito pastoral y profundizando la reflexión teológico - pastoral suscitada por el HIV/AIDS.

Estrategias de acción

  1. Sensibilizar a todas las Congregaciones, a la Iglesia, sobre el hecho de que el SIDA es una realidad compleja que va más allá del aspecto médico, incluye la educación, las condiciones sociales, económicas, políticas, de justicia, por lo tanto es responsabilidad de cada uno. Es por esto que el HIV/AIDS va integrado en nuestros programas pastorales, en nuestra enseñanza, homilías, cuidados, programas de desarrollo social y programas de promoción de la justicia.
  2. Continuar con el plan “mapa”5 y pedir a las comunidades religiosas que delineen su programa activo para el futuro en este campo, según su carisma específico.
  3. Colaborar y trabajar en red entre nosotros y con otros grupos, continuando la línea de este acontecimiento inicial creando un forum más amplio para activar las decisiones recomendadas.
  4. Aprender los unos de los otros las estrategias mejores, como las que hemos oído en estos días: programas de prevención, educación sexual y por la vida, formación de los jóvenes, cuidado de los enfermos, integración de los niños HIV/AIDS en la sociedad, especial atención a los huérfanos y cura de los niños también en el campo del counselling6; integración en el sector de la investigación, programas de apoyo para las mujeres, para los enfermos y para sus familiares, etc...
  5. Comprometernos en “abogacía”7: para buscar fondos; para el acceso al tratamiento de grupos más vulnerables y que todos puedan tener acceso al tratamiento ARV8 y a las otras curas indispensables; para la prevención.
  6. 'Utilizar la página Web de Justicia y Paz (UISG-USG) y establecer lazos con el sito de las diferentes Congregaciones y otros organismos católicos que están comprometidos en la respuesta a la pandemia.
  7. Prestar atención a la llamada, para la cura pastoral/humana en la pandemia: cuidado de los enfermos y de los moribundos de SIDA, solicitud por aquellos que les cuidan, por las personas seropositivas y por los que se quedan huérfanos. Organizar jornadas de apoyo, de oración de sanación y grupos de apoyo para los familiares.
  8. Formación específica en los cursos de preparación del personal sanitario y para el cuidado pastoral. En nuestras casas de formación crear programas que incluyan, junto al desarrollo personal y religioso, cursos específicos de HIV/AIDS. Para crear modelos que otros puedan seguir.
  9. Los Superiores de las Congregaciones establezcan líneas orientativas para ofrecer apoyo a sacerdotes, hermanos y religiosas que viven con el virus.
  10. Afrontar la problemática del estigma y de la discriminación a través de una seria reflexión teológica y pastoral, ofreciendo nuestro testimonio de compromiso con las personas que viven con HIV.
  11. Trabajar en colaboración con los que viven con enfermos de HIV/AIDS, con otros organismos católicos que están comprometidos en la respuesta a la pandemia, con personas y estructuras de otras denominaciones y grupos de fe, gobiernos, agencias internacionales (como UNAIDS, OMS, el Fondo Global para la lucha contra el SIDA, Tuberculosis y Malaria), y la sociedad civil.

Conclusión

En noviembre del año pasado, el Papa Benedicto XVI, refiriéndose a la jornada mundial del SIDA, declaró que las estadísticas de las personas que padecen SIDA son “realmente alarmantes”. Y continúa diciendo: “Siguiendo de cerca el ejemplo de Cristo, la Iglesia ha siempre considerado el cuidado de los enfermos como parte integrante de su misión. Por lo tanto, apoyo las múltiples iniciativas promovidas especialmente por las comunidades cristianas para la erradicación de esta enfermedad, y estoy cerca de los que sufren el SIDA y de sus familias, invocando sobre ellos la ayuda y el conforto del Señor.”

Tenemos la firme esperanza de que esta iniciativa sea sólo la primera etapa de un largo camino que debemos hacer y que juntos hemos de continuar. Nuestra esperanza es que otras Congregaciones que no están específicamente comprometidas en el ministerio de la salud puedan responder a esta llamada según su carisma específico. También somos conscientes de que la respuesta de las Congregaciones ya comprometidas necesita ser mayormente unificada tratando de superar la actual fragmentación de los compromisos existentes.

¡Más de 40 millones de personas que sufren de SIDA nos miran con esperanza!

 

Roma, 15 de diciembre 2005
Por los participantes:

Fr. Frank Monks MI
President of the Health Commission
UISG/USG
Sr. Maria Martinelli CMS
Group Co-ordinator
UISG/USG


1 Agencia de las Naciones Unidas para el Sida

2 Organización Mundial de la Salud

3 Organismos que no son del Gobierno

4  Organismos basados en una fe

5 Uno de los fines del proyecto del SIDA de las Uniones es conocer y dar a conocer todas las actividades que los religiosos están llevando a cabo en el mundo en la lucha contra el HIV/SIDA. Para ello se enviará a las Comunidades religiosas un cuestionario como instrumento fundamental para poder obtener un cuadro completo, un mapa, de todas nuestras iniciativas.

6 Apoyo psicológico-espiritual

7 Asistencia, hablar por, apoyo, animar

8 Fármacos antiretrovirales, específicos para la cura del SIDA

      



Última modificación ( 08.05.06 )
 

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