brasil: espiritualidad viva en el pueblo de la calle Print E-mail
04 Jun 04



Nuestro mundo

Vivimos en un mundo en el cual el sistema político, económico y social es excluyente de las personas, las culturas y los continentes. El neoliberalismo está causando una gran marginalización y una devastadora miseria para un inmenso número de personas, grupos y países.
Nuestro mundo hoy, dominado por el sistema neoliberal y marcado por la globalización, enfrenta un asombroso avance tecnológico, rápidos cambios y búsqueda de nuevos valores y paradigmas. El sistema vigente da culto al individualismo, a la competencia, al utilitarismo, al consumismo y a la eficacia.
Tal realidad nos impulsa a responder a graves desafíos: desempleo, violencia, falta de condiciones dignas de vida, opresión, discriminación, corrupción, destrucción de la naturaleza, exclusión, desafíos que conllevan características y consecuencias nefastas para nuestros pueblos carentes.
Envuelto cada vez más, en la engañosa globalización económica, nuestros países en desarrollo, sucumben vertiginosamente, en sus deudas sociales.
Vemos con angustia y acogemos en el corazón el sufrimiento de la niñez desnutrida y abandonada, de las mujeres violentadas y discriminadas, de los hombres y mujeres sin tierra, sin techo, sin empleo. Paradójicamente, los rostros de estas personas nos descubren y revelan el corazón de Dios. Sus cuerpos heridos y despreciados se convierten en señales de contradicción y alerta ante las multitudes egoístas, indiferentes, inconscientes. Sus gritos, su caminar tambaleante, su mirada vaga, se transforman en llamadas y cuestionamientos repitiendo la súplica del Pobre Lázaro, vehementemente expresada por Don Helder Cámara:
“Yo te pido, Lázaro, no te quedes en las escaleras, no te dejes expulsar... Irrumpe dentro del banquete, provoca náuseas en los convidados hartos. Llévales el rostro desfigurado de Cristo que tanto necesitan conocer y en el cual creer...

La calle

Ir a la calle, divertirse en la calle, volver a la calle, son experiencias cotidianas muchas veces alegres y divertidas, algunas veces desagradables y que cansan. Suponen actividad, distracción, esfuerzo, compromiso, cumplimiento del deber, vida...
Quedarse en la calle, estar en la calle, vivir en la calle, son experiencias para constatar, observar y contemplar. Solamente aquellos y aquellas que tienen la experiencia pueden sentirla y testimoniarla.
Contemplando a quienes viven en las calles, podemos, en nuestros pensamientos, conversarles, escuchando con el corazón.
“ Yo te veo debajo del alero! Tú quien eres? Qué sientes?”
“Yo soy don NADIE. Desde aquí observo el cielo y las estrellas, sueño, espero el amanecer, siento añoranza, desespero, miedo, tristeza...”
“La hora más triste del día es el atardecer, porque durante el día la gente está agitada en la ciudad, recoge latas, busca papel y cartones, conversa. En la nochecita, cuando todo mundo comienza a ir para sus casas, se encienden las bombillas y quedamos en la soledad y con la tristeza.” (Raimundo, Comunidad Amigos de la calle, Belo Horizonte)

La calle: lugar de encuentro y separación, de multitudes y anonimato.

Desde aquí, debajo de este puente, veo pasar mucha gente. Siento indiferencia y rechazo, si hablo nadie me presta atención. Oigo amenazas, insultos y ofensas:
“ Lo que más me entristece en la calle es la manera como nos tratan. Somos muy maltratados. La población, los fiscales, la policía... nos escupen...
Cuando pasan cerca de nosotros se tapan la nariz, se retiran... Eso es demasiado... dejan una marca en mi vida! Taparse la nariz y escupir!... Sufrimos mucho en la calle.” Doña Geralda, Asmare, Belo Horizonte)

La calle: lugar de movimiento, violencia y desprecio.

Vi de lejos aquella choza de donde salían personas que trabajaban y se ayudaban:
“Yo guardaba la ropa en una choza, encima del muro de un vecino. Hicimos hasta fiesta de Navidad debajo del alero de su casa. A las seis todos nos encontramos. Cada uno tomó su “bebida”, que guardaba en los huecos de los muros de la calle. En la mañana limpiamos todo...”

La calle: lugar de nuevas relaciones, trabajo y fiesta

Esos cuerpos, corazones y mentes de los que viven en la calle, son tantas veces despedazados, ellos saben que es la injusticia del sistema la que los excluye. Para la gran mayoría de la gente, son “piezas” incómodas, inútiles, sobrantes. La mayoría de “compradores” con su ritmo apresurado, encuentran que ellos estorban, les producen desprecio, miedo, repugnancia, reacciones de auto-defensa que a veces llega a la violencia:
“Vivimos siendo marginados, llamados de vagabundos, ladrones... Nuestra casa es la calle, nuestro techo los aleros y nuestra compañía la carreta... No tenía donde ir, dormía debajo del alero de un almacén. Los dueños llamaron a la policía y vinieron y me despertaron a golpes. Otra vez me tiraron agua”. (José Carlos. Asmare, Belo Horizonte)

Contemplada por un pequeño grupo

Los ojos que ven peligro y las manos que hacen violencia conviven, sin saber, con ojos que contemplan la vida en ese sufrimiento provocado por la injusticia y con las manos que los acogen con ternura, compasión y solidaridad.
Actuando al lado de esta población, el grupo de voluntarios y voluntarias de la Pastoral de la Población de la Calle, busca desarrollar y aplicar una metodología que tiene como principios:
Ir al encuentro de las personas que viven el la calle, donde están; conocer su historia personal, su “mundo”, sus sueños, sus frustraciones, su historia.
Reconocer que quien vive en la calle es sujeto de su propia historia, con derechos y deberes; que a partir de su organización, es capaz de definir el rumbo de su propia acción como persona.
Establecer un proceso educativo capaz de promover el reencuentro de estas personas consigo mismas y reconstruir vínculos de relación.
Abrir espacios de acogida, donde se pueda rescatar la confianza en el otro y promover el ejercicio de la convivencia solidaria, la aceptación de la diferencia, entendiéndolas como base de una sociedad igualitaria.

“Al comienzo, cuando venía a la comunidad, era más por distracción. El clima era muy “legal”. Después aprendí que no debemos buscar sólo ser ayudados, también debemos ayudar a los demás. La comunidad libera nuestro deseo de fraternidad. Tuve muchas conquistas en mi vida, conseguí nuevas amistades, comencé a entender muchas situaciones y la razón de muchas cosas. La comunidad es la oportunidad de tener una nueva familia” (Gleison, Comunidad de Amigos de la Calle, Belo Horizonte)

Rescatada por la lucha-esperanza

El proceso de “rescate” es lento y largo. Pérdidas consideradas insustituibles van siendo reconstruidas, personal y comunitariamente. Un nuevo horizonte donde la auto-estima, la dignidad, la confianza comienzan a tomar color y a volverse visibles. La vida descubierta, asumida, rescatada se convierte en testimonio. La lucha continúa, la caminada descubre un nuevo rumbo, más definido y estable, los sueños comienzan a ser realidad.
“En la comunidad crecí mucho y comencé a luchar por una nueva sociedad. Sin un espacio para descubrir la vida es muy difícil. Tuve una época muy difícil y la comunidad me ayudó a hacer trampolín para una nueva oportunidad. Ella no es paternalista, no pasa la mano sobre la cabeza sino que ayuda a las personas a crecer y a caminar con sus propias piernas”. (Dalma, Comunidad de Amigos de la Calle, Belo Horizonte)

Nuestra espiritualidad

Entendemos por espiritualidad la expresión viva de fe, fundamentada y nutrida por la Calle, como poder-sabiduría divina y energía creadora.
La espiritualidad supone justicia, amor, dignidad, solidaridad. La persona humana creada a imagen y semejanza de la Sabiduría Creadora, aspira vivir, tener sus propias experiencias, participar de la fuerza amorosa de Dios, en hermandad, igualdad, integridad para ir penetrando y dinamizando el corazón del mundo.
Si espiritualidad es la expresión viva de fe, destacamos y descubrimos tres dimensiones en la espiritualidad de la población de la calle.

Espiritualidad de identificación

Es una espiritualidad de identificación con Jesús, el Siervo que sufre.. En el 4º canto del Siervo (Is. 52, 14-15) está escrito:
“Así como muchos quedaron espantados al verlo, pues su cara estaba desfigurada que ya no parecía ser humano, así también numerosos pueblos se asombraron con su presencia y no se atrevían a abrir la boca cuando veían lo que nunca habían visto y observar lo que nunca habían oído”.

Cuerpos, corazones y mentes despreciados y despedazados, semejante al sufrimiento padecido por Jesús: condenado, azotado, crucificado y asesinado por los poderosos de Roma y de la Palestina de su tiempo.
Muchos pobladores/as de la calle son verdaderos “anawin” de nuestra época, de nuestro país vendido al enemigo, de nuestras ciudades violentas y crueles. Ellos y ellas nos hacen presente el rostro desfigurado, el cuerpo llagado, el corazón traspasado de Cristo.

“Padre mío, Padre mío, ¿ por qué me abandonas ¿” (Mc.15,34)

“Por qué Dios no me quitaba la vida? Me levantaba del suelo y me quedaba parado o sentado en algún lugar, mirando para la ciudad, no me movía ni para comer, pasaba todo el día ahí, inmóvil, mirando a la nada..”. (Pablo Alfonso, Comunidad de Amigos de la Calle, Belo Horizonte).

“Este es mi cuerpo, esta es mi sangre.” (Mc.14, 22.24)

La Hermana Nenuca del Brasil, miembro revitalizador de la Fraternidad de las Oblatas de San Benito, dedicó su vida y su misión – y la de su fraternidad- a la población de la calle. Su ideal y propósito es “llevar la vida monástica para las calles” y descubrir, que los que viven en las calles, por su identificación con Jesucristo, participan de su misterio salvífico. Consciente o inconscientemente encarnan al Siervo que sufre, cuya condición de desecho de la humanidad se transforma en “Luz para las naciones” (2º Canto del Siervo).
La experiencia de convivir y actuar con estas personas nos posibilita vivir una nueva espiritualidad, permitiendo nuestra participación en la misión liberadora de Jesús con el pueblo que sufre.

Espiritualidad de resistencia

La resistencia, que caracteriza la vida y espiritualidad de las poblaciones de las calles y de las personas que con ellos conviven y actúan, se manifiesta en señales visibles y concretas que conllevan consecuencias de transformación y realización.
La resistencia por la sobrevivencia caracteriza esta población e inicia un proceso de transformación.
“Dormí y permanecí en la calle por muchos años. Cuando despertaba cada día, me costaba abrir los ojos y entonces pensaba: tengo que enfrentar un día más, levántate. Era como una orden que me llegaba, sabía que tenía que vivir...” (Pablo Alfonso, Comunidad de Amigos de la Calle, Belo Horizonte).
El paso siguiente es la solidaridad, manifestada en el compromiso grupal,
valorizar el trabajo y dividir las tareas, se inicia la práctica de un trabajo conjunto. La solidaridad es real, aún cuando entre ellos se den robos, peleas y muertes.

En nuestra choza se distribuye la comida y se hace por turnos, las mujeres, en general la preparan para todos, los hombres van a los barrios y tienen que hacer “alguna cosa”. Si consiguen algún dinero tienen que presentarlo... lo colocan en la rueda. Lo que se consigue es para todo el mundo”. (Gracia, Grupo vivienda para todos, Belo Horizonte).

Organización y comunidad, surgen muchos vínculos entre ellos y ellas. El proceso es lento, entusiasmo y desinterés, conquistas y fracasos, perseverancia y fuga... Se dan luchas por los derechos, reivindicación en favor de la justicia y ciudadanía, ocupación de espacios abandonados para vivir y trabajar, debates públicos con la prensa y MCS.

En la comunidad nos vamos conociendo y quedamos más amigos de algunos, nos ayudamos. La comunidad me dió la mano y salí de la calle. En la calle el sufrimiento es muy grande. Hoy la comunidad me ayuda a enfrentar las dificultades, a crecer...” (Vera, Casa de oración, San Pablo).

Estas señales son muy reveladoras de la recuperación de la auto-estima, de la reintegración al grupo, de la vinculación com la familia y los amigos/as, del creciente rescate de la ciudadanía y de la conquista de los derechos sociales.

La comunidad nos acoge a todos y a todas, es el lugar donde me encuentro con Dios, donde me siento bien. Conocí muchas personas, hice muchas amistades, recordé mi infancia y me sentí en casa”. (Valmir, Sorocaba, San Pablo).

La resistencia, la organización, la comunidad se revisten de osadía, provocando acciones liberadoras, testimonio de dignidad y ciudadanía desde el pueblo:

Creo que tenemos un mismo principio democrático que nos convoca a la osadía. Osadía que aprendemos con la Población de la Calle que resiste con valor la exclusión y desafía todas las normas vigentes para sobrevivir. A partir de la escucha del sufrimiento y de la resistencia de esta población, podemos asumir una lucha conjunta, por la elaboración de políticas inclusivas en la constitución de personas y por la difusión de una “ cultura de
derechos”donde se tenga la posibilidad de vivir en dignidad y ciudadanía
”.
(Cristina Bove, coordinadora de la Pastoral de la Calle, Belo Horizonte)

Espiritualidad de la resurreccción

El misterio de la redención/liberación de la humanidad se fundamenta en la encarnación-pasión-muerte-resurrección de Jesucristo. La fidelidad de Jesús a Dios se manifiesta en su entrega definitiva y plena:
“Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”. (Lc. 23, 46)

La fidelidad de Dios con Jesús culmina en el acontecimiento de la resurrección:

“No os asustéis, estáis buscando a Jesús de Nazareth, el Crucificado, no está aquí: Resucitó!” (Mc. 16,6)

La pasión y muerte del pueblo, vivida en la dimensión liberadora de una espiritualidad encarnada, culmina en resurrección. De ésta damos testimonio!

“No se asusten!”.” También en la calle podemos seguir a Jesús”.(Rosángela, Comunidad de Amigos de la Calle)

“Me encontraba perdido y me encontré cuando participé de la Casa de Oración” (Fabiano, Casa de Oración, San Pablo).

En la comunidad crecí mucho y comencé a luchar por una nueva sociedad”. (Dalma, Comunidad de Amigos de la Calle, Belo Horizonte).

Luces, brillo, armonía, perfume, banquete, fiesta... son señales de resurrección. Ahí las luchas alcanzadas “contra toda esperanza”, son señales significativas de la resurrección de un pueblo.

Las conquistas de los Recolectores de Papel, de los que viven en las calles y en los basureros, de su lucha por una casa, la humanización de las relaciones en la comunidad, la transformación de las personas y de los locales que les sirven de alojamiento y trabajo a los que viven debajo de los viaductos, la organización en defensa de los espacios ocupados... son pruebas indudables de que los sueños se pueden transformar en realidad; de que pasión y muerte culminan en resurrección.

Con el Pueblo de la Calle, identificado con la muerte y resurrección de Jesús, vamos aprendiendo a vivir la esperanza-lucha, aún con pasos vacilantes
y mirada un tanto vaga, que nos va conduciendo y animando en un nuevo camino de compromiso y fiesta.

Rita Maria Vieira rscj
Província de Brasil

Last Updated ( 24 Oct 05 )
 

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