septiembre ? september ? septembre - 2 de septiembre Print E-mail
05 Sep 04
Article Index
2 de septiembre
5 de septiembre
12 de septiembre
14 septembre
15 septembre
 

12 de septiembre: Domingo XXIV del Tiempo Ordinario
Lc 15, 11-32    

“Tenemos que alegrarnos y hacer fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.”

Cada mañana temprano, me enteré después, padre salía a buscarte, y tú, mientras tanto, justifi­can­do tu regreso. Cuánto tiempo gastado en argumentar acciones, cuánta vida perdida bajo el temor, qué lejos estabas de imaginar lo que él deseaba tu vuelta; ni siquiera yo comprendía lo que llegó a sufrir durante tu ausencia, sabía tan poco de su corazón. Desde que te fuiste te cerré definitiva­mente la puerta de casa, confieso que no me importaba tu situación, tenías lo que te habías buscado. Recuerdo tanto aquel día, yo volvía del campo cuando oí la música, y la alegría, no me lo podía creer, no era justo. Me contaron que fue corriendo hacia ti en cuanto te vio aparecer, con el riesgo de haberse caído con lo mayor que está ya, que te cubrió de besos, que no te dejó dar explicaciones, y que te hizo aparecer hermoso y muy amado a los ojos de todos: el mejor vestido, las sandalias, el anillo...y una fiesta desmedi­da. Tú, desbordado por la acogida, sólo sabías llorar, pronunciar su nombre y mirarle a los ojos como nunca lo habías hecho. Creías que te iba a recibir como jornalero y te baña en el gozo del hijo predilec­to, ¡qué poco conocíamos su corazón!

Yo, sin ganas de verte, dolido ante la desmesura, me puse a pedirle cuentas del por qué de tanta dicha. Eras su hijo pero no mi hermano, hasta el novillo cebado había matado para ti, y yo, viviendo en casa, no había podido disfrutar­lo. Creo que fue entonces cuando empecé a intuir algo: "Tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo - me dijo- pero convenía a­legrarse... porque ese hermano tuyo estaba perdido y ha sido hallado", y me di cuenta, de pronto, de que yo estaba mucho más perdido de lo que habías estado tú, mucho más muerto; ciego para celebrar tu vida recobra-da, con el corazón endurecido por el cumplimiento y embotado por la costum-bre, cerrado al asombro y al agradecimien-to. Tú habías malgastado lo suyo pero yo ni siquiera había sido capaz de reconocerlo, sentí tanta necesidad de dejarme perdonar, de salir yo también corriendo hacia  él y hacia ti.   

Ahora sé que incansablemente, día tras día, con una paciencia inagotable y confiada, el Padre aguarda hasta que queramos volver y esta es su mayor alegría. El nos espera­rá hasta abrazarnos.

Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Centro Sur



 

© RSCJ International | Website by CEDC