octubre ? october ? octobre 2004 - 3 Poems Print E-mail
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31 de octubre : XXXI domingo del tiempo ordinario

Lc 18, 9-14

Descubrirte en los otros

Jesús no podía ver que se atentara contra la fraternidad sin hacer nada, y por aquéllos que creían que sus buenas acciones les daban derecho a despreciar a los demás, contó esta parábola:
“Dos hombres entraron en el templo con la intención de orar, uno era católico, el otro se decía ateo, pero estaba tan desesperado consigo mismo, que decidió abandonar por un rato su anti-credo.
El católico, sintiéndose en su ambiente, se arrodilló en el primer banco de la iglesia y comenzó su “oración”: Te doy gracias Señor, porque no soy como esos africanos que, huyendo de la guerra y del hambre, vienen a invadirnos; o como esa divorciada, que se atreve a venir a misa con su nuevo “marido”, o como los homosexuales y las lesbianas que salieron en el periódico, que tomaron las calles para exigir ser tratados con dignidad; ni como esa gente loca que se opone a la globalización, ni como los jóvenes, que no saben qué quieren.... Lo que Dios escuchó le hizo sentir pena por la ceguera del hombre, pues sólo miraba lo que a sus ojos era maldad en los demás. Después empezó a escucharle la larga lista de buenas acciones: voy a misa los domingos, doy limosna a los pobres, he soportado por años a la mujer que tengo... El Señor esperaba que, al final, le diera las gracias por lo que sí era, porque se reconocía bueno, pero el hombre fue incapaz de hacerlo; sus buenos actos eran insuficientes para convencer de eso al juez implacable en el que se había convertido.
El joven ateo no terminaba de encontrar su lugar; caminó de un lado a otro, hasta que por fin se sentó en el banco más lejano al altar. Comenzó a decir a Dios: “Óyeme bien: sólo vale la pena que existas, si eres más bueno que nosotros. Si existes, debes entender cómo me siento: mi vida está vacía, nada me entusiasma, no encuentro algo por lo que valga la pena vivir. ¿Para qué me diste la vida? ¿Es que, sin haber hecho todavía nada bueno, crees en mí?... El joven sintió cómo una pregunta le sacudía, le hacía sentir vivo: ... ¿Por eso me tienes aquí?”. Salió de aquel lugar con la intención de averiguar por qué Dios sigue confiando en los seres humanos, siendo como somos, y si de verdad, hay algo de Él en cada ser”.
Jesús terminó la parábola: “El ateo volvió a su casa transformado, el otro no, pero mi Padre se alegró sabiendo que, más adelante, aquellos hermanos se encontrarían”.

Ana Morales Pruneda rscj
Provincia de México-Nicaragua, ahora en Cuba


Justificados por un abrazo

“Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y otro publicano”
ESTOS DOS HOMBRES CONVIVEN EN NUESTRO CORAZÓN

Cuando hacemos de lo que somos motivo de separación, cuando nos vanagloriamos del servicio bien hecho, del resultado brillante y eficaz; cuando la acción de gracias no es por lo recibido gratuitamente sino a causa de lo que nosotros creemos haber cumplido; cuando nos tomamos tiempo para mirar de reojo la vida del otro y comparar y creernos mejores...entonces nos estamos cerrando la puerta del encuentro y de la relación con Dios.

Mientras tanto hay alguien que, en su abajamiento, ni siquiera se ha podido fijar en nosotros. Su necesidad e indigencia lo mantienen totalmente abierto y presente a Dios. Lo que importa no es su discurso, las palabras que utiliza, sino la atención que presta al Otro. El publicano reconoce el abismo que separa su vida de la voluntad de Aquel ante el que no se atreve a permanecer de pie. El fariseo, sin embargo, creía cumplirla y por ir lleno de sí mismo se vuelve vacío de Dios.

El valor de nuestra vida no es algo que nosotros podamos comprarle a Dios, sino que es Él, el que al decir de nosotros, hace valiosa nuestra persona. Cuando nos encontramos perdidos sin poder nada, cuando lo único que sabemos pedir es que su amor nos dé la vida que por nosotros mismos no podemos tener y que nos perdone por aquella que hemos frustrado, entonces nos irá haciendo pasar del “dar gracias por no ser como los demás” a agradecer el sabernos tan débiles y necesitados como cualquiera. Y arrojarnos así, sin defensas, al Abrazo del Único que puede justificar nuestra vida.

Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Sur



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