L. Menéndez rscj  |
Lee la preciosa historia de Gen 24 en la que Abraham envía a su siervo Eliezer para buscar esposa para Isaac en la tierra de su parientes. Una lectura pausada del texto y de las expresiones más repetidas, pone de relieve los hilos que se van entrecruzando para formar su trama:
- el hilo de la bendición "descendente" con la que Dios envuelve a Abraham (v.1.35), a su siervo (v.31) y a Rebeca(v.60) y la "ascendente", que brota del agradecimiento y sube de Eliezer al Señor (vv.26 y 46)
- el hilo relacional que vincula constantemente a Eliezer con Dios, lo mantiene en una actitud de contemplación silenciosa para descubrir el rastro de su presencia (v.21) y le lleva a dirigirse a él en medio de la vida con una oración de súplica (vv.12 y 43), de bendición y adoración (vv.26.48.52).
- el hilo del amor fiel de Dios (hesed)(vv.12.14.26.48.49), de su conducción y acompañamiento (vv.27.40.48.56) que van guiando y transformando todo el relato.
Junto al pozo de Aram Naharayim, tira de nosotros ese "hilo" que podríamos llamar de la "frescura de la fe", y que nos atrae en dirección a una "segunda ingenuidad" en la vida de oración.
Déjate cautivar por ese "camino a dos" que parece recorrer Eliezer con su Dios,(lo mismo que en un icono copto del s.VI, Cristo pone familiarmente su brazo sobre los hombros de San Menas); por la posibilidad, siempre abierta ante ti, de "caminar humildemente con tu Dios" (Mi 6,8), tranquilamente confiada en su presencia, atenta a los "guiños" que te hace a través de las peripecias, encuentros y llamadas de cada día.
Aviva el deseo de ir tejiendo con el hilo de la oración la normalidad de tus días, déjate atraer por ese Dios que está deseando hacerse el encontradizo contigo y recuerda que hay un pozo esperándote detrás de cada esquina con tal de que vayas aprendiendo, como Eliezer a "contemplar en silencio"...
*Lee despacio el encuentro de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) en torno al pozo de Jacob. Contempla a la mujer, escondida detrás de su cántaro, su trivialidad y sus evasivas que parecían impedir cualquier comunicación profunda. Y date cuenta de cómo Jesús va pacientemente ahondando en el pozo oscuro de aquella mujer hasta hacer salir de ella el agua limpia de su fe y de su reconocimiento de Aquél con quien estaba hablando (Cf.Jn 4)
Siéntete como ella, toma conciencia de cuáles son las puertas que hay cerradas en ti, detrás de qué defensas te atrincheras y escondes, de qué tienes miedo...Desde esa situación reconocida y concienciada, ponte delante de Jesús pidiéndole que sea él mismo quien derribe tus resistencias, abra de par en par tus puertas, tus ventanas y tu vida, y entre en ella con su agua, su perdón, su sanación y con todos aquellos que son “su gente” .Deja que resuenen dentro de ti las palabras de Jesús: "Si conocieras el don de Dios..." "Dame de beber..." "Tú me pedirías y yo te daría un agua viva..."
*Lee y "traduce" al lenguaje de hoy el nº 86 de las Const. 1815 y pon nombre a los temores y dificultades concretas que experimentas para seguir a Jesús y vivir su Evangelio. Léelo también en clave colectiva, trayendo a la presencia del Señor los desánimos y cansancios de la gente, la lentitud del trabajo por el Reino, el avance tan lento de la justicia y la reconcilia¬ción en el mundo...Deja que Sofía te diga: "Puedes poner toda tu seguridad en que vas a encontrar en el Corazón de Jesús un manantial inagotable de fuerza, de gracia y de consuelo y que apoyada en él, puedes decir: "Todo lo puedo, todo lo podemos, en Aquél que no da la fuerza"...
Ella debía sentir el amor de Dios como una fuente que manaba desde su centro, como un torrente que le inundaba el alma con un agua que se le entregaba no para ser retenida sino para ser regalada, derramada, perdida. Habla con ella sobre esas actitudes en ti....
*El Salmo 1 describe la existencia de alguien a quien desde el comienzo califica de “dichoso” y a quien “todo lo que hace, le sale bien”. Esa fecundidad de su actuar (de su “brazo”) da pie para compararle con un árbol cargado de frutos y cuyo follaje no se marchita. Y se nos revela también el porqué de esa vida fecunda: lo mismo que el árbol “está plantado junto a un manantial de agua”, el hombre tiene puesto su corazón y centrado su deseo en el Señor y vive constantemente vinculado a El y a su voluntad.
A.Chouraqui, un autor judío, lo comenta así:
“Hay un deseo que nace del amor y provoca una unión esencial del amante y del amado. La torah de Yahvé se convierte en su torah. Hay como una muerte a sí mismo y un renacer a la la luz del amor: el que ama se ha transformado él mismo en torah de Yahvé y no puede hacer otra cosa que susurrarla día y noche, no porque se esfuerce en hacerlo, sino gratuitamente, porque se ha vuelto así bajo el movimiento del amor.”
-Visualízate a ti misma como un árbol y siente tus raíces, tus ramas y hojas, el circular de la savia...¿Qué clase de árbol eres?,¿con qué características: frondoso, medio seco, alto, débil...?, ¿cómo son tus ramas y tus frutos? ¿dónde estás plantad<?, ¿tienes agua cerca?...
-Imagina que Jesús de Nazaret pasa junto a ti, se detiene y te contempla. Siéntete bajo una mirada que no te juzga ni te reprocha nada, ni te exige más frutos de los que ahora estás dando pero quiere darte a conocer dónde está el secreto de que el “hacer” no provenga de un activismo compulsivo, sino de un amor que necesita expresarse. Pídele que comparta contigo su convicción de que toda fecundidad depende de dónde se tengan puestas las raíces. Dialoga silenciosamente con él, escúchale pedirte: “Grábame como un sello cobre tu corazón, como un sello sobre tu brazo...”
-Relee el salmo dejando que crezca en ti el deseo de tener tus raíces vitales cerca del agua y de vivir unificadamente el ser y el hacer...