Trini Álvarez rscj
Provincia de España Centro-Sur
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Es un error pensar que los problemas ambientales son sólo problemas del Primer Mundo; al contrario: los problemas económicos y sociales ya presentes en los países del Tercer Mundo se ven agravados por las catástrofes ecológicas.
Presentación hecha para un seminario ambiental de la orden Franciscana, por María del Mar Clapera, Provincia de Mexico-Nicaragua
La destrucción del medio ambiente que estamos causando los hombres y las mujeres debido al actual sistema económico mundial, con toda certeza pondrá seriamente en peligro la supervivencia de la humanidad en el siglo XXI. La moderna sociedad industrial ha provocado el desequilibrio del organismo de la tierra y está encaminada a la muerte ecológica universal si no proponemos cambiar esta tendencia.
La crisis ecológica es, antes que nada, una crisis provocada por la civilización técnico-científica de Occidente, eso es cierto, pero es un error pensar que los problemas ambientales son sólo problemas del Primer Mundo; al contrario: los problemas económicos y sociales ya presentes en los países del Tercer Mundo se ven agravados por las catástrofes ecológicas. Las naciones industrializadas de Occidente pueden esforzarse por trasladar sus plantas industriales dañinas del medio ambiente a los países del Tercer Mundo que no pueden defenderse de ello. Pero independientemente de eso, Indira Gandhi tenía razón al decir que la pobreza es la peor contaminación ambiental. Es un círculo vicioso que lleva a la muerte: el empobrecimiento lleva a la sobrepoblación a todas partes porque no hay otra manera de asegurar la vida sino a través de los hijos. La sobrepoblación conduce al consumo no sólo de todos los alimentos, sino de la propia base de sustento.
Ambos mundos, el Primero y el Tercero, están cautivos en un círculo vicioso de la destrucción de la naturaleza. La interdependencia de los diversos aspectos de la destrucción se identifica fácilmente: el mundo occidental destruye la naturaleza en el tercer mundo y además obliga a los países tercermundistas a destruirla entre ellos mismos.
Reconocer este desequilibrio ambiental que va encaminado hacia la muerte, supone entrar en un proceso de reflexión y análisis de nuestra práctica de consumo, de nuestra actitud frente a la modernidad y de nuestra capacidad para comprometernos y actuar, desde lo local, a favor del bienestar común.
La información es un elemento muy necesario para acercarnos a esta reflexión, ya que nos ayuda a sensibilizar y concientizar a la persona sobre el cuidado del medio ambiente, pero no es suficiente; es indispensable que el conocimiento se aplique sabiamente, se concretice en la vida diaria y sea eficaz en la transformación de relaciones sociales y ambientales.
La conciencia ecológica no puede crearse si no partimos de una educación transformadora. Educación que tenga como tesis fundamental la opción por la vida; defender y promover el derecho fundamental a la vida en toda su plenitud, partiendo de su misma base, es decir, los medios materiales que hacen posible la vida.
El derecho a la vida implica el derecho de vivir en una sociedad en la que cada uno de sus miembros pueda satisfacer sus necesidades básicas por un trabajo seguro. No cabe duda de que esta forma del derecho a la vida es incompatible con la existencia de la sociedad actual.
Para que la naturaleza no se convierta en “utilidad” o “recurso de producción” que atente contra la vida, se hace necesario integrarla en un horizonte más amplio de comprensión que nos permita interpretarnos, como parte de ella, desde una nueva “sabiduría”, con igual pertenencia ontológica que socio-ambiental. Constituimos un sistema vital de integración que no nos autoriza la instrumentalización y la manipulación de la creación, sino que nos capacita para conservar nuestra dignidad y nuestra vida, no perdiendo nuestra identidad en el encuentro. Esta convivencia y fraternidad con lo creado nos remite a un absoluto que nos permite comprender la importancia de “ver la realidad” desde una nueva profundidad y conciencia.
Es necesario favorecer las condiciones de posibilidad para hacer factible el derecho a la vida, un camino para propiciarlo es generando una educación transformadora, en la que es necesario tomar en cuenta los sujetos que participan en el proceso educativo, partir de su realidad y desde ahí impulsar un proceso de deconstrucción y construcción de nuevos paradigmas, retos y utopías.
A través de este Seminario, queremos invitarlos a ser colaboradores en la construcción de nuevas reflexiones y acciones que hagan posible el derecho a la vida. Queremos involucrarlos en esta opción por la vida desde los empobrecidos, óptica que nos impulsará a buscar conjuntamente medios propicios a favor de una calidad de vida que asegure la dignidad de las personas y de la tierra.
Ante el desequilibrio ambiental anteriormente mencionado, hemos pensado tener como eje transversal la Ética Ambiental, eje que se retomará en todas las temáticas que abordaremos durante los tres días del seminario, ya que consideramos que la destrucción de nuestro medio sólo se resolverá en la medida en la que seamos capaces de medir todas las consecuencias actuales y sobre todo del porvenir de nuestros actos.
La mirada hacia el provenir nos obliga a salir de nosotros mismos y a pensar en los que nos seguirán y de quienes somos responsables. Responsabilidad fundada en el cuidado esencial, valor ético que significa implicarse con las personas y las cosas, darles atención, colocarse junto a ellas, sentirlas desde el corazón, entrar en comunión con ellas, valorizarlas, acogerlas y comprenderlas en su interioridad; así nos ligamos afectivamente a ellas y sentimos responsabilidad por ellas.
El cuidado salvará el amor, la vida, la convivencia social y la Tierra.
Deseamos que este Seminario sea el inicio del “ir más allá” en la articulación y organización de acciones éticamente aceptables que conduzcan a una progresiva transformación de la sociedad y del planeta generando posibilidades reales para un desarrollo sustentable que garantice la vida digna para tod@s.
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