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21 de marzo: El mejor hábito y la gloria de su creador

Jn 13,31-35

Cuentan que en las primeras décadas de la era cristiana hubo un desfile de hábitos. Cada secta del judaísmo presentaba el atuendo que le distinguiría. Habían corrido la voz, y la multitud se agolpaba intentando mirar.

Los discípulos de los fariseos modelaban el ayuno y el cumplimiento de la Ley. Los sacerdotes del Templo vestían estupendas túnicas, contrastando con los seguidores del Bautista, vestidos de pieles de camello y cinturón de cuero; lo más austero que se presentó aquella tarde. Se llevaron la ovación del pueblo. Los esenios no se presentaron por temor a contaminarse.

Los discípulos de Jesús se acercaron a ver el espectáculo. Uno de ellos comenzó a inquietarse. Preguntó a la que tenía al lado: ¿Y nosotros? ¿en qué nos distinguiremos?.... ¿Era aquello posible? ¿sería  que el Maestro había olvidado darles un algo que los distinguiera? Entonces recordaron las palabras de Jesús después de la cena, cuando Judas acababa de salir: “...en esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros...como Yo os he amado”

Si algún hábito tenía Jesús, era el de amar a cada persona en su más honda verdad, ser hija de Dios. Quedaba seducido por la firma del Creador que reconocía en todos, estuvieran como estuvieran, hicieran lo que hicieran, aún con la vida desgarrada o desnuda. Amándolos, Jesús había enseñado a sus discípulos a amar de la misma manera. Había inculcado en ellos, en ellas, el hábito de amar que hacía Vivir.

Discípulos de Aquél que amó primero, nosotros, cuando nos sabemos amados. Cuando amamos, ayudamos a que otros estrenen una vida nueva, más plena. Es el hábito legado por Jesús y, cada vez que lo ejercemos, El hace que cada vida luzca.

Impedir que a otras personas les sea condicionada la vida, reconocer en el que nos repugna a mi hermano, bajar las defensas y atrevernos a mirar y a abrazar a aquellos cuya apariencia nos duele, amar y dejarnos amar por los hambrientos, dejar que el amor nos ponga en nuestro sitio, ni por debajo ni por encima de nadie.

El amor, seguramente, nos volteará al revés poniendo al descubierto nuestras costuras y rasgaduras. No temamos; desfilemos por la vida cotidiana, junto a otros, confiados. Sin duda nuestro hábito de amar ganará la Gloria para su Creador.

Ana Morales Pruneda rscj
Area de Cuba
 

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