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Page 3 of 4 30 de octubre: XXXI domingo del tiempo ordinario Mt 23, 1-12 Aceptar nuestra condición Loli, una hermana a la que quiero mucho, ya mayor y con parkinson, tiene que usar ya la silla de ruedas, aunque su ánimo es joven y no parece darse cuenta de que el cuerpo ya no le responde. Desea de todo corazón servir y ayudar, como lo hizo durante toda su vida anterior, así que sigue diciendo: “te ayudo, yo te lo traigo, yo cuido a las enfermas, consíganme un destornillador y yo se los arreglo...” Dice, pero ya no puede hacer porque la enfermedad ha interrumpido lo que antes fue un diálogo fluido entre su cerebro y sus miembros. Yo quiero suponer que algo así nos pasa a todos cuando comenzamos a actuar como letrados y fariseos contemporáneos. Un malestar causado por una carencia de valoración personal propia o de los demás, o simplemente el rechazo a la condición humana real, nos descoloca y hace que nos queramos situar en la vida como cerebros, ordenando a los que creemos nuestros miembros que hagan lo que no somos capaces de hacer, aunque tengamos las más buenas y santas intenciones. Convierte el diálogo en monólogo porque damos órdenes, pero no escuchamos las inspiraciones del Espíritu en los otros miembros. Menos mal que Jesús, que sabe la forma de sanar toda clase de dolencia y enfermedad, conoce nuestro “parkinson” y está dispuesto a curarnos. Restaura las conexiones nerviosas poniéndonos a todos en el lugar privilegiado de hijas e hijos de Dios. Nos dice: “no necesitan ponerse de maestros, ni de instructoras ni de padres de nadie. Sólo son hermanos con un Padre que les ama a cada uno por ser quienes son”. Algo parecido aunque muchísimo mayor a como yo amo a Loli. No por lo que dice, no por lo que hace o quiere hacer, sino porque es Loli y es mi hermana. Ana Morales Pruneda rscj Provincia de México – Nicaragua Área de Cuba
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