de matilde maria moreno, verettes, haití “Recordad que en 1991 fue elegido, democráticamente, J. B. Aristide, un ex salesiano, como presidente de la nación. Millones de personas, sobre todo los más pobres, tenían puestas todas sus esperanzas en él. Parecía que por fin la democracia y la justicia iban a hacerse presentes en el país. Antes de finalizar su primer año de mandato, un golpe de estado le hizo huir a Estados Unidos. Desde allí supo organizar muy bien la lucha del pueblo para conseguir retornar como presidente. Fueron años en que muchos miles (¿cien mil?) de personas dieron su vida por él. Volvió a la presidencia en 1994, pero ya no era el mismo. De todas formas volvió a ganar las elecciones en el 2000, con mayoría absoluta, y terminará su mandato en el 2005. Los partidos de la oposición reciben desde hace tiempo ayuda del exterior (USA, sobre todo) para hacerle la vida imposible, organizar desórdenes callejeros, bloqueos de carreteras... pero lo más grave es que el pueblo, que antes dio la vida por él, está cada vez más desencantado y ya comienza a no quererle como presidente. Ahora está sufriendo sus ataques y represiones dictatoriales. Nosotras, en Verrettes estamos tranquilas pero no sabemos cómo va a acabar esta película. Os mando la carta que se leyó en todas las Misas del Gallo del 24 de diciembre en la Diócesis de Gonayiv, que es la nuestra. La escribieron todos los sacerdotes de la diócesis. Hemos tratado de traducirla Josefa y yo, sin que pierda la fuerza y la crudeza que tiene en kreyol. Lo que viene entre paréntesis lo hemos añadido para que podáis entenderla mejor.” Gonayv 23 de diciembre de 2003 Declaración de los sacerdotes de la diócesis de Gonayiv Nota de prensa Nosotros, sacerdotes de la diócesis de Gonayiv vivimos con angustia los desgraciados acontecimientos que ocurren en el país en el umbral de la celebración del bicentenario de la independencia muy especialmente en la ciudad de Gonayiv, ciudad de la independencia (en esta ciudad se firmó la declaración de independencia). Nos sentimos indignados ante todos los actos insolidarios, criminales y bárbaros que ha padecido la población de la ciudad como por ejemplo la masacre del 2 de octubre de 2003 en Raboto (un barrio de Gonayiv) y la cantidad de gente que ha sido víctima de la represión y la brutalidad, sin citar lo que ocurrió el otro día a la vista de todos. Hace falta vivir para ver muchas cosas. Pero hace falta vivir mucho para ver justo lo contrario. Lo que ha pasado hoy bajo el gobierno de Jean Bertrand Aristide, gente de Raboto que ha sido víctima de este gobierno, al mismo tiempo que nos acordamos cómo cientos de ellos murieron por el retorno de Titid (apodo de Aristide) en la masacre del 22 de abril de 1994 bajo el régimen del golpe de estado. En el año 1803 luchamos contra los blancos para conseguir nuestra independencia. Hoy, en el año 2003 es nuestro propio hermano quien quiere volvernos esclavos en nuestro propio país. Esta situación es intolerable y revuelve nuestras conciencias de Pastores que tienen que acompañar al Pueblo de Dios en su camino de liberación. Condenamos sin reservas los actos violentos contra los estudiantes, contra el Rector Paquiot y los destrozos en la universidad encaminados a destruir todas las fuerzas vivas de la nación. Por todas estas razones no vemos con que cara vamos a poder celebrar el primero de enero de 2004 (día en que se cumplen los 200 años de la independencia del país) mientras la ciudad está desolada, triste y con miedo. Al mismo tiempo condenamos las demás formas de violencia, destrucción y posterior incendio de instituciones que son buenas para la ciudad que los miembros de los partidos de la oposición han cometido. “No olvidéis: Mucha gente va a morir, pero el país va a continuar”. Por el bien de la nación, como nuestros compañeros sacerdotes de la Diócesis del Sudeste y la del Sur, pedimos al Presidente Aristide que haga un gesto patriótico aceptando humildemente las reivindicaciones del pueblo de manera que el país tome el camino de la democracia, la reconciliación, la paz y el desarrollo. Que el Dios de la vida, por la intercesión de María nuestra Madre del Perpetuo Socorro (patrona de Haití) nos ayude a encontrar libertad esperando realizar el sueño de la unidad en la nación haitiana. Sacerdotes de la diócesis de Gonayiv |