3 de junio: fiesta del sagrado corazón Imprimir E-mail
03.06.05

Casa Madre, Roma

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo:

Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes,
y se las has revelado a los pequeños.
Si, Padre,
pues tal ha sido tu beneplácito.
Todo me ha sido entregado por mi Padre,
y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre,
ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo,
y aquel a quien el Hijo se  lo quiera revelar. “

“Venid a mi
todos los que estáis fatigados y sobrecargados,
y yo os daré descanso.
Tomad sobre vosotros mi yugo,
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón,
y hallareis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es suave
y mi carga ligera.”

Mateo 11, 25 - 30

Nuestra vida, nuestras comunidades, nuestro servicio apostólico,
encuentran su vitalidad en la unión y conformidad
con el Corazón de Jesucristo.
Esta gracia de nuestra vocación
es un camino de conversión y de fecundidad apostólica.
El Corazón traspasado de Jesús nos abre a la profundidad del misterio de Dios
y al dolor de la humanidad
y nos hace entrar en su único movimiento:
adoración al Padre
y amor a todos, especialmente a los pobres.
Volvemos una y otra vez a estas palabras de Jesús
como a una luz que, poco a poco, nos transfigura a su imagen:
«Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». (Mat 11, 29)

Constituciones de la Sociedad del Sagrado Corazón, 1982, par. 8

Última modificación ( 25.10.05 )
 

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