Somos su mejor talento Imprimir E-mail
03.03.04

(Mt 25, 14-30)

"A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno según se capacidad; y se ausentó"

¿Qué hay detrás de esta historia que Jesús nos cuenta, sabiendo que quiere abrir en nosotros una brecha por donde pueda entrar el Reino? ¿Dónde esconde su perla?

Unos talentos repartidos con generosidad y libertad, a cada uno según puede acoger. Los que más tienen negocian y el que menos tiene lo esconde. Hasta aquí uno se siente inclinado a comprender al tercero, si él tenía menos ¿cómo iba a arriesgarse en invertir para perderlo?

Vuelve el señor que les encomendó lo suyo, los va recibiendo uno a uno, alaba su bondad y su fidelidad y les confía algo mayor, haciéndoles una invitación sorprendente: "entra en el gozo de tu señor". Les convida a entrar, a participar de aquello que es su alegría: ver desplegada la vida de los que ama. Su gozo es dejar en nuestras manos la posibilidad de multiplicarla, de ahondarla, de hacerla fecunda.

¿Qué le pasó al tercero? ¿Por qué no arriesgo? ¿Por qué no se atrevió a negociar con su talento? Por la imagen exigente y estrecha que tenía de su señor. Le creía un hombre duro que le iba a pedir cuentas, y tuvo miedo. Y por este miedo a equivocarse escondió el talento y frustró su vida. El amo de la parábola le reprende duramente al final porque le duele, le apena que se haya fiado tan poco. ¿No le había regalado él el talento? ¿Por qué no apostó? ¿Por qué no confío? Tuvo miedo de perderlo y es que no sabía que ese talento, por venir de la mano de tal señor, no puede si no producir.

Creo que Jesús, con esta parábola, quiere abrirnos los ojos y el corazón ante el Dios Bueno y Fiel que ama hasta el fondo el talento que nos confía. Como si quisiera decirnos, "por favor, no penséis estrechamente de Él, no guardéis vuestra vida por miedo a equivocaros, no la pongáis a seguro, no la escondáis...sino, al contrario, ponedla en juego, aprended de los errores, invertidla, echaos a vivir con anchura, gozadla...Negociad la alegría, el perdón, el trabajo, la amistad...porque no es otra cosa ese talento regalado que el de la existencia única y original de cada uno, puesta en pie".

Dios nos quiere con nuestra vida desplegada. Cinco, dos, uno...no importa, lo único imprescindible es ponerlos confiadamente a circular. Cada uno de nosotros somos su mejor talento. El que retiene pierde, el que entrega gana. Jesús intentará decirnos esto de muchas maneras y para ello invertirá los talentos de Su amor hasta el extremo.

Mariola López, rscj

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