Relatos desde la mesa; Aproximación bíblica y catequética a la eucaristía Version imprimable Suggérer par mail
24-10-05
Toña Monzón rscj
Aproximación bíblica y catequética a la eucaristía
Introducción
1. Como pan que se parte

2. El mejor de los vinos
3. Un puñadito de levadura
4. Leví y sus amigos
5. Ayunos o banquetes
6. Con la toalla ceñida
7. En torno al cordero pascual
8. Un festín en el desierto
9. Sentados a la mesa de la sabiduría
10. En los márgenes del camino
11. Un mendigo a la puerta

12. Una misma copa, una misma suerte

Introducción

Una parábola de fondo

"Unos granos cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad, brotaron enseguida; pero al salir el sol se abrasaron y, como no tenían raíces, se secaron.(...) Otros cayeron en tierra fértil y dieron fruto: unos ciento, otros sesenta, otros treinta. Quien tenga oídos que escuche."(Mt 13,5-9)

La imagen de la semilla que se abrasa porque ha caído en un terreno poco profundo, refleja bien lo que puede ocurrirnos a la hora de acoger la semilla de la Eucaristía. Es tan escasa nuestra tierra, que la vivencia eucarística corre el peligro de agostarse, de ritualizarse y resecarse, a falta de raíces antropológicas y bíblicas que le den savia y hondura.

Preparar la tierra

Las páginas que siguen no son una catequesis sistemática en torno a la Eucaristía, sino una “aproximación selectiva” a su misterio desde una perspectiva determinada: la de las actitudes y gestos que genera la experiencia de la comida compartida. Pretenden “añadir buena tierra” al suelo en el que cae la catequesis sobre la Eucaristía, y ofrecer a catequistas y agentes de pastoral elementos de reflexión bíblica y antropológica, junto con sugerencias de actividades y celebraciones. Se trata de posibilitar que la semilla arraigue con profundidad y eche raíces hondas para llegar a dar fruto.

Lo haremos escuchando "relatos en torno a la mesa compartida", es decir, dejando la palabra a personajes que podemos imaginar cercanos a diferentes escenas del Evangelio, relacionadas más o menos directamente con la Eucaristía. Procedemos de una tradición narrativa, y su lenguaje puede ayudarnos a dar razón de lo que significa reunirnos para celebrar al Señor muerto y resucitado.

El objetivo no es, en primer término profundizar en el sentido de cada parte de la celebración eucarística, sino buscar las actitudes de fondo que la fundamentan y la hacen posible: encontrarnos, recordar, entregar, ofrecer, compartir, bendecir, agradecer, entrar en comunión... Lo que nos importa no es "explicar un rito", sino seguir viviendo de las mismas raíces de las que nació la Eucaristía y traducirlas a nuestra existencia de hoy.

De la mano de diferentes personajes, iremos acercándonos a la Eucaristía desde alguno de sus aspectos, sin pretender la tarea imposible de agotarlos, sin caer en la tentación de sembrar demasiado deprisa, hacerlo de una manera superficial, o impacientarnos porque no vemos brotar enseguida los tallos. La parábola nos ha puesto sobre aviso del peligro de lo que crece "en seguida", pero con pocas raíces.

En cada capítulo, además de la narración, habrá:

TIEMPO PARA LA PALABRA: textos bíblicos que están en el trasfondo del relato

TIEMPO PARA OTRAS PALABRAS: textos de distintas procedencias que ayuden a profundizar en el tema central del capítulo

TIEMPO PARA ORAR: sugerencias para la oración personal

TIEMPO PARA COMPARTIR Y CELEBRAR LA FE: ideas para trabajar el tema con niños, jóvenes o adultos. 

1. Como pan que se parte

Memorias de una discípula

Me llamo Susana que en hebreo significa "lirio" y junto con los doce, María de Magdala, Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes, y otras muchas, pertenecí al grupo que seguía a Jesús desde Galilea. (Cf. Lc 8,1-3) Eramos un movimiento extraño, muy distinto de los que solían agruparse en torno a los rabbis o maestros. Estos no aceptaban nunca mujeres en su seguimiento y elegían sus discípulos sólo entre varones cultivados y de buena fama, cosa que no ocurría entre nosotros.

Llevábamos una vida itinerante, recorriendo aldeas y poblados en los que Jesús iba anunciando la llegada del Reino. El contacto con él era como una ráfaga de libertad que, a su paso, hacía que todo recobrara vida y novedad. Eran tiempos de recreación, tiempos de entusiasmo desbordante, como si el vino que él había derrochado en Caná nos embriagase un poco a todos. "Algo nuevo está naciendo, la fiesta de bodas ha comenzado", decía él.

Desde que se corrió la noticia de que había curado a algunos enfermos, la gente acudía donde él estaba y, si no podía entrar en la casa, esperaba a la puerta el tiempo que fuera necesario, con tal de poder verle y tocarle o, al menos, desahogar ante él el peso de sus sufrimientos. Los que vivíamos cerca de él, no podíamos comprender cómo tenía tiempo para todos, cómo podía abarcar con su atención y con su afecto a cada una de aquellas personas agitadas o abatidas por su enfermedad, empapadas de sudor y de polvo, agotadas por la caminata y la espera,  hambrientas de su presencia y de su palabra.

Pan al final de la jornada

Un día, llegamos a una aldea al atardecer, después de una larga caminata a pleno sol que nos había dejado extenuados. No habíamos probado bocado en todo el día y, cuando entramos en la casa de los conocidos que nos ofrecieron cobijo, las mujeres nos pusimos a preparar la masa del pan y a cocerlo, mientras otros iban a comprar dátiles y aceitunas que lo acompañarían en la cena.

Jesús, entretanto, se había quedado fuera, rodeado de la gente que había ido llegando. Escuchaba a cada uno, le preguntaba su nombre, tocaba sus heridas y se interesaba por sus fiebres, con la misma ternura con que una madre acariciaría y curaría las de su hijo enfermo. El contacto de sus manos, decía la gente, comunicaba sosiego y alivio; el aliento de sus palabras contagiaba ánimo y esperanza para seguir viviendo y luchando contra las fuerzas de la muerte.

Cuando le llamamos para comer, no hizo caso y continuó hablando, escuchando, acariciando. No parecía tener prisa, ni hambre, ni cansancio, y no entró en la casa hasta que despidió al último enfermo.

Cuando tomó el pan aquella noche para partirlo y repartirlo, según su costumbre, todos nos dimos cuenta de que así era él: un pan partido y repartido, una vida devorada por todos los que tenían hambre de vivir, de ser amados, escuchados, comprendidos, sanados. Con la misma naturalidad con que repartía aquel pan, se repartía a sí mismo sin reservarse nada, sin guardarse nada, y entregaba a todos su tiempo, su afecto, su interés, su amistad.

Las palabras de la oración de bendición nos parecieron nuevas aquella noche: "Bendito seas Señor nuestro, Rey del  universo, que nos sostienes y das pan a todo viviente, porque tu misericordia es eterna. Tú preparas el sustento para todos los seres que has creado. Bendito seas, Señor, que sostienes a todos."

Tiempo para la palabra

“Tu herida es incurable, tu herida está enconada.
Yo te devolveré la salud,
y te curaré las heridas,
oráculo del Señor.
Os traeré del país del norte,
os reuniré de los rincones del mundo.
Qué gran multitud retorna,
entre ellos hay ciegos, cojos,
preñadas y paridas;
si marcharon llorando
los conduciré entre consuelos,
los guiaré hacia torrentes
por vía llana y sin tropiezos.”(Jer 30,17; 31,8-9)

“Cuando se puso el sol, le llevaban toda clase de enfermos y los endemoniados. Toda la población se agolpaba a la puerta" (Mc 1,32-33)

Una multitud, al oír lo que hacía, acudía a él. Dijo a los discípulos que le tuvieran preparada una barca para que el gentío no le estrujase. Pues, como curaba a muchos, se le echaban encima. (...) Entró en casa y se reunió tal multitud que no podían ni comer" (Mc 3,10.20)

“Terminada la travesía tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Cuando desembarcaron, lo reconocieron. Recorriendo la región, le fueron llevando en camillas todos los enfermos adonde oían que se encontraba. En cualquier aldea o ciudad donde iba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que los dejara tocar al menos la orla del manto. Y los que lo tocaban, se curaban.”(Mc 6,53-56)

Tiempo para otras palabras

Una vida entregada. “Los nómadas y los escasos sedentarios han adoptado ya la costumbre de venir a pedirme agujas, medicinas, y los pobres, de cuando en cuando, un poco de trigo. Estoy abrumado de trabajo pues quiero terminar cuanto antes un diccionario de tuareg. Como me veo obligado a  interrumpir a cada momento el trabajo para ver a los que llegan, o realizar menesteres menudos, esto adelanta poco. (...) Para tener una idea exacta de mi vida, hay que saber que llaman a mi puerta por lo menos diez veces por hora, más bien más que menos, pobres, enfermos, viajeros, de suerte que, con mucha paz, tengo mucho movimiento” (De las cartas del Hno.Carlos de Foucauld,16-IX-1905 y 30-IX-1901)

“El Hno. Carlos se fue dando cuenta de que lo importante no era pasar ratos de adoración, ni celebrar a todo trance la santa misa, sino ser como Jesús. Fue siendo progresivamente asimilado, por decirlo así,  por la realidad eucarística, que expresa la oblación de Jesús a su Padre y el don de sí mismo en alimento a los hombres. En adelante sabe que la contemplación de Jesús en la Eucaristía, exige de él que se entregue totalmente al Padre y se deje comer por los demás, en una vida que sea prolongación de la Eucaristía” (J.F. SIX).[1]

Vivir la Eucaristía es entregarse a los otros, llegando a ser para ellos, por el amor y la contemplación eucarística, algo “devorable”.(R. VOILLAUME)

Tiempo para orar

Imagina la escena de ese atardecer en Cafarnaúm que narra  Marcos. Mézclate entre la gente que se agolpa a la entrada de la casa donde se hospeda Jesús. Trata de poner rostros de hoy a esa multitud anónima del evangelio. Quizá te sientas pertenecer al grupo de los que llevan a otros hacia Jesús: nómbralos, aviva tu deseo de poder acercar a él a tanta gente que sufre y a la que querrías ayudar. Siéntete también del grupo de enfermos, contacta con tus carencias de fondo, con tu necesidad de sanación y reconstrucción. Cuando te toque el turno, acércate a Jesús y déjale preguntarte: “¿Qué quieres que haga contigo?” mientras te impone las manos.

Piensa qué le contestarías si al final te preguntara: “¿Quieres compartir conmigo esta tarea de consolar y sanar heridas? ¿Estás dispuesto a ofrecer también tu vida, junto a la mía, “como pan que se parte”?

Tiempo para compartir y celebrar la fe
Con niños

Poner en una mesita baja, o en el suelo, un pan sobre un pañuelo, con flores y una vela.

Pasar de mano en mano un bote pequeño con la etiqueta: "caviar", o “marisco”, o la fotografía de algunos platos muy sofisticados y adornados. Se comenta la diferencia entre esos alimentos y el pan: éste representa lo cotidiano, lo accesible, lo que satisface la necesidad básica del hambriento, lo que se deja al alcance de todos y no se escatima.

Evocar expresiones como "el pan de cada día", "quitarle a alguien el pan ", "esta persona es más buena que el pan", "dejarse comer" ...

Recordar escenas del evangelio en que Jesús "se dejaba comer" y también de personas cercanas que se dejan comer el tiempo, que se desviven por otros, que entregan, con la misma sencillez con que se da un trozo de pan, lo que son y lo que tienen.

Se pasa el pan y cada uno toma un pequeño trozo y, con él en la mano en las manos abiertas,  dice lo que quiere compartir con otros.  Al final se comparte con el de al lado, y se termina con un canto.

Con jóvenes.

Escribir la palabra EUCARISTIA con grandes letras y en vertical, e ir poniendo, al lado de cada letra, palabras o temas que ven relacionadas con la Eucaristía.

Poner en un mural la foto o dibujo de un puente y hacer la pregunta: ¿qué tengo que atravesar para llegar a la Eucaristía? (Dificultades, dudas, preguntas, resistencias...)

Preguntas a Jesús: si tuviéramos ocasión de abordarle directamente ¿qué preguntas le haríamos en torno a la Eucaristía?

Con adultos

Cada participante dibuja un círculo en un papel y lo divide en sectores circulares (como porciones de una caja de quesitos) que representen proporcionalmente cómo reparte su tiempo de una semana: dormir, trabajar, comer, relacionarse, leer, orar, TV, ocio etc...

Ver juntos qué lugar ocupan los demás en ese "pastel del tiempo" y hacerse preguntas unos a otros.

Dibujar luego en grande el que imaginamos podría ser el reparto del tiempo de Jesús en una semana de su vida pública y comentar los descubrimientos que se hayan hecho. Hacer ver que lo que importan son las actitudes de fondo que llevan a "vivir para sí mismo" o "vivir para los demás".

Terminar con una oración en la que se va pidiendo a Jesús el parecerse a él en sus actitudes de entrega.

En noviembre:

2. El mejor de los vinos

Dolores Aleixandre rscj
Provincia de España Centro Sur



[1] Carlos de Foucauld. Itinerario espiritual , Barcelona 1988, 283

 

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Dernière mise à jour : ( 18-10-06 )
 

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