Relatos desde la mesa compartida: Ayunos o banquetes PDF Print E-mail
03 Mar 06
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Georgie Blaeser rscj
Aproximación bíblica y catequética a la eucaristía
Introducción
1. Como pan que se parte

2. El mejor de los vinos
3. Un puñadito de levadura
4. Leví y sus amigos
5. Ayunos o banquetes
6. Con la toalla ceñida
7. En torno al cordero pascual
8. Un festín en el desierto
9. Sentados a la mesa de la sabiduría
10. En los márgenes del camino
11. Un mendigo a la puerta
12. Una misma copa, una misma suerte


5. Ayunos o banquetes

Desde muy pequeño, escuché a mi padre las viejas narraciones de la Escritura y aprendí a leer en los rollos de  pergamino donde conservamos escrita la Ley. Mi padre era jefe de la sinagoga de Hebrón, y fue él quien se ocupó de familiarizarme con las tradiciones y costumbres de nuestro pueblo. Recuerdo en especial cómo me fascinaba el relato del maná con que nuestros padres fueron alimentados por el Señor en el desierto (Ex 16);  por eso, cuando cumplí doce años y me llamaron por primera vez para leer un texto profético en la sinagoga, escogí estas palabras de Isaías :    

"El Señor Dios de los ejércitos
prepara para todos los pueblos en este monte
un festín de manjares suculentos,
un festín de vinos de solera,
manjares enjundiosos, vinos generosos.
Arrancará en este monte
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño que tapa a todas las naciones
y aniquilará la muerte para siempre.
El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros
y alejará de la tierra entera el oprobio de su pueblo,
lo ha dicho el Señor."(Is 25,6-8)


Yo había visto celebrar algunos banquetes en mi casa porque mi padre tenía muchos amigos y le gustaba ser espléndido con ellos. Y recuerdo, en especial, el que celebramos en las bodas de mis dos hermanos: con el ajetreo de los preparativos, un ambiente festivo invadía la casa, los amigos del novio acudían alegremente a acompañarle, una sensación de cordialidad iba creciendo entre los comensales que expresaban su alegría  por el afecto con que se habían cuidado la calidad de los vinos y la abundancia de los alimentos...Quizá por eso me atraía aquella imagen del banquete que el Señor iba a preparar para todos los pueblos.

De joven, anduve inquieto e insatisfecho e ingresé en la comunidad de los esenios, una secta judía muy estricta que vivía en el desierto con gran austeridad y prolongados ayunos. No duré mucho entre ellos porque me ahogaba el rigor de sus exigencias de pureza y los abandoné pronto. Conocí también a Juan Bautista junto al Jordán, un hombre enjuto, hecho como de raíces de árboles porque apenas comía, y escuché su predicación que quemaba como el fuego.

Unas palabras provocadoras

Fue allí, en el Jordán, donde vi por primera vez a Jesús que había bajado a bautizarse y más tarde oí sobre él opiniones contradictorias: para unos era un embaucador, comilón y borracho, que se sentaba a la mesa con la peor gentuza y se atrevía a decir que la pasión de Dios es tener a sus hijos, sobre todo a los más perdidos, sentados junto a él en su misma mesa para servirlos él mismo, consolarlos y borrar de sus rostros la huella de sus lágrimas. Otros, en cambio, me animaron a acercarme a él, convencidos de que era alguien especial, incluso quizá el propio Mesías.

Un día presencié la discusión que mantuvo con un grupo de fariseos que le reprochaban que ni él ni sus discípulos practicaban el ayuno: -¿Cómo pueden ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos?-, les contestó Jesús, y aquellas palabras se me grabaron muy adentro.

¿Estaría queriendo decir que el banquete mesiánico había comenzado y que él mismo era el novio? ¿Significaba entonces que, para quien se acercaba a él, Dios y el hombre, el más allá y el aquí, el cielo y la tierra, cesaban de oponerse? Entonces, si el ayuno había dejado de tener sentido, ya no había que eliminar lo humano para alcanzar el cielo, ni oponer los sentidos y el espíritu...

Me di cuenta de que era eso lo que yo andaba buscando, que era a ese Dios al que yo ansiaba descubrir: un Dios que nos invita a la vida como a un banquete de bodas, y que pide nuestra colaboración para preparar ese festín en el que haya sitio para todos.

Decidí seguir cerca de aquél hombre en cuyas palabras había vuelto a escuchar la profecía de Isaías. Pero sólo más adelante, cuando lo mataron, llegué a saber lo que había querido decir sobre ayunar por la ausencia del novio. Y sólo ahora, al celebrar su presencia de Resucitado cuando partimos el Pan entre nosotros, empiezo a comprender que es él quien convoca a la fiesta, que es él quien enjuga nuestras lágrimas y lava nuestros pies cansados del camino. Y que es él mismo quien se nos da como Pan fraterno y como Vino nuevo del banquete, ya comenzado, del Reino.

Tiempo para la palabra

“¿Es este el ayuno que el Señor desea,
el día en que el hombre se mortifica?
Mover la cabeza como un junco,
acostarse sobre estera y ceniza,
¿a eso lo llamáis ayuno,
día agradable al Señor?
El ayuno que yo quiero es éste:
abrir las prisiones injustas,
hacer saltar los cerrojos,
dejar libres a los oprimidos,
romper todos los cepos;
partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo,
vestir al que ves desnudo
y no cerrarte a tu propia carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora,
en seguida te brotará la carne sana,
te abrirá camino tu justicia,
detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá,
pedirás auxilio y te dirá: Aquí estoy.
Si destierras de ti los cepos,
y el señalar con el dedo, y la maledicencia;
si das tu pan al hambriento
y sacias el estómago del indigente,
surgirá tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad se volverá mediodía.
El Señor te guiará siempre,
en el desierto saciará tu hambre,
hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado,
un manantial de aguas cuya vena nunca engaña.
Reconstruirás viejas ruinas,
levantarás sobre los cimientos de antaño;
te llamarán tapiador de brechas,
restaurador de casas en ruinas.” (Is 58,5-12)


“Los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Van y le dicen:- ¿Por qué los discípulos de Juan y los fariseos ayunan y tus discípulos no ayunan? Les respondió Jesús: - ¿Pueden los compañeros del novio ayunar mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio  con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que arrebaten al novio, y aquel día ayunarán.”(Mc 2,18-20)

“¿A quién compararé esta generación? Son como niños sentados en la plaza que gritan a otros:
Hemos tocado la flauta y no habéis bailado,
hemos cantado endechas y no habéis hecho duelo.
Vino Juan, que no comía ni bebía y dicen: está endemoniado. Viene este Hombre que come y bebe y dicen: mirad qué comilón y bebedor, amigo de recaudadores y pecadores. Pero la sabiduría se acredita por sus efectos.” (Mt  11,16-19)


Tiempo para otras palabras

El acto central de la Iglesia. “Sorprende  que Jesús haya querido dejar a su Iglesia, como acto central por el que quiere ser recordado, el acto humano de la comida. ¿Por qué la comida y no el ayuno? Porque parece que, según la mentalidad corriente en la época de Jesús, el ayuno acercaba más a Dios que la comida. Pero lo que caracteriza el tiempo de Jesús, no es el ayuno, sino la fiesta por la presencia del esposo (Mc 2,18-22). La comida compartida expresa mejor la novedad de ese tiempo, porque la comida es un sacramento y el Señor hace suya esa realidad humana del comer para expresar el sueño por el que dio la vida.
El memorial del Señor está asociado a la comida y no al ayuno, porque se revela un Dios diferente: el Dios de la vida que desea la vida del hombre.”(M.DIAZ MATEOS)

Dios está próximo. “El esposo y los invitados al festín significan que, para quien se acerca a Jesús, Dios y el hombre, el más allá y el aquí, el cielo y la tierra, cesan de oponerse. Mientras que la religión, que busca lo eterno, comienza por arrancar al hombre de la naturaleza y provocar en él una escisión, Jesús anuncia que su propia relación con Dios marca el fin de esa oposición, y permite al hombre redescubrir su verdadera identidad y unidad. Por eso se opone radicalmente a las prácticas habituales y ya no hay que eliminar lo humano para alcanzar el cielo, ni oponer los sentidos y el espíritu: desde ahora está permitido sobrepasar el foso que separa los deseos terrenos y las llamadas del Espíritu.

A diferencia de la crueldad de tantos educadores utópicos, el mensaje de Jesús está adaptado al hombre y da pruebas de un realismo lleno de misericordia. Por eso los discípulos no ayunan mientras el esposo está con ellos. No deben renunciar al mundo para estar cerca de Dios. Descubren, por el contrario a Dios próximo en los límites de esta tierra, y aprenden paciente y humildemente, a reconocer, día a día, la realidad de la gracia.Más allá de la separación y del desgarramiento, nuestra vida desemboca en una unidad fundamental y culmina en una alegría sin fin. Dios nos invita a la vida como a un banquete de bodas, el de la unión con Dios, consigo mismo y con el mundo. Por eso se presenta como el esposo:  en su persona, la santidad de la vida reflorece y la sacramentalidad del mundo queda reafirmada.” (E.DREWERMANN) 2

Tiempo para orar

Cuando los discípulos dijeron a Jesús en una ocasión: - “Maestro, come”,  él les contestó: “Yo tengo otro alimento que vosotros no conocéis. Mi alimento es cumplir la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.” (Jn 4,32-33). Ponte ante Jesús y pídele que te explique qué quiso decir con esas palabras, lo que suponen para él los deseos y la “obra” del Padre que le  “apetecen” y le sacian, eso que nos ocurre a nosotros con una buena comida. Mira cuál es tu propia manera de situarte ante la voluntad de Dios: si sientes que “amenaza” tu vida o tus proyectos, o que te contraría en tu crecimiento vital...Pide a Jesús llegar a vivirla, no como una exigencia o una imposición, sino como el sueño de Dios sobre ti que desea que vivas en abundancia. Fíate de que si haces de ella tu alimento, crecerá lo mejor de ti mismo y te llenará de alegría. Puedes terminar rezando el Salmo 23.

Tiempo para compartir y celebrar la fe

Con adultos
Después de haber visto en video la película "El festin de Babette", hacer una tertulia sobre ella: lo que más les ha impactado, qué transformaciones han descubierto en los personajes después de haber participado juntos del banquete, qué lectura "eucarística" podría hacerse...

Con jóvenes
Proponer que, después de trabajarlo en pequeño grupo, se presente en forma plástica (mural, mimo, símbolo, maqueta...), un proyecto que exprese cómo querría que fuera el mundo en que vivimos y por el que quieren soñar y trabajar.

Al acabar las presentaciones, el animador pone un mantel sobre la mesa, pan y vino encima, y sillas en círculo; lee el texto de Isaías y, después de un silencio, pide que cada uno vaya  interpretando y traduciendo a situaciones de hoy el sueño de Dios sobre su mundo: pan para todos, relaciones igualitarias, consuelo, desaparición de exclusiones, alegría y relaciones amistosas y fraternas...
Terminar expresando el propio compromiso para ir haciéndolo realidad.

  1. El sacramento del pan, Lima 1996, pp.124-129
  2. La parole et l'angoisse. Commentaire de l’Évangile de Marc, Paris 1988, 59-61 
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jacqueline  - comentario   |80.39.193.xxx |2006-03-03 04:43:35
Es precioso! No se a quien agradecer un texto tan vivo y tan expresivo. Gracias
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