El tema que profundizaremos será sobre cómo el mundo juvenil interpela a la vida religiosa. Puesto que el diálogo y el caminar junto con los jóvenes nos puede iluminar en los caminos de la refundación. Los jóvenes de América Latina y el Caribe comparten una cultura juvenil que aunque es plural y tiene el matiz propio de cada país tiene unas características similares a lo largo y ancho del continente. En la manera como los adultos miramos o hemos mirado a los jóvenes también hay rasgos comunes. Esto me ha llevado a hacerme una pregunta en la línea de la refundación de la vida religiosa. ¿Qué valores del Reino viven las nuevas generaciones en su manera de enfrentar el mundo hoy y cómo pueden iluminar esta búsqueda?
Uno de los rasgos que constituyen la fidelidad al Espíritu es la capacidad de entrar en sintonía con Él descubriéndolo presente en la vida cotidiana, esto es, la capacidad que tengamos o no de descubrir el Reino en medio de nosotros/as. La vida religiosa hace parte del Reino de Dios, como lo hacen los pobres y los que buscan la Paz y la justicia, las organizaciones de la Sociedad Civil, la Iglesia, y millones de hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos habitadas por el Espíritu fieles o no a Él. Ni somos el Reino, ni somos los que construimos el Reino, si el Reino es solo trigo ¿qué hacer con la cizaña que no nos lo deja ver. ¿Cómo descubrirlo pues?
Nicodemo se acerca a Jesús y le reconoce que nadie puede hacer milagros como los que Él hace, a no ser que Dios esté con él, Jesús le responde que “nadie puede ver el Reino si no nace de nuevo, de arriba”. (Jn3, 2-3) Esto me hace pensar si en nuestra vida religiosa no nos faltará el nacer de nuevo para poder ver y acercar el Reino y descubrir en Él las semillas del Verbo. A lo mejor de eso se trata la vida del cristiano y la nuestra como cristianos/as: ver y acercar el Reino, aquí y ahora como anticipo. La vida de Jesús tuvo que ver con el Reino todo el tiempo. En su vida hubo múltiples maneras de ver (Mc.1, 15), de vivir (Mc.1, 40), de descubrir (Mc.4, 30ss; 12, 41) y acercar el Reino de Dios (Lc. 4.16ss), celebrar el Reino (Lc.10, 21) que está en medio de nosotros y nosotras, de esforzarse para que el Reino acontezca (Mt. 5, 3ss.). Entre nosotros no ha de ser distinto.
Pero para poder ver y acercar el Reino tendríamos que nacer de nuevo. ¿Será posible que la vida religiosa renazca hoy?, es la pregunta que debemos hacernos. Nos parecemos a Nicodemo cuando pregunta: ¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer de nuevo? (Jn. 3,4) Sin embargo Jesús cree que sí. Y le contesta: “El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios... No te extrañes que te haya dicho, Necesitas nacer de nuevo, de arriba, el viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de donde viene ni a dónde va. Así sucede al que ha nacido del Espíritu”. (Jn.3, 5-8) ¿Podrá también suceder en nosotros/as?
Como bautizados/as hemos nacido del Espíritu, pero quizás nos falta creerlo y por eso necesitamos abrirnos una y otra vez al Espíritu para dejarnos trasformar por Él. Agudizar el oído para escuchar por dónde sopla. Hundir la mirada en la realidad para descubrir por dónde viene. Poner la atención del corazón para captar su presencia que parece imperceptible, dejar que nuestras entrañas perciban y se conmuevan con los gemidos del Espíritu hoy. Supone el vivir de otra manera, enfrentar la vida de manera nueva.
¿Llegaremos a poder ver y acercar el Reino si nos abrimos a los valores de la juventud actual?
Al escuchar a los jóvenes, al reflexionar sobre la juventud de hoy me he preguntado si por ahí no viene un silbido del Espíritu para la vida religiosa también. Y es esto lo que deseo hacer hoy invitarles a que reflexionemos juntos sobre como los jóvenes pueden acompañar a la vida religiosa a nacer de nuevo. ¿Cómo dejarnos cambiar la mirada?
Hoy día hay una fuerte invitación a cambiar la mirada: a mirar a los/as jóvenes como los mira Jesús y a descubrir las fortalezas de las nuevas culturas juveniles que cuestionan no solo nuestra misión hacia ellos(as) sino que también cuestionan nuestro modo de relacionarnos y nuestro modo de vivir la vida religiosa. ¿Será posible que nos dejemos cuestionar?
¿Qué afecta a los jóvenes hoy?
Es cierto que los jóvenes no existen aislados de la sociedad en que vivimos y en ésta se van dando cambios que son decisivos en el conjunto de transformaciones por las que estamos pasando: las nuevas formas de producción de bienes de consumo y de servicios se abren a una especie de conquista del macrocosmos y del propio ser humano. Este saber tecnológico se torna en forma privilegiada de poder económico y político. Está en manos de unos pocos que tienen acceso a este conocimiento, esto crea mayor exclusión. En un mundo donde la técnica influye, la producción de relaciones entre los seres humanos con su medio ambiente, grupos, clases, sociedades e individuos. Las expresiones de globalidad y la dinámica de globalización son parte de esto. En medio de esto se da la concentración de poder que lleva a experimentar profundas desigualdades.
Los jóvenes están inmersos en un mundo donde la producción de sentido y de significado con que vemos las cosas, las personas, y a nosotros mismos controla al ser humano. Existe una estrecha relación que entrelaza las formas de producir y consumir los bienes con el horizonte de significados que alimentan la vida. El consumo afecta no sólo el juego económico sino nuestro propio modo de ser. Se habla de una crisis de sentido donde hay un acento en la individualidad, la autonomía de los sujetos, en las exigencias de la subjetividad que parecen relativizarlo todo. Otros están completamente excluidos de ese mundo que parece dar sentido pero a la vez son víctimas de la propaganda que les hacer desear aquello que el neoliberalismo ofrece como sentido.
La relativización de sistemas, de significados elaborados colectivamente y trasmitidos en los procesos de socialización implica la crisis generalizada de las Instituciones que han sostenido durante décadas la socialización de los individuos. Las nuevas generaciones son víctima de esto y son influenciadas por esta crisis al igual que nosotros/as. Es cierto que los jóvenes en sintonía con la cultura postmoderna privilegian al individuo y parecen estar más volcados a los valores e intereses individuales que a la transformación de la sociedad. Es cierto que muchos sienten una gran inseguridad personal que carga con una autoestima precaria que parece reclamar un nido afectivo.
El sentimiento de provisoriedad hace que el futuro se les convierta muchas veces en una amenaza angustiante, en un pragmatismo orientado a la utilidad, y podríamos seguir mencionando otras limitaciones. Pero me parece que en lugar de poner el acento en la crisis de valores que las nuevas generaciones presentan, el reto está más bien en llegar a entender cómo las nuevas generaciones enfrentan y reelaboran la crisis por la cual pasa la sociedad.
Desafíos para la vida religiosa
La vida religiosa tiene como desafío acoger a los jóvenes como sujetos y compañeros en la construcción de la vida y sus significados. Por eso decía anteriormente sobre como los jóvenes pueden acompañar este proceso de refundación en lugar de solo verlos como acompañados en su proceso de crecimiento o como víctimas del sistema. Los jóvenes que entran a la vida religiosa son ya adultos y por lo tanto sujetos de su presente. Los que están en búsqueda, vienen como llegamos una vez nosotros y nosotras a la vida religiosa, vienen con sus capacidades y limitaciones.
Me pregunto si los jóvenes hoy, quizás sin darse cuenta nos están pidiendo de beber para entrar en diálogo con nosotros y en ese diálogo encontrar juntos lo que es esencial y lo que es la verdadera agua que puede ofrecer la vida religiosa. Si aprendemos a mirar a los jóvenes no solo desde la crisis de valores sino desde como están intentando enfrentar la crisis de la sociedad quizás encontremos caminos de una vida religiosa nueva según el Espíritu.
Sé que los jóvenes tienen muchas limitaciones, no quiero idealizarlos. Así las tuvimos nosotros cuando éramos jóvenes. Pero al mirar su realidad con ojos diferentes siento que el encuentro con su mundo es como el de Nicodemo con Jesús. La juventud parece decirnos “dame de lo que no tengo” “toma de lo que te puedo ofrecer”. Si hacemos un paralelo entre Nicodemo y la Samaritana veríamos que uno lo encuentra en la noche y la otra durante el día pero ambos están necesitados del agua que da Jesús. La vida religiosa tímidamente parece responderle a la juventud: “¿Cómo tú siendo joven me pides de beber a mí que soy adulta, que tengo una vida hecha, he pasado trabajos para conseguir mi agua (y además los jóvenes y los adultos no se comunican)? No estamos para sueños sino para realidades, Uds. no saben lo que quieren son inconsistentes, son esto son lo otro... Muchas veces no nos atrevemos preguntarle a ellos y “¿tú que tienes para ofrecer? Sin embargo alguna agua nos podrían ofrecer... ¿No creen?
Y es ahí, en el dialogo entre Jesús y la samaritana donde se va a algo mas profundo... lo que interesa es el agua viva. Como el dialogo de Jesús y Nicodemo fue más lejos. Fue también al agua... a renacer del agua y del Espíritu. Para mi el atrevernos a entrar en ese dialogo sería como arriesgarnos a que Jesús en el diálogo le pregunte a la vida religiosa por sus cinco maridos. Todos aquellos modos, estructuras, relaciones, modos de relacionarnos, obras en las que nos hemos afincado, con las que nos hemos casado que a lo mejor no nos dejan tiempo para ir a buscar agua al pozo de la vida cotidiana donde se encuentran los jóvenes y otros predilectos de Dios. El pozo donde se encuentra el agua que esperan los pobres y los excluidos a veces permanece solo, al igual que Nicodemo permaneció solo hasta el día en que se atrevió a acercarse a Jesús.
El pozo de la juventud: su manera de enfrentar la crisis del mundo actual
Hay jóvenes a quienes llamo sobrevivientes de la sociedad actual. Por su modo de ser no se han dejado absorber por los antivalores mencionados en este escrito. De pronto al cambiar la mirada va descubriendo una. Va descubriendo uno que hay trigo y cizaña Algunos rasgos comunes de las subculturas juveniles que saben a libertad. Podrían ser la relativización de los valores tradicionales, puesto que se prefiere la vida sin criterios absolutos, se valora más lo flexible que lo estable y definitivo. Las instituciones las valoran en cuanto sirven a mejorar la calidad del encuentro entre personas.
Hay una actitud tolerante y pluralista ante la diversidad. Se da un alto valor a la amistad. Los jóvenes tienen un sentido lúdico y festivo. Hay una disposición a la solidaridad pero sin afición a obligaciones permanentes. Parecen tener un desinterés por la política. Hay cierta renuncia a transformar al mundo y más bien una búsqueda de un reformismo sensato y concreto. Hay una tendencia al sincretismo religioso y su relación con Dios se limita muchas veces a la esfera de lo privado. ¿Y en nosotros y nosotras no pasa esto?
Pero también hay en las subculturas juveniles unas fortalezas que son las que cuestionan y que están impregnadas de huellas del Reino a mi modo de ver. “Hay en ellos/as una gran capacidad de gozar, de disfrutar la vida presente y de llenar de sentido cada tramo de la existencia, bajo el signo de la gratuidad y de la alegría. En ellos hay una búsqueda de autenticidad y mayor libertad, de cuestionar y ahondar en la fidelidad a si mismos. Para ellos la centralidad de la persona les lleva a rechazar toda forma de ideologización que sacrifique a la persona en función de las ideas. Se les descubre un sentido de los propios límites que les ayuda a reconocer lo que deben recibir del otro.
Hay en ellos/as capacidad de rebeldía contra aquello que no sea realmente digno del ser humano, aunque haya sido recibido por tradición. El pragmatismo lleva a muchos/as a poner más el amor en las obras que en las palabras. La búsqueda de sentido, de identidad, de pertenencia les hace poner un acento fuertemente existencial en sus motivaciones. Su manera de relacionarse entre hombres y mujeres es de mayor igualdad” ¿Porqué en nuestras sociedades tiene que primar la ley del más fuerte?
Creo que nos faltaría completar los rasgos que añade una cultura de violencia a los/as jóvenes hoy. ¿Cómo los jóvenes de sociedades muy violentas o en guerra enfrentan esa crisis? Para mi sería motivo de diálogo en la realidad que vivimos en Colombia.
Los jóvenes tienen utopías que cuestiona a la vida religiosa
¿Qué tienen que decir los jóvenes en su manera de enfrentar la crisis actual a la vida religiosa colombiana? Al mirar la sociedad y el intento de muchos jóvenes de enfrentar la crisis de ésta, me pregunto en una sociedad patriarcal y adultocratica que crea sumisión y dependencia ¿qué sentido tiene una vida religiosa patriarcal y adultocrática? ¿Qué sentido tiene una vida religiosa que no se inserta y dialoga con la juventud a la cual pertenece casi un 40% de nuestra población?
Los jóvenes quieren ser reconocidos en su individualidad. ¿Qué sentido tiene una vida religiosa que no acompañe procesos de individuación, ni ayude al proceso de integración personal ante la fragmentación de la persona que provoca este sistema neoliberal?
En una época de incertidumbre donde se ofrecen tantas falsas seguridades, ¿qué sentido tiene una vida religiosa que ofrezca la falsa seguridad de la observancia de unas estructuras que despersonalicen y creen personas dependientes que a veces algunos jóvenes sin darse cuenta buscan?
Los jóvenes tienen el sentido de la aldea global y de la provisoriedad. En una sociedad abierta al mundo, ¿qué sentido tiene una vida religiosa cerrada en un pequeño mundo con miedo al riesgo? En un mundo cambiante ¿qué sentido tiene una vida religiosa inflexible? ¿Podremos vivir una vida religiosa abierta a lo original y novedoso con una disposición favorable a lo discrepante y alternativo, tolerante, plural?
Al escuchar el llamado a mirar las fortalezas de los jóvenes y las jóvenes e intentar de ver en ellas los brotes de una vida más humana y nueva me pregunto ante la importancia que le dan a las relaciones personales ¿Cómo será una vida religiosa cuya centralidad sean las relaciones personales más que el quehacer y las tareas?
Ante su búsqueda insaciable de sentido, de lo trascendente, ¿cómo será una vida religiosa cuya sed de espiritualidad encarnada y liberadora sea insaciable? Los jóvenes parecen disfrutar del presente, de la amistad. ¿Cómo será una vida religiosa que valore la amistad y el ocio compartido con los amigos(as)? ¿Será posible una vida religiosa que sepa disfrutar lo que hace y vive, que sepa valorar el placer, el gozo de vivir en la vida cotidiana?
Hay en los jóvenes una capacidad de rebeldía, ¿cómo colaborar para que se tenga mayor libertad para cuestionar y para ahondar la fidelidad que cada uno(a) tiene a sí mismo(a)?
Si el ser humano es un valor primordial para el joven, ¿estará la vida religiosa dispuesta a destruir lo que no sea genuinamente digno del ser humano, aunque haya sido recibido por tradición?
Los jóvenes con un acento fuertemente existencial en sus motivaciones ¿nos acompañarán a que la vida religiosa se comprometa con los excluidos y con los que sufren aunque sea por tiempos cortos? Cuestionamos la poca durabilidad en sus compromisos pero ¿somos capaces de entregarnos de la manera que lo hacen ellos en lo que llamamos, sus compromisos temporales? A veces ni temporalmente algunos religiosos nos comprometemos como ellos. Si nos convencemos de que cada generación es un regalo de Dios al mundo ¿qué tiene pues esta generación que decir a la vida religiosa?
La vida religiosa necesita hombres y mujeres que nos fiemos del Espíritu para enfrentar la tentación de una cosmovisión estrecha. Necesitamos una vida religiosa que se anime a tender nuevos puentes con la juventud hoy. Una vida religiosa adulta que se sepa dejar acompañar por los jóvenes y las jóvenes como Noemí por Rut. Vida religiosa donde el diálogo generacional de pie a nueva vida, a nuevas respuestas. Muchas veces nos hemos preguntado cómo acompañar a los jóvenes y a las jóvenes en la vida religiosa, ¿cuantas veces nos hemos dejado acompañar por ellos y ellas? Ellos también quieren ser protagonistas de nuevas formas de seguir a Jesucristo, de una nueva vida religiosa. El renacer de la vida religiosa supone cambiar paradigmas que ya no responden al hoy.
A manera de conclusión
Hace poco me reunía con la vida religiosa joven en algún país y les preguntaba: ¿qué desean que diga a los superiores y superioras mayores? Entre otras cosas decían: que recuerden que en las comunidades también hay jóvenes que desean ser protagonistas. A veces llevamos obras que se comenzaron muchos años atrás pero ahora necesitamos preguntarnos si responden al hoy, y si realmente los jóvenes nos vemos dentro de ellas. ¿Será que a veces no estamos pidiendo a los jóvenes que lleven una carga de trabajo y responsabilidades que no dejan espacio ni tiempo para orar, integrar, aportar? Creo que piden diálogo, piden ser reconocidos/as.
Al preguntarles cuántos y cuántas jóvenes hay en sus congregaciones, constaté que son pocos con relación al número de hermanos y hermanas mayores. Esto me hizo pensar en dos cosas: una, en las normas no habladas que vamos estableciendo en los grupos y sin darnos cuenta imponemos, los pocos jóvenes o las asumen o se tienen que ir. Otra es el peso de la experiencia ante los nuevos brotes que a veces sin querer no dejamos surgir pues no dejamos espacio para la savia nueva. Sabemos que no todos ni todas tenemos posibilidad de experiencias nuevas o de crear nuevas respuestas. ¿Cómo dejar que otros las creen y sigan siendo parte nuestra?
Me pregunto ¿cómo crear espacios para que esa savia nueva también pueda dar la nueva vida que trae en germen? ¿Cómo cambiar nuestra mirada para descubrir el agua que ellos pueden ofrecer a la vida religiosa?
En una sociedad en guerra, los jóvenes también piden de beber y quieren ofrecer de su agua. ¿Cuáles serán sus preguntas? ¿Cuáles serán nuestras repuestas? ¿Cómo caminar juntos para poder ver y acercar el Reino?
La Samaritana se acercó al pozo y allí encontró a Jesús. Ese encuentro cambio su vida. Nicodemo se acercó también a Jesús y su vida cambió ¿Cómo acercarnos a la juventud hoy para encontrar en ellos a Jesús y al Espíritu? Esa agua del encuentro puede cambiar nuestras vidas. Nos necesitamos para poder ver y acercar el Reino. Nos necesitamos para que la vida religiosa se repiense a si misma.
Si miramos los signos de los tiempos en los pobres, en los excluidos, en las mujeres, en los afro descendientes, en los indígenas y cómo ellos y ellas enfrentan la crisis de la sociedad actual, encontraríamos en ellos también rasgos que nos pueden ayudar a recrear los fundamentos de la vida religiosa hoy y seríamos testigos de nuevos modos de seguir a Jesucristo, una nueva vida religiosa. Nuestros carismas se recrearían.