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Lc 5, 1-11 Volvíamos cansados y molestos del trabajo de aquella madrugada: toda la noche intentando pescar, para terminar en la orilla sin siquiera una sardina. Lavábamos las redes cuando empezamos a notar la algarabía: la gente se había reunido a la orilla del lago para escuchar las palabras de Jesús, aquél nazareno que, días atrás, había venido a casa y sacado a mi suegra de la cama. Por mi frustración, me molestaba escuchar las palabras de Jesús, tan llenas de esperanza. “Pobres ingenuos”, pensaba en mis adentros, cuando se acercó, subió a mi barca y me pidió que la alejara un poco de tierra; la multitud casi lo ahogaba. No podía negarme, había devuelto la salud no sólo a mi suegra, sino a toda la familia con ella. Jesús enseñaba desde mi barca y yo no podía cerrar mis oídos a su Palabra. Hablaba con tal convicción, que casi hizo que olvidara mi mal rato. - Rema mar adentro...echen las redes.
- Por favor, mira dónde va ya el sol, ya no es hora... Hemos estado toda la noche aquí, allá, y nada. Y tú, que no sabes el oficio, ¿quieres hacerte pescador con nosotros? Está bien, ya que lo dices, vamos de nuevo. Y, como uno de nosotros, empezó a jalar las redes cuando los peces se reunieron.
Mi risa, tan incrédula como la de Sara. No cesábamos de gritar y hacer señas a Juan, Santiago y sus compañeros, para que vinieran a ayudarnos. La alegría y el miedo nos tenían turbados; aquél exceso sólo podía ser obra de Dios. Era tan claro que lo conseguido no podía ser obra de nuestra destreza, ni siquiera de nuestra experiencia... Ahí estaba Dios, metido de lleno en nuestra vida. Entonces comenzaron las culpas aprendidas y los remordimientos: no soy digno, es demasiado lo que Dios me está dando; cuando he tenido una buena pesca, cuánto me burlo de los que no tienen... y las veces que aseguro que Dios me ha olvidado... Volviendo los ojos a Jesús le dije: “Aléjate de mí, que soy un pecador”. Los rostros de los demás reflejaban mis mismos sentimientos. Jesús me interrumpió: No tengas miedo, Simón. Vente conmigo... Aquél día, Jesús nos invitó a seguirlo. ¿Qué haríamos? Lo mismo que Dios había hecho por nosotros, acercarnos a los que sienten que la falta de resultados es el fin, como nosotros en esa mañana. Para Jesús, nuestro fracaso era la oportunidad ideal de comenzar junto a nosotros. ANTROPOLOGÍA TEOLÓGIA SÍNTESIS FINAL En la des-gracia actúa la Gracia Comentario a Lc 5, 1-11 Diciembre 4, 2003 Morales Pruneda Ana Los puntos que expongo a continuación, son mi síntesis de lo que alcancé a comprender como Antropología teológica: quién creemos que somos los seres humanos para Dios, pero no como una simple teoría estática, sino más bien en la relación de Dios con nosotros, en la vida cotidiana, en cómo dejamos que Dios intervenga en ella. Puntos nacidos de la lectura, la reflexión, la experiencia, la oración y el proceso vivido en el grupo. Tomo como “pretexto” un comentario que escribí al llamado a los discípulos en Lucas, donde podemos reconocer pistas de este actuar de Dios en nuestra vida. - En la des-gracia actúa la Gracia, al menos, es donde la reconocemos.
- La percibimos en otros e indirectamente nos alcanza, preparándonos así para recibirla.
- Ser imagen (representantes, “vicarios/as”) de Dios para los demás.
- Sin llamarle aún pecado, padecemos sus efectos (enfermedad, trabajo ineficaz, hambre, desilusión, soledad, dolor, injusticia...)
- La Gracia se acerca pidiendo ayuda (barca, alejarla de tierra). La experiencia previa posibilita nuestra apertura o nuestro sí.
- Experiencia de Gracia. Primero se experimenta, luego se conoce. Jesús invitándonos a volver al lugar del pecado, el lago, y a arrojar de nuevo las redes (la experiencia que nos hace reconocer los “peces” que sí tenía aquel “lago”). Íbamos con otros y no nos habíamos dado cuenta (“ya que lo dices, echaré las redes. Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces...”).
- Conocimiento de la Gracia: en la desproporción entre nuestro esfuerzo y el fruto recibido.
- Vuelta al pecado desde la Gracia: desde una nueva perspectiva, otro punto de vista, somos capaces de mirar y reconocer nuestra responsabilidad y participación en el pecado. Paradójicamente, ¡pedimos que la Gracia se aleje!!
- La respuesta de la Gracia: -no temas,...ven conmigo...(Un “déjame acompañarte”, o “vamos juntos”).
- Nuestra respuesta: “creaturidad agradecida”. Conciencia de nuestras limitaciones complementadas abundantemente por la Gracia que nos es regalada.
- Gracia actuante: la certeza del Amor fiel que nos ha puesto en camino de la Semejanza: actuando con Dios, como (a la manera de) Dios, para Dios.
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