Nosotros hemos visto su gloria Print E-mail
01 Oct 04
"Por su mismo camino;" Charo Barrutia rscj, Provincia de Argentina-Uruguay

“Glorificar al Corazón de Jesús”: la frase aparece en nuestras Constituciones de 1815, desde el Plan compendiado del Instituto, pasando por las etapas de la vida, se repite en los Medios que toma la Sociedad para trabajar en la santificación del prójimo, en el Gobierno de la Sociedad y finalmente en los medios que se señalan para mantener a la Sociedad en el espíritu del Instituto. También el Sumario de las Constituciones lo repite constantemente.

Al ir conociendo las Constituciones, impresiona la reiteración de la frase y su vinculación con la actividad apostólica. Confieso que lo de la gloria no me atraía mucho cuando joven: lo sentía como un homenaje de sumisión de un vasallo a su rey, que estaba deseoso de ser honrado y reconocido, y me parecía que subrayaba mucho lo exterior. Hasta que tuve ocasión de profundizar en sus raíces bíblicas y para mí todo se iluminó llenándose de un nuevo contenido.

Un primer momento de este proceso fue la ocasión de estudiar teología en Roma en pleno período conciliar. Nunca agradeceré bastante lo que me significó, sobre todo el estudio de la Biblia. Toda la investigación bíblica que fue entonces reconocida y difundida, fue para mí un gran enriquecimiento y me abrió una fuente de alegría que mana para mí continuamente, al acoger la palabra de Dios en mi corazón. Así, por ejemplo, la palabra “corazón” me inspiró profundamente, como no lo había experimentado antes.

Un segundo momento fue la investigación que hicimos para el proceso de la renovación de las Constituciones: me fue gracia participar en la comisión que preparó el primer esquema. Es verdad que éste no fue la base del trabajo del Capítulo, pero me dio mucho material sobre la espiritualidad del Corazón de Jesús. Fue un gran riqueza tener acceso a lo que se trabajó en las provincias, y otra, el recurso en Roma a expertos bíblicos, como los Padres Juan Mateos S.J. y Albert Vanhoye S.J. También tuve la gracia de participar en el capítulo 82. Al ser recogidas en las nuevas Constituciones las expresiones “ Gloria del Corazón de Jesús” y” glorificar al Corazón de Jesús” se explicitaron como “ descubrir, manifestar, comunicar, anunciar su amor”. El Corazón traspasado de Jesús me abrió a “la profundidad del misterio de Dios y al dolor de la humanidad” (Const. 1982, Nº 8).

El tercer momento fue al conjugar, en una búsqueda personal, la riqueza de los dos momentos anteriores, profundizando para mí y para otros en el concepto bíblico de “gloria”. Aquí quisiera sintetizar lo que me ha iluminado para mi oración y para la misión de comunicar el amor del Corazón de Jesús.

La palabra “gloria”, en hebreo “ kabod”, significa literalmente “ peso”: no se refiere a una simple fama exterior sino que expresa el valor real, la densidad, la consistencia de aquello a lo cual se refiere.

Cuando Moisés pide a Dios “ver su gloria”, desea que Dios se le manifieste (Éxodo 34,18). Y, aunque Yahveh le dice que no puede verlo el hombre y seguir viviendo, pasa ante él y pronuncia su Nombre: “Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en AMOR Y FIDELIDAD”. Este binomio, que expresa el ser de Dios - aparece repetidamente en el A.T.: El amor, clemencia, compasión, gracia significa amor gratuito e incondicional. La fidelidad, verdad o lealtad. Algo sólido, seguro, digno de confianza, en lo cual es posible apoyarse.

San Juan en su Evangelio vuelve repetidamente sobre el tema de la gloria y lleva a su plenitud la revelación del A.T.: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre, como Unigénito, lleno de gracia y de verdad” (1,14).
“Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por Moisés; la gracia y la verdad han llegado por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (1,17-18).
En el desierto Yahveh se aparecía como nube sobre la tienda de las citas; ahora es Jesucristo quien pone su tienda entre nosotros. Moisés no podía ver el rostro de Dios, pero ahora el Hijo manifiesta al Padre. Al amor y fidelidad que se manifestaron a Moisés, corresponde la gracia y la verdad, que nos llegan con Jesucristo.

En la última cena, cuando Jesús sabe que ha llegado “su hora”, dice: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombres y Dios es glorificado en él (13,31): la gloria de Jesús y la del Padre son una misma cosa. Jesús ha comunicado esa gloria a los suyos y ruega que la manifiesten viviendo en la unidad, y que gocen después con él de la gloria eterna ( capítulo 17).. Al final de la oración sacerdotal se hace ver, una vez más, la equivalencia “gloria - amor”: “para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos” (17,26).

Si la gloria equivale al amor fiel, se identifica también con el don del Espíritu. Cuando Juan Bautista da testimonio de Jesús, dice, como haciendo eco al prólogo: “ He visto el Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él” ( 1,32). Y en el capítulo 7 hay una promesa de Jesús: “Si alguno tiene sed que venga a mi y beberá el que cree en mi, como dice la Escritura: de su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iba a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado” (7,37-39).

Y leemos en el relato de la muerte de Jesús en el cuarto evangelio: “… e inclinando la cabeza, entregó su Espíritu” (19,30). El agua y la sangre que manan del costado de Cristo simbolizan la fecundidad de su muerte: de su costado sigue fluyendo el agua del Espíritu. La gloria - amor se manifiesta en toda la vida de Jesús, pero alcanza su expresión máxima en la cruz. En un texto muy solemne, encuadrado por la referencia al cumplimiento de la Escritura y subrayado por la reiteración del testimonio dice San Juan: “ Después de esto, sabiendo que ya estaba todo cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: Tengo sed…(19,28)… uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua, y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad para que también Uds. crean. Todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: no le quebraran hueso alguno. Y también otra Escritura que dice: Mirarán al que traspasaron” (19 ,35-37).

También San Pablo expresa el misterio de Cristo haciendo referencia a la gloria: “todos con el rostro descubierto reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez más gloriosa: así es como actúa el señor, que es Espíritu” (2 Corintios 3,18). “ El mismo Dios que dijo: Del seno de las tinieblas brille la luz, la ha hecho brillar en nuestros corazones, para iluminarnos con el conocimiento de la gloria de Dios, que está en la faz de Cristo” ( 2 Corintios 4,6).

Solo me queda desear que toda la gracia recibida fructifique en mi y en los que me son confiados; que toda la riqueza que ha adquirido la expresión “glorificar al Corazón de Jesús” se derrame en la Sociedad y sea una realidad para todas nosotras el dejarnos transformar por el Espíritu para vivir en unión y conformidad con el Señor y expresar a través de nuestro amor y de nuestro servicio la caridad de su Corazón (Const.1982, Nº 4).

Margarita Hurtado rscj
Provincia de Chile

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