diciembre - december - decembre 2005 - Adviento Print E-mail
01 Dec 05
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Adviento: ¡Vela sobre tu corazón!

Mc 13, 33-37

Había quedado con un amigo para vernos después del verano pero dos días antes tuve que llamarle para aplazar la cita, pues me había surgido un contratiempo, y cuál es mi sorpresa cuando me dicen que está ingresado en el hospital con un pre-infarto.

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Miyako Namikawa rscj
Cuando fui a verlo lo encontré muy vulnerable; de pronto, un dolor en el pecho le había hecho detener su vida: sus proyectos, los planes para este año, su trabajo...Todo se detiene, y el médico le dice: “a partir de este momento tiene que estar vigilante, tomarse la tensión tres veces al día, y cuidar su ritmo de vida”. Él es un hombre que tiene costumbre de  “leer” lo que le va ocurriendo desde la fe y ahora se sabe más abandonado y más alerta que nunca. “Este aviso- me dice- es bendición;  ha evitado que un infarto  me sobreviniera de pronto”. Avisos que nos llevan aflojar el paso, a mirar la vida y la muerte de frente, a caminar a otro ritmo; a ir a lo esencial.

Me venía su recuerdo ante la invitación del Evangelio: ¡Estad despiertos, velad!...porque no sabemos el día ni la hora. Porque la vida nos está hablando desde nuestro cuerpo, desde los cuerpos de los otros, desde los acontecimientos...Velad sobre el corazón, como quien lo acaricia, para descubrir en él esa presencia suave del Dueño silencioso de la casa; velad para que no se nos escape el amor  que nos ronda, los gestos pequeños cargados de sentido; velad para que no nos perdamos la luz repentina en los ojos de una anciana, velad para que no nos crezcan los hijos sin aprender a soltarlos...Velad para agradecer lo que vivimos y lo que viene.

Hay días que se nos pasan sin que “ocurra” nada, vamos de un lado a otro, apurando el tiempo y los encuentros. Aún no hemos terminado una cosa y ya andamos empezando otra, y entramos en un ritmo, y en un estrés, que nos cierra los sentidos y hace que la realidad se vuelva opaca. La invitación del Adviento, a acoger lo nuevo que viene, es clara: ¡Despertad, abrid los ojos, los oídos, las manos! Pues en todo lo que vivimos, en el transcurrir del tiempo cada día, asoma un Misterio mayor que nosotros.

¡Cuida tu corazón!, le decía el doctor a mi amigo; ¡vela sobre tu corazón¡, nos susurra la Palabra, para que no se nos duerma cuando nos busque, sorpresivamente, la Vida.

Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Sur


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