Para tiempos de oración photo: Lolín Menéndez rscj  | • Relee los textos bíblicos para que iluminen por dentro tu idea y tu vivencia de la Eucaristía. Déjate arrastrar por el movimiento que hay en ellos: la compasión de un Dios que no soporta ver a su pueblo hambriento, ni de pan ni de su presencia y entrega a su Hijo para ser el Pan que haga vivir. Dejáte arrastrar también por su deseo de que cada uno de los que participe del banquete de la Eucaristía, entre en su proyecto de inclusión, de convivialidad fraterna, de lucha por que el pan y el Evangelio lleguen a todos y de que "nuestro mundo sea un gran banquete, una mesa abierta en la que se comparten el pan y la palabra, en el que el Señor enjuga las lágrimas de tanta injusticia, violencia y división..." (Cap.Gen.1994: "Dimensión Eucarística de nuestra espiritualidad") • "Hijas, es así como tenemos que demostrarle a Jesús nuestro agradecimiento: todo nuestro ser debe ser un sacrificio de alabanza, nuestros pensamientos, nuestras palabras, nues-tras acciones y movimientos, hasta nuestra respiración. Todo en nosotras debe convertirse en una alabanza al Señor, todo debe estar consagrado a su Corazón. Ya sé que lo deseáis y que el día en que os digan que una de nosotras adora a nuestro Dios, va a ser el día más feliz de vuestra vida.. (Carta a la comunidad de Poitiers, 1809) • Relee, esta vez en singular, la carta de Sofía a la Cdad. de Poitiers, como si te la hubiera escrito personal-mente a ti y coméntala con ella. Respira un rato silenciosamente, tratando de hacer de esa manifestación de tu estar viva, una verdadera alabanza... • Trata de entrar en ese sueño que te incluye también a ti. Alégrate de poder entender hoy esa adoración como algo que abarcará tu vida entera si se va unificando con tu trabajo concreto y con tu voluntad de crear comunión y compartir con los demás; si la Eucaristía se va convirtiendo no sólo en una celebración, sino en tu estilo de vida y tu camino de seguimien-to; si Jesús te va contagiando su manera de vivir la vida sin retenerla y esa alegría que nace de ofrecerse y darse, de des-vivirse por un mundo más fraterno. • La dimensión de entrega de la Eucaristía está "prefigurada" en dos mujeres del Evangelio: la viuda pobre (Mc 12,41-44) y la que ungió a Jesús en vísperas de su pasión( Mc 14,3-9) Acércate a la primera, , siente tu vida en tus manos como esos "dos cuartos" de la viuda. Piensa en todos aquellos a los que podrías llegar con la moneda de tu afecto, tu atención, tus recursos personales y económicos... • Entra luego en Betania, en casa de Marta, María y Lázaro y mira la escena. Trata de entrar en los sentimientos de Jesús, en su defensa apasionada del gesto de María, como lo había hecho de la mujer que le ungió en casa del fariseo (cf Lc 7,36-50). Quizá es porque ha encontrado en ellos amor exagerado, ruptura, vaciamiento, la misma "inspiración" que va a llevarle a él a tomar el pan, romperlo y decir: "Esta es mi vida que se entrega por vosotros..." Deja que tu corazón desborde de agradecimiento y de alegría por el regalo de la Eucaristía, por el proyecto de humanidad reconciliada y fraterna que encierra. Habla con Jesús de tu deseo de entrar en su "proyecto eucarístico", de vivir así "en memoria suya"... • Lee esta reflexión sobre la adoración buscando las expresiones con las que más conectas: "La palabra adoración" hace referencia al proceso de oración en el que la persona que contempla a Dios y descubre su grandeza, se asombra, se admira y se sorprende. Entonces surge de su ser la alabanza, el gozo, el canto, la danza. Porque Dios existe y porque ser encontrados por El produce alegría profunda al ser siempre un acontecimiento inesperado y gratuito. En un segundo momento dirigimos nuestros ojos a nosotros mismos, descubrimos nuestra debilidad, pecado, realidad del mundo y eso nos lleva a inclinarnos, pedir, confiar, ofrecer, guardar silencio…En todo caso es una actitud de reconocimiento de Dios que nos trasciende. Jesús en su oración no se inclinó como siervo, no besó el suelo como un esclavo, no ofreció animales para aplacar la ira de Dios. Miró el mundo y a sí mismo descubriéndolo habitado porque Dios es presencia y Jesús taladra la realidad hasta descubrir su sentido, el mensaje que encierra. El mundo, la historia, la gente, son el lugar donde Dios se manifiesta. La adoración es al mismo tiempo oración y actitud de vida, tiene que ver con la aceptación real del sentido del límite, es decir, estar en camino de conversión del deseo de omnipotencia y aceptar el lado oscuro de la realidad que no llegamos a explicar ni dominar totalmente. Se trata de una aceptación en dinámica de muerte-resurrección que quita el valor absoluto al fracaso y nos abre a la esperanza No se trata de un gesto privado, sino en comunión con la Iglesia y con el mundo porque creemos que está habitado La presencia sacramental del Señor actualiza la pasión permanente de todos los que sufren y nos invita a entrar en el dinamismo de la resurrección que es vida abundante para todos. Entramos en ese dinamismo a través de la contemplación del misterio y de la intercesión por todos los que sufren, ensanchando nuestro corazón desde los ambientes en que nos movemos hacia todo el mundo. Lo hacemos entrando en el Corazón de Jesús, en sus sentimientos, para mirarlo todo desde sus criterios y actitudes y ofreciendo también nuestra vida para hacer vivo el amor de Dios en la historia. La adoración es prolongación de la Eucaristía. La celebración de la misa es a la vez la vertiente de la que brota la adoración y el mar al que llega, cargada con la vida recorrida. Por eso no podemos cosificar la adoración, como si lo que adorásemos es la hostia en sí misma: lo que queremos hacer es orar junto a Cristo presente, junto al sacramento de Dios que prolonga en la historia la actualidad del misterio pascual: Cristo padece, muere, resucita y vive glorioso en el mundo. En ese misterio nos sumergimos cada que vez que hacemos adoración.. Es un tipo de oración que nos asocia íntimamente a los sentimientos de misericordia de Cristo por el mundo. Un corazón traspasado pero glorioso, porque la pasión de Cristo continúa pero completada por la resurrección. Es el misterio pascual en su totalidad el que se prolonga en la historia, no sólo la pasión y muerte. El corazón es un símbolo de la vida que, como la gloria del Resucitado, inunda el mundo con su plenitud vital y transformadora." • “Desde el punto de vista teológico, el sagrario es evidentemente ante todo el lugar en que se guarda el Alimento de vida destinado a ser tomado por los fieles. Precisamente por eso es sacrílego rechazar como pasadas de moda todas las prácticas de piedad eucarística que han ido surgiendo en la Iglesia desde el siglo XI y que siguen llenas de vida. ¿Por qué no va a orar el cristiano del futuro arrodillado ante el cuerpo del Señor que se ha entregado por él, ante el signo sacramental de la muerte del Señor y de su propia muerte en el Señor, que se acerca a él? ¿O es que en el futuro no va a existir amargura, frustración y muerte? ¿En el futuro sólo va a haber hombres y mujeres que huyan cobardemente de esos abismos de la existencia? Si no es así, en el futuro habrá también hombres y mujeres que se arrodillen en oración y adoración ante el tabernáculo eucarístico, que pongan su mirada en Aquel a quien han traspasado; hombres que estén dispuestos a aceptar su destino que fue asumido en el misterio pascual de Jesús” (K. Rahner) Dolores Aleixandre rscj Provincia de España Centro Sur La Casa de Sofía: otras meditaciones La iglesia La bohardilla El jardín El pozo El río Las viñas
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