Provincia de Bélgica- Holanda | Este proyecto nació hace cuatro años, inspirado en el proyecto de nuestras hermanas de España. La sensibilización de los jóvenes a las relaciones justas entre el Norte y el Sur, a la deuda, al desarrollo sostenible, a la integridad de la creación, a un camino espiritual, etc. es un reto estimulante y una bonita misión educadora. Después de los primeros años de trabajo en este proyecto, ahora deseamos reforzar la formación en el diálogo intercultural sobre estos diversos temas, tanto en el norte como en el sur. El Capítulo 2000 nos invitaba a ello. Los testimonios que vienen a continuación nos lo muestran también. Pero antes de ir al Sur, los jóvenes se acercan a realidades del Norte haciendo voluntariados cercanos a personas desfavorecidas. También hacen la experiencia de una comunidad multicultural, participando en la celebración eucarística de la comunidad cristiana del barrio o en el campo de familias de La Ramée durante las vacaciones de verano. Tanto en el Norte como en el Sur se les ofrece un seguimiento personalizado a cargo de una hermana del Sagrado Corazón. Somos conscientes de que acoger a una joven es un compromiso exigente para una comunidad. De verdad esperamos suscitar una real colaboración con nuestras hermanas del sur para que envíen sus jóvenes al norte o para que nos interpelen sobre otras iniciativas solidarias de desarrollo. Bénédicte Goorissen rscj Xuân Nguyen rscj
Projet de Solidarité Nord-Sud | Cinco jóvenes comparten sus experiencias:  | rscj. Tchad
| Mi deseo: Caminar hacia una mayor lucidez, mayor responsabilidad como ciudadana del mundo Me llamo Natalia, tengo treinta años, soy veterinaria de profesión, especializada en la gestión de la fauna salvaje y del entorno. Llevada por mi espíritu un poco salvaje, me marché por primera vez con la mochila a la espalda en dirección a Africa. Se trataba sobre todo de una búsqueda de la Aventura, la que se encuentra en las novelas o en las películas, mezclada con deseo de grandes espacios y de libertad. La justicia y la igualdad son temas que me habían interpelado desde muy pronto. Pero durante mucho tiempo sólo veía en ellos una cuestión de opción personal, una manera de ser, de comportarse, una especie de respeto al otro, que había que mantener en cualquier circunstancia. En aquel momento, el compromiso social me parecía, ante todo, una profesión. La mía consistía en cuidar el entorno; ¡cada uno a su trabajo! Desde hacía año y medio, vivía en Botswana, empleando la mayor parte de mi tiempo en las reservas naturales y en los parques nacionales del país. Hasta que un día me indicaron que debía trasladarme a Harare, capital de Zimbabwe. Otro país, otras gentes, otro contexto político-económico. Allí, lejos de la naturaleza y su esplendor, abrí por primera vez los ojos sobre la realidad de “la población local”, y sobre el foso, creado por el azar de los nacimientos, entre ricos y pobres, entre blancos y negros. Y ahí empezó todo. Y cuando me crucé con la mirada de aquel niño pequeño de los caminos, mendigando en una esquina de la ciudad, tomé definitivamente conciencia de que yo también tenía un papel a jugar en todo esto. Tan modesto como se quiera a escala mundial, pero a la medida de lo que yo soy capaz de dar. Unos meses más tarde, volví a Bélgica. Me puse en contacto con diversas organizaciones humanitarias. Estaba decidida a “empezar por algún proyecto”. Pero pronto me hicieron comprender que la buena voluntad no basta. Entonces decidí adquirir un poco de experiencia enfocando el problema por otro lado: “¿quieres ayudar a la gente? Pues bien, ayuda a la gente de aquí. Los problemas aquí no faltan...” Me puse en contacto con la asociación “Transmission” que recoge información sobre la mayoría de las asociaciones de Bruselas. Sentía la necesidad de trabajar especialmente con mujeres y niños. Me dirigí a la alfabetización de adultos y ayuda en los trabajos escolares. Fue así como un buen día llamé a la puerta de la Communauté des Potiers- situada en un barrio con un fuerte contingente de inmigrantes- que trabaja esencialmente con mujeres musulmanas. Así conocí a Aicha, Myriem, Yamina y todas las demás... y me di cuenta de que había hecho una buena elección: el sentimiento de ser útil da alas. Voluntariamente quise que esta experiencia fuera corta, porque en el fondo tenía siempre la idea de “volver” a África. Durante este período seguí dos tipos de formación que me prepararan para la ayuda en el desarrollo. La Comunauté des Potiers presenta su propio módulo de reflexión sobre este tema, y nuestras numerosas conversaciones me permitieron ver mas claro en mi deseo de compromiso. Otro tiempo de formación en la asociación Iteco, me abrió también los ojos, tanto sobre la noción de ayuda al desarrollo, como sobre mi motivación para querer “volver” “a Africa. Desde hace cuatro meses, vivo en el Tchad. Mientras mi compañero, ecólogo, trabaja en un proyecto sobre el medioambiente basado aquí, en N’djamena, yo intento poner en práctica lo que me había enseñado mi experiencia de vida asociativa en Bruselas, y las numerosas reflexiones y conversaciones que acompañaron mi estancia en el país. Actualmente trabajo para un grupo pequeño de mujeres que desean poner en marcha su propia escuela de alfabetización. También sigo las actividades de numerosas pequeñas asociaciones que trabajan en N’jamena. Aquí la vida asociativa es excepcionalmente dinámica. Al mismo tiempo de un modo cruel carece de medios financieros, pero hay buena voluntad, iniciativa, rebelión frente al orden establecido, corazón y valentía. Espero que yo aportaré algo con mi acción, pero lo que sé de antemano, es que, sobre todo, seré yo quien va a cambiar a lo largo de esta experiencia. Mi deseo actual es: avanzar hacia mayor lucidez y mayor responsabilidad, como ciudadana del mundo. Hay mucha tarea, todo el mundo lo sabe. Y los verdaderos enemigos de un desarrollo justo, no están siempre donde parece. Así, a veces, la ayuda internacional, a menudo mal cribada, ayuda más a sus generosos donantes que a los países “pobres” a los que está destinada... Nathalie Van Herle (Chad, 2002, 30 años) Contrastes Me gustaría compartir algunas impresiones de mi carnet de ruta sobre la estancia en Beni-Ebeid, en el Alto Egipto. Un campesino sobre su asno con las alforjas llenas de caña de azúcar, hablando por su teléfono móvil, o bien una televisión de pantalla grande en una casa de barro cocido... son un tipo de imágenes del Alto Egipto que me han marcado. El contraste enorme entre la modernidad y el tipo de vida de la aldea, como en Beni -Ebeid, donde se utiliza internet, pero no se puede escribir con un lápiz. También se nota este enorme foso cuando se pasa del Alto Egipto al Bajo. No vale la pena repetirlo, pero son como dos mundos aparte. El mundo del campo donde hay que vivir en función del sol y de la Naturaleza..., ese clima cálido del país que se reencuentra en su comportamiento, siempre acogedor y dispuesto a ofrecer todo lo que se tiene: “Etfaddali!” es sin duda la primera palabra del vocabulario que un egipcio aprende. Es increíble como los habitantes del Alto Egipto se conforman con poco y llegan a arreglárselas con casi nada. Siempre habrá una solución para todo - o en todo caso se conformaran con “Maalech”, que significa que finalmente la cosa no es tan grave. Los ancianos se contentaron de estas costumbres y se han dejado llevar, pero algunos jóvenes no están satisfechos con ello, sobre todo si han tenido la suerte de visitar El Cairo o, sencillamente, ver la televisión. En resumen, todas estas tradiciones les hacen vivir y dan color a la vida. Yo entiendo que no quieran dejar su país, su aldea o incluso su familia aunque no sea más que por estos rituales tan simpáticos y de convivencia. A veces están mezclados de supersticiones (evitar el mal de ojo, alejar los malos espíritus), pero estas costumbres permiten salir de la vida cotidiana y hacer fiesta. Tienen un aire feliz y parecen estar mucho menos depresivos que la gente del los países del norte. El sol y la energía les hacen a vivir y crean una atmósfera distendida, porque todo el mundo vive fuera de casa, quizás unos encima de otros, pero juntos. Tienen un gran capacidad de soportarse unos a otros, mientras que yo soy incapaz.” Hortense Dayez (Egipto, 2002, 18 años) Ir al encuentro del otro Etapas de la comunicación intercultural Etapa 1. Estado que consiste en ignorar las diferencias. Etapa representada por actitudes de este tipo : « nuestra manera de hacer es la mejor » Etapa 2 : Estado de conciencia sobre la diferencia. Conciencia adquirida gracias al contacto intercultural, a la comunicación y a la observación : « los otros tienen maneras de hacer diferentes » Etapa 3. Estado que consiste en aceptar, en valorar y en utilizar positivamente la diferencia : « permitiros trabajar juntos de manera común y enriquecedora » Etapa 4: Estado que consiste en aceptar, a valorizar y a utilizar la diferencia de manera positiva: “trabajemos juntos, de manera comunitaria, que enriquece. En « ¿Yo, racista !?, Comisión Europea » | Se habla a menudo de respeto, de tolerancia, de aceptación del otro en su diferencia. Pero si realmente se quiere hacer la experiencia de abrise a otra realidad, hay que ir bastante más allá de todo eso. En cierto modo hay que aceptar olvidarse de sí para volver a partir de cero. Es un nuevo mundo el que se abre a nosotros y se tiene mucho que aprender de los otros. Recuerdo haber haberlo sentido así, como una recaída en la infancia, y haber tenido que aprenderlo todo de nuevo : a comer, a lavarme, a vestirme, a dar los buenos días. Esto no es evidente, y además de volver a aprender todo, hace falta poner en paréntesis los valores que guían nuestra vida, nuestros principios, nuestras leyes de conducta social, nuestra ideas preconcebidas. Como buena alumna llegué a la India, experimentado todas las diferencias posibles a nivel escolar y me he encontrado frente a personas que no comprendían nada de lo que yo hablaba. Las formas de educación que han sido el polo principal de nuestra vida no tienen a veces ninguna importancia en la vida del otro. Igualmente he sido llevada a sostener conversaciones con pueblos tribales que no tenían ninguna noción del dinero, dado que se contentaban con vivir de la cosecha de arroz anual sin participar en ninguna forma de comercio. Mi opinión sobre la educación y el dinero ha dado vuelta de campana, pero también mi idea de la belleza ( por ejemplo, una mujer india guapa es blanca y muy de carne ?) y de las normas de educación ( se invita uno a casa de los otros, se come con los dedos). Hay que estar dispuesto a acoger una realidad que nos sobrepasa y para ello intentar verla a través de los ojos del otro. He tenido la ocasión de descubrir una sociedad sumamente rica en puntos casi extinguidos en nuestras sociedades occidentales, como - la generosidad espontánea (los niños se pelean por ofrecer a sus profesores una parte de su colación),
- una acogida extraordinaria: en la cultura india, el invitado, sea quien sea, esperado o no, debe ser tratado como un dios,
- un sentido de la familia y de la comunidad, fuera de lo común.
Muchas cosas me han chocado también y me han llevado a la rebelión. Me ha hecho falta, y eso ha supuesto un cierto tiempo, ponerme en el lugar de los otros para comprenderles. - Hay cantidad de novicias jovencísimas: la vida religiosa es muy atractiva pues supone una promoción social para la mujer india, en ese estado de vida es respetada, puede trabajar viajar y vive en condiciones de vida muy superiores a la media de la población.
- Cualquier persona tiene a su cargo muchachas de servicio que hacen de todo: corresponde a quien tiene medios el hacer que los otros puedan aprovechar de esa riqueza, ofreciéndoles trabajo.
- Los jóvenes no tienen o tienen poca ambición: el sistema de castas que, aunque abolido, quita a los jóvenes la posibilidad de soñar con un futuro mejor. Además la mayor parte no han visto más que su aldea y no sabrían imaginarse una vida diferente de la de las generaciones anteriores.
- Los niños sirven a los mayores : nada del reino del niño-rey y nada de las casas de reposo donde nosotros arrojamos a los viejos. Allí a los ancianos se les debe todo.
- La gente compra la televisión antes que el frigorífico : la TV es un signo de riqueza y es entretenida.
Así es como he aprendido que hay muchas maneras de ver y que la nuestra no es forzosamente la mejor. Para abrirse al otro hay que olvidarse de sí y aceptar una relación igualitaria. Hay tanto que recibir como que dar. He tenido la ocasión de vivir verdaderas amistades con personas totalmente diferentes de mí : una musicóloga india y rica, una religiosa joven y una muchacha de servicio. Estas amistades han sido experiencias humanas sumamente enriquecedoras. Odile Dayez (India, 2004, 18 años) "Contempla a Jesús en su rostro, verás cómo nos ama” Este es el “consejo” que nos da Sta. Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Mirar a Jesús, contemplar Su Amor, mirar su sufrimiento – ha sufrido y continúa sufriendo por nosotros y con nosotros –mirando a mis hermanos y hermanas, los seres humanos. Yo he podido experimentarlo en el otro extremo del mundo... He pasado dos meses en R.D.C. (Congo), en Gombe, en una comunidad de rscj y he realizado un pequeño apostolado en un centro para personas discapacitadas. Todo empezó por un deseo en el corazón, el deseo de retirarme, de tomar distancia, de ponerme a la escucha y por qué no “de ser útil”!. Un deseo también de entrar en “un caminito”, el de la confianza y el abandono... abandonarme a “Nuestro Padre” que sabe lo que necesitamos. Ha sido también un tiempo que me ha permitido mirar a Maria,- Nuestra Señora- está muy presente en la cultura africana- y dejarle enseñarme con paciencia la dulzura, la constancia en la fe, la acogida del Amor de Dios y de mis hermanos y hermanas, a través de los cuales Dios pasa. Aprender a entrar poco a poco en el designio de Dios para hacer « no mi voluntad sino Su voluntad » y mantenerme dispuesta a « ser la sierva del Señor”. He vivido pues una experiencia espiritual fuerte y ha sido también una experiencia humana rica. En Africa las relaciones humanas son sencillas, verdaderas y soleadas. Al ser “mundele” (blanca) no siempre ha sido fácil, dado que el “blanco” representa para ellos riqueza material. Pero una vez pasado este estadio se pueden hacer relaciones profundas. También he tenido que superar el estadio de “qué van a pensar los otros acerca de mí”?. Ha sido por lo tanto una experiencia que me ha ayudado a adquirir “seguridad”. Pero hay que tener cuidado, dado que “el blanco” está aún puesto en un pedestal como quien lo sabe todo. Por eso a través de relaciones auténticas hay que mostrales que ellos tienen enormes riquezas, y trabajar en colaboración : intercambiando lo que sabemos... ¡Otra experiencia enriquecedora! Ha sido también aprendizaje de la « pobreza » - que no es solamente material, por lo demás - : aprender a prescindir de la propia comodidad, a prescindir de los objetos que se han olvidado o aprender a pedir : pedir prestado, preguntar cómo hacer esto u lo otro... El aprendizaje de la vida en comunidad: que es el aprendizaje de la vida fraterna, del compartir. La confrontación de las opiniones diferentes también ayuda a crecer y a madurar. Sí, en el Congo, he visto cuánto os ama Jesús. En cada encuentro, en cada buenos días, cada mirada, cada cruzar de manos... ha sido Jesús quien ha venido hacia mí y he podido amar a cada uno de mis hermanos con Su Amor. Sigo llevando en mi oración a ese pueblo que me ha hecho entrar más adentro en el misterio de Dios, mis hermanos y hermanas del Congo que son “una carta de Cristo, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios Vivo, no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones” (como dice Pablo respecto a los Corintios). Esto es lo que el Señor ha sembrado en mí y ha querido que su semilla creza un poco en el Congo. Le pido que” acabe lo que ha comenzado”. Que el Señor haga que otros muchos jóvenes descubran a tope esta felicidad de dejarse enviar en misión, de seguirle...sea por un tiempo o para toda la vida... Sonia De Vree (Congo, 2003, 33 años)
| | Kenya, Helen O’Regan rscj |
Richesse / Pauvreté Il va sans dire que notre pays, l’Europe est plus développée et plus riche que l’Afrique au niveau matériel. On a tout ce qu’on veut : on mange à sa faim, on a le chauffage, notre cuisine est super équipée, on dort dans de bons lits, et j’en passe. C’est sans doute sur-développé. On veut toujours plus grand, plus performant, plus rapide, plus beau. En Afrique, ils sont riches autrement. Ils ont une richesse dans leur culture. Même s’ils vivent dans des maisons délabrées, qu’ils ne mangent pas tous les jours, qu’ils n’ont pas la voiture dernier cri, ces gens ont des valeurs qui sont plus fortes que leur besoin matériel. - Ils ont un sens de l’accueil : tu es toujours accueilli avec le sourire, c’est une joie pour eux que tu viennes leur rendre visite. Tu es souvent invitée à entrer dans la maison alors que tu ne connais pas les gens. Quand tu te promènes dans la rue, tout le monde te dit bonjour. Les enfants courent dans tes bras. On s’arrête, on parle.
En Europe, on est trop pressé, on connaît à peine son voisin ; on ne prend pas la peine de s’arrêter pour discuter. - Il y a également une grande solidarité : Même si les gens sont pauvres, qu’ils n’ont rien, ils s’aident les uns les autres. Je me rappelle, un jour Mary n’avait presque plus de charbon pour cuire son souper. Sa voisine, qui n’en n’avait presque plus, lui en a donné un peu afin qu’elle puisse cuisiner.
Quand j’arrivais dans une famille, ils voulaient toujours m’offrir un coca ou du thé, alors qu’ils n’avaient presque pas d’argent. J’ai pu voir de nombreuses organisations qui ne fonctionnaient qu’avec des bénévoles.Souvent, les gens sont atteints du SIDA et créent une association afin de venir en aide aux autres sidéens. Ils soutiennent et aident des familles. Ces gens ne gagnent pas un rond mais ils gagnent de l’estime de soi, de la reconnaissance; c’est leur moteur de vie. - La foi est très importante. Pour eux, c’est une grande richesse. Ils « comptent » sur Dieu, ils se raccrochent à Lui pour avoir de l’espoir. Ils croient en Lui d’une façon incroyable. Dans toutes les conversations, on parle de Dieu.
Le dimanche, c’est une grande fête. Les églises sont pleines à craquer. Les chants sont rythmés et il y a des danses, les gens sont heureux. - La famille est également très importante. Les enfants aident les parents. Ils vivent souvent tous ensemble dans une maison. Les grands s’occupent des petits et les vieux sont respectés.
Evidemment, le problème est que, souvent, dû à la pauvreté, on préfère envoyer les enfants travailler pour qu’ils rapportent de l’argent. De ce fait là, ils ne vont pas à l’école.
Même sans rien, il y a moyen de vivre. Les gens vivent de leurs plantations mais aussi et surtout grâce à la chaleur humaine, la solidarité et la foi qui les unit.Moi, ma pauvreté là-bas, c’était d’être seule. Au début, je ne connaissais personne et j’étais à l’autre bout du monde. C’est grâce à l’accueil sans frontières, aux sourires, à la gentillesse des gens que je me suis sentie intégrée dans ce monde inconnu. Christine Leclercq (Ouganda-Kenya, 2004, 22 ans) |