la teología ecológica y el pecado estructural Elaborado por: María del Mar Clapera Gómez rscj Diciembre 2002 Propuesta de este trabajo : Plantear la visión cristiana holística como una visión alternativa frente al pecado estructural, en el ámbito medio-ambiental. 1. Algunos datos sobre la situación ambiental actual: Es comúnmente conocido que la preocupación por el deterioro de los recursos naturales, la contaminación de los elementos (suelo, aire y agua) y la calidad de vida de la mayoría de la población, ha tenido una creciente presencia en el ámbito de discusión internacional, así como en el ámbito de la reflexión de un número creciente de disciplinas y actividades humanas (economía, demografía y fenómenos poblacionales, cultura, política, ciencia y tecnología, ética y otros más); al grado que hoy en día el asunto del cuidado del medio ambiente y sus posibles vías de compatibilización con los procesos de desarrollo se consideran asuntos vitales para la propia viabilidad de la especie humana en este planeta. Los principales problemas globales del medio ambiente son: lluvia ácida, calentamiento de la atmósfera, destrucción de la capa de ozono, desmonte / desertificación y superpoblación. La lluvia ácida resulta principalmente del proceso de industrialización. El efecto estufa resulta de la quema de combustibles fósiles que despiden dióxido de carbono y otros gases. Estos, asociados al desmonte, producen una especie de estufa que origina el calentamiento de la atmósfera. El último siglo la temperatura aumentó 0.6 grados. Durante los próximos cien años se espera un aumento de 1.5 a 5.5 grados Celsius; esto provocaría desastres descomunales, debido a las sequías y el deshielo de la capa polar. Basta que el océano crezca un metro para inundar el 10% de Bangladesh, destruyendo 8 millones de habitantes; muchos animales y plantas no se adaptarían y morirían. La capa de ozono protege la vida de las radiaciones ultravioletas que provocan cáncer de piel y debilitan el sistema inmunológico. La emisión de compuestos químico-industriales, solventes de limpieza en seco, aerosoles y otros insecticidas, provocan el agujero de ozono. Los mayores contaminadores del planeta, en orden del 80%, son los países ricos e industrializados. En 1985, los EEUU lanzaron a la atmósfera un millón 186 mil toneladas de bióxido de carbono y la antigua URSS arrojó 985 mil. Aquí se produce una paradoja: los países responsables de la crisis ecológica se niegan a asumir el principal compromiso por corregir el curso de este proceso de desarrollo, pero imponen al hemisferio sur normas sobre cómo tratar la naturaleza. La población mundial crece en una forma muy acelerada. En 1989 éramos 7.5 mil millones; en el año 2000 seremos 6.4 mil millones. La humanidad necesitó 10,000 generaciones para llegar a los dos mil millones de habitantes, y sólo una generación para pasar a 5.5 mil millones. De seguir a este ritmo, en la próxima generación seremos 11 mil millones. En este debate se confrontan dos visiones: ¿Cuál es la mayor amenaza, la superpoblación o el patrón de consumo y desperdicio de los ricos? Los países ricos consumen en autos, electrodomésticos y productos químicos, un promedio de veinte veces más que los países pobres.1 Así, al tratar el tema poblacional tenemos tres temas conexos: el acelerado crecimiento poblacional en algunos países, el superconsumo y desperdicio de los países ricos junto a la concentración de la renta y los recursos en unas pocas manos, y el costo de miseria de las mayorías, sin una distribución equitativa y solidaria. En estos datos descubrimos la dimensión de la crisis global de nuestro sistema planetario. La Tierra está enferma y herida. Desde la Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, hasta la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo que tuvo lugar en la ciudad de Río de Janeiro, en 1992, la conciencia, ocupación y relevancia de los saldos ambientales del desarrollo se han fortalecido a nivel mundial. En la última década, tal situación se ha valorado en términos de buscar la sustentabilidad de las diversas propuestas y alternativas de desarrollo; viendo esto a diversas escalas: la mundial, nacional, regional y microrregional, y desde diversos procesos: el económico, tecnológico, político, poblacional, ecológico, cultural, legal y social en general. El término "desarrollo sustentable" se ha convertido tanto en una meta de las estrategias de desarrollo y/o emancipación social, como en criterio de juicio de los resultados de diversos modelos de desarrollo. Aún cuando el concepto sigue siendo polémico e inacabado, se entiende por desarrollo sustentable, aquel tipo de desarrollo que permita satisfacer la necesidad de una calidad de vida digna a las generaciones presentes, haciendo un uso racional y eficiente de los recursos naturales y humanos con que se cuenta, de tal forma que la búsqueda de una mejor calidad de vida para la población se pueda seguir manteniendo en el futuro, por parte de las generaciones venideras. Ante esta crisis ambiental, las propuestas y alternativas de modelos de desarrollo se encuentran hoy en día en franca recomposición. La crisis ambiental, si bien no es la única que se vive en las sociedades actuales, en particular la mexicana, es una de las que mayores desafíos presenta a la creatividad e inventiva de proyectos. En nuestro país se tiene la sensación generalizada de estar llegando al final de un largo período histórico, de un largo ciclo económico y político que ofreció sus saldos más positivos hace ya tiempo, y ahora más bien que se descompone y desarticula. Desde la evidente y profunda crisis interna de la clase política dirigente y su órgano de institucionalización, el PRI-PAN, hasta la ausencia de propuestas creativas de funcionamiento económico que hagan frente a los más graves problemas de esta índole del país: la inequidad y la degradación ambiental. Pareciera ser que nos encontramos en una coyuntura de ausencia de propuestas de desarrollo social y, por lo tanto, de la posibilidad y necesidad de inventiva y creatividad. Tal parece que este pecado estructural nos condiciona y nos determina. 2. La Co-responsabilidad del cristianismo por la crisis ecológica. ¿Hasta qué punto el cristianismo es co-responsable de la crisis ecológica? El libro del Génesis presenta dos versiones de la creación y de la misión del ser humano. En la primera versión se dice: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza para que domine...", "sean fecundos y multiplíquense, llenen y sometan la tierra, dominen sobre los peces..." (Gn 1,26.28). Una cosa es el sentido del texto en el marco cultural del hagiógrafo, hace tres mil años, y otra su recepción por los lectores actuales. El sentido original del texto es este: "El ser humano, en cuanto varón y mujer, es el representante de Dios en la creación, su hijo y su hija, su lugarteniente y aquél que prolonga la obra creadora de Dios". Pero no fue ese el sentido que predominó. Las palabras "someter y dominar" fueron leídas en el contexto de la modernidad y fueron asumidas literalmente.2 La segunda versión dice que el ser humano fue hecho por Dios como un ser vivo, marcado con su soplo. Fue colocado en el jardín del Edén "para cultivarlo y guardarlo" (Gn 2,15). Aquí el sentido es manifiesto; el ser humano es amigo de la naturaleza, trabaja con la Tierra y es su ángel guardián que la preserva. Sin embargo, esta versión no fue tomada en cuenta o fue espiritualizada. Un error mayor fue cierta tradición teológica, dominante en los medios eclesiásticos, que produjo sospecha sobre el cuerpo, desprecio del mundo, desconfianza del placer, de la sexualidad y la feminidad, anuncio de un Dios desligado del mundo que favoreció el surgir de un mundo desligado de Dios. Pero también hubo puntos positivos: la afirmación de la materia por el misterio de la encarnación y por los sacramentos, el descubrimiento del carácter sacramental del cosmos que trae signos del mismo Dios, el misterio de la creación que nos hace hermanos y hermanas de todos los seres, la mística de la confraternización vivida por Francisco de Asís y sus seguidores. 3. La Ecología: la ciencia y el arte de las relaciones. El concepto de ecología se extiende más allá de los seres vivos; representa la relación, la interacción y el "diálogo" que todos los seres guardan entre sí y con todo lo que existe. La ecología no se limita sólo a la naturaleza, sino que también abarca la cultura y la sociedad. De esta forma, la tesis básica de una visión ecológica de la naturaleza nos dice: todo se relaciona con todo y en todos los puntos. A nivel humano, la ecología exige una actitud básica: la de relacionar todo por todos sus lados; de esta forma se superan los saberes estancados y se evitan los "científicos cerrados" que sólo saben acerca de su campo especifico. Son necesarias una comprensión interdisciplinaria y una actitud de relacionar todo hacia atrás: ver las cosas desde su genealogía, pues hasta llegar a su forma actual, han conocido muchas transformaciones a lo largo de millones de años. También es necesaria una visión hacia adelante: todas las cosas tienen un futuro. Finalmente, la ecología exige una visión de totalidad, que no resulta de sumar las partes, sino de la interdependencia orgánica de todo con todo. Esta actitud ecológica se llama holismo o visión holística. El holismo representa el esfuerzo de sorprender el todo en las partes y las partes en el todo. La ecología holística constituye una práctica y una teoría que relaciona e incluye todos los seres entre sí y con el medio ambiente, en una perspectiva de lo infinitamente pequeño, de lo infinitamente grande, de lo infinitamente complejo, de lo infinitamente profundo y de lo infinitamente misterioso. Todo se encuentra en relación; fuera de la relación nada existe.3 Así, podríamos definir la ecología como la ciencia y el arte de las relaciones y de los seres relacionados. La casa-hábitat-oikos, está hecha, en realidad, de seres vivos, materia, energía, cuerpos y fuerzas en permanente relación. De tal manera que la ecología representa un interés global, una cuestión de vida o muerte de la humanidad y de todo el sistema planetario. Todos los seres de la tierra se encuentran amenazados, comenzando por los pobres y marginados; y esta vez no habrá un arca de Noé que salve a unos y deje perder a otros. O nos salvamos todos, o todos corremos el riesgo de perdernos. Por tanto, todas las prácticas humanas y todos los saberes deben ser redimensionados a partir de la ecología, y deben dar su contribución específica en salvaguardia de lo creado. A partir de esto podemos dar respuesta a algunas objeciones contra la preocupación ecológica: En primer lugar, se dice que la ecología es cosa de ricos. Se dice que el hemisferio norte, después de haber depredado la naturaleza en sus países y saqueado a los pueblos colonizados en el mundo entero, quiere ahora, para lograr su desarrollo, un medio ambiente saludable y reservas ecológicas para preservar especies en vías de extinción. Esto es verdad; los ricos pensaron en sí mismos dejando de lado la perspectiva holística, ellos son ambientalistas o conservacionistas, es decir, su perspectiva es egoísta e interesada. También se dice que la ecología es cuestión de grupos ecológicos, de gente que no tiene en cuenta las enfermedades sociales. Es verdad, no basta desarrollar una veneración por la naturaleza, si no es articulada con la agresión a los seres importantes de la misma, que son los humanos marginados y empobrecidos. Una objeción más es que la ecología es cosa de los partidos políticos verdes. Tenemos que reconocer que ellos tuvieron el mérito de llevar al campo político el tema de la degradación ambiental. Sin embargo, en la medida en que la conciencia ecológica crezca y sea asimilada culturalmente, el partido verde podrá desaparecer. La cuestión ecológica nos remite a un nuevo escalón de la conciencia mundial: la importancia de la Tierra como un todo, el destino común de la naturaleza y del ser humano, la interdependencia que reina entre todos, el riesgo apocalíptico que pesa sobre la creación. Los seres humanos pueden ser homicidas y genocidas, del mismo modo que pueden ser biocidas, ecocidas y geocidas. Nuestra casa está herida y hay que repararla desde los cimientos, no sólo hacerle remedios superfluos. ¿Cómo establecer relaciones que preserven la creación natural y la vida de las personas en la justicia, la solidaridad y la paz? 4. El rescate de la teología de la creación. La ecología nos coloca ante la naturaleza como una totalidad orgánica, diferenciada y única; nos facilita entender el concepto teológico de creación, mediante el cual Dios y el universo se diferencian y al mismo tiempo se aproximan. Decir que somos creados es afirmar que vivimos de Dios, tenemos en nosotros marcas de Dios y caminamos hacia Dios. Por razones históricas e institucionales, la reflexión cristiana no profundizó mucho el misterio de la creación y se ocupó más del de la redención. Algunas referencias de base de la teología de la creación son las siguientes: en primer lugar, debemos entender la creación como juego de la expresión divina, danza de su amor, espejo en el cual él mismo se ve y donde proyecta compañeros en su vida y comunión. En este sentido, cada ser es mensajero de Dios. En esta visión creacional no existen jerarquías ni representantes exclusivos. La revelación es permanente, pues Dios continua auto-donándose y haciendo aparecer históricamente otras dimensiones de su misterio.4 En esta teología de la creación aparece de manera singular el ser humano. El no está encima, sino dentro y en el límite de la creación; el mundo no es fruto de su deseo o su creatividad. Porque es anterior a él, el mundo no le pertenece, pero le es dado como jardín que debe cuidar y cultivar. Por lo tanto, la relación que el ser humano tiene para con la creación es fundamentalmente de responsabilidad, una relación ética. Esa responsabilidad no es resultado de su libertad; se encuentra inscrita en su ser creacional. Una teología de la creación nos ayudará a encontrar el sentido de una teología de la redención. Redención supone un drama, una decadencia en la creación, una ruptura en la vocación humana que alcanzó a todos los humanos y a todo su entorno cósmico. Por eso toda la creación gime una liberación (Rm 8,22). Cuando nos olvidamos de la creación, se exacerba la importancia de la Biblia (fundamentalismo), se infla el papel de las Iglesias (eclesiocentrismo) y se exagera la función de los sacramentos (sacramentalismo). 5. Un Dios ecológico. La ecología constituye un juego complejo de relaciones. Todo incluye todo, nada olvida. A partir de eso, se rescata la intuición más original del cristianismo: su concepción de Dios afirma la unicidad de la divinidad como toda la tradición religiosa de la humanidad, pero al mismo tiempo sustenta la diversidad de las personas divinas. El cristianismo confiesa que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esas divinas personas coexisten eternamente, distintas, unidas, igualmente eternas e infinitas. Parecería que estamos ante tres dioses, forma suave de politeísmo. Existen, sí, los tres distintos, pero entre ellos rigen tales lazos de vida, que los tres se unifican. Es un solo Dios comunión, relación, amor. El universo constituye un desbordamiento de esta diversidad y de esta unión, el mundo es así complejo, diverso, uno, entrelazado e interconectado porque es espejo de la Trinidad.5 6. Una alternativa... la revolución ecológica. Desde los cambios presentados en la ciencia y en las religiones se está abriendo el horizonte de comprensión de esta época. Formamos parte de la revolución cibernética que es continuadora de la revolución tecnológica. Ésta sustituyó a la revolución agraria. Hoy las puertas se van lentamente abriendo hacia la revolución ecológica. Nada de lo que pasa en la inmensidad del Cosmos nos es indiferente. Somos más conscientes del diálogo mantenido entre el cielo y la tierra, es decir, entre lo abiótico y lo biótico. Nuestra vida sigue dependiendo -entre otras cosas- de la atmósfera, de la luz del sol, de la temperatura, del agua. Por ejemplo, los astrónomos explican la inclinación de 23 grados del eje de rotación de la Tierra debido a la colisión brutal de meteoritos durante los primeros tiempos del sistema solar. Gracias a esos meteoritos tenemos estaciones. Ellas tienen que ver con el canto de los pájaros, la floración de las plantas, la no-monotonía del planeta. Todo está interconectado. Para descubrir por qué un ser está vivo es necesario mirar muy lejos. Esta revolución ecológica exige un cambio de mentalidad hacia el Cosmos. ¿Qué nuevas actitudes son necesarias para este cambio? Quisiera señalar cinco que me parecen claves: A.- Respeto. Se ha dicho que durante la revolución tecnológica se ha mirado a la Tierra más como una sierva para violar que como una amiga para amar. Sabemos que todo esta sometido al Segundo Principio de la Termodinámica, o dicho de otra manera, que es necesario tomar energía si se quiere seguir vivo. Los seres vivos somos sistemas abiertos y vivimos en un flujo de entradas y salidas de energías. Sin él no podemos vivir. Comemos animales, que a su vez comen plantas, que a su vez comen sol. Formamos parte de esta cadena de alimentos y de vida que cada día nos relaciona con lo que está a nuestro alrededor. Como seres humanos somos totalmente dependientes del exterior. Usamos de lo que nos rodea. Respetar no significa, por tanto, no usar. Pero sí implica renunciar al espíritu posesivo y a malgastar. Es tener en mente también a las generaciones que poblarán el planeta en el futuro. El consumismo actual está muy lejos de una tal comprensión. Respetaremos la Tierra si la entendemos como un sistema agotable que hay que mantener y aprendemos a consumir menos, a reutilizar más, y a reciclar al máximo.6 B.- Comunión. Actualmente hay grupos indígenas en Guatemala que piden perdón al árbol antes de cortarlo. También hoy la ciencia -como hemos recordado- nos abre el horizonte para entender que todos somos familia de todos. Somos, por lo menos, primos de las demás especies. Si entendiéramos bien lo que implica la historia del Universo descubriríamos que, todos somos hermanos de todo. C.- Adoración. El diálogo entre los tres grandes infinitos coloca su sede en cada uno de nosotros. En lo infinitamente grande, los telescopios nos abren hacia los espacios inmensos y hacia la información que nos traen las estrellas primitivas, pues mirar a lo lejos es mirar hacia atrás en el tiempo. En lo infinitamente pequeño, los microscopios nos permiten descubrir las diminutas organelas que realizan un papel vital para el funcionamiento de las células. A su vez los aceleradores de partículas nos permiten acercarnos hacia la comprensión de los primeros segundos del Universo y sus grandes energías. En lo infinitamente complejo, los estudios neurológicos nos abren hacia la riqueza grandiosa del cerebro. También el análisis sobre un ecosistema nos da un acercamiento hacia la complejidad que encierra la diversidad de variables allí presentes. Por cualquier vertiente hacia la que nos asomemos nos encontramos con lo mismo: la sabiduría, la creatividad, lo inagotable, lo sorprendente, el misterio. Las religiones hace tiempo que captaron esa relación de todo con Dios. Lejos de formar parte de "la levedad de lo real" formamos parte de "la densidad de lo real", de lo sagrado que es todo. Como ya afirmaba san Pablo: "Todo ha sido creado por Él y para Él" (Col 1,16). El Cosmos es la obra de Dios y exige un acercamiento contemplativo. La adoración nos lleva a palpar el paso de Dios a través del Universo. Nos corresponde captar y celebrar esta gran fiesta cósmica. Como parte de la adoración podemos mencionar la Veneración: La ciencia nos está ayudando a descubrir lo grande y complejo que es todo. Nada es simple, vulgar, sin valor. Una hoja de árbol posee demasiada sabiduría. La veneración nos lleva a caminar por la Tierra "quitándonos las sandalias", como Moisés ante la zarza ardiente (Ex 3,2). Una piedra, un río, una nube, un pájaro, se convierten en vehículos de sabiduría. Nos es necesario educarnos para captar el mensaje que nos transmiten y aprender a gozar con todo lo que nos rodea. Todo el Cosmos es como un gran libro que necesita ser leído. D.- Nueva identidad. Hoy en día la revolución ecológica amplia nuestra identidad. Ya no se trata únicamente de lograr una identidad desde la propia familia, ni desde el grupo cultural al que se pertenece. La historia del Universo se revela como parte de nuestra propia historia, de nuestra identidad. Estamos orgullosos de saber de nuestros orígenes. No somos únicamente de una ciudad de origen, de una patria. La larga historia que comenzó en el Big Bang es nuestra propia historia. Si a todos los aportes de la ciencia, les añadimos la experiencia religiosa de sabernos además amasados y amados por el Creador, la mezcla puede resultar excesivamente fecunda. En el planeta hay demasiadas injusticias. Hoy el progreso es inmenso, pero profundamente inhumano. No está la persona en su centro. Por ello, al leer el mundo como un todo, se pone en duda la bondad del estilo de vida de los países desarrollados. Vivimos "un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas" (Eduardo Galeano) En cambio, la nueva identidad buscada no sólo ancla profundamente nuestras raíces en el pasado sino que se proyecta hacia el futuro. Nos lanza en una tarea responsable hacia la Tierra y hacia la vida. Es una llamada a responder ante los dos grandes sujetos que sufren opresión humana hoy: los pobres de la Tierra y la misma Tierra. Es la llamada a la acción desde "el grito de los pobres y el grito de la Tierra" (L. Boff)7. 7. Una respuesta necesaria... un desafío para todos. La ecología es para quienes aman la vida. Nosotras, como cristianas, tenemos la dicha de pertenecer a ese grupo. Si seguimos a Jesús de Nazaret es porque es un camino de apertura a Dios, de búsqueda de su rostro, de servicio a los demás, de transmisión de buenas nuevas. Un camino de santidad y de humanización del mundo. Hoy la ecología aparece como el nuevo reto en una visión a largo plazo que quiere ser responsable del planeta y de la vida del planeta. Es una aventura a la vez material y espiritual. En el cristianismo hemos heredado el gusto por lo nuevo. Jesús estuvo abierto a nuevos retos e invitó a sus seguidores a interpretar los signos de los tiempos. Sin ninguna duda, hoy en la conciencia ecológica está aleteando el Espíritu de Dios. Es una invitación a ubicarnos de manera diferente en el Universo, y a tomar en serio la responsabilidad que tenemos sobre la creación. Hoy la revolución ecológica es a su vez una revolución cultural. Invita a entender una nueva ubicación del ser humano en la Tierra. Exige nuevas comprensiones y nuevas respuestas. Necesita de quienes la transmitan. Se trata de un reto que toca tanto la vida personal como la vida comunitaria. La ecología cuestiona aspectos tan variados como la economía, la política, la sociedad, la ciencia, la cultura, la religión. La ecología se convierte a su vez en una aventura espiritual. Podemos ir construyendo una espiritualidad ecológica que nos enseñe a abrazar al Cosmos y al Dios del Cosmos; una espiritualidad que nos permita acercarnos al "otro" sin miedo, con respeto, con dignidad; que nos lleve a modificar las estructuras y las relaciones de pecado, por estructuras y relaciones en donde cada persona se sienta segura y alegre, capaz de construir la vida personal, comunitaria y de todo el planeta. Nuestro caminar como cristianas se puede ver profundamente enriquecido desde este reto. La respuesta, una vez más, está en nosotras. Conexiones La Iniciativa De la Carta De la Tierra • The Earth Charter Initiative • l'Initiative de Charte de la Terre 1 Boff Leonardo, artículo de política, ecología y ética para la revista L.A. Diakonía, 2001 2 Boff Leonardo, la dignidad de la tierra, ED. Trotta, 2000, resumen. 3 Citado por José A. Merino, De la crisis ecológica a la paz con la naturaleza, Cuadernos Pedagógicos de Vida Religiosa, Madrid. 4 Citado por Revista Christus, Ecología, número 657, Agosto 1992 5 Boff Leonardo, ecología, mundialización y espiritualidad, ED. Trotta, 2000, Pág. 241-160 6 Manuel Gonzalo SM, ecología y cristianismo, artículo para la revista L.A. Diakonía, Noviembre 2002. 7 Leonardo Boff, Ecología, grito de la Tierra, grito de los pobres, Ed. Trotta, Madrid. |