UISG Roma: reunion plenaria Imprimir E-mail
04.08.04
Toya Castejón rscj

Reunión Plenaria de la UISG
Ver, Juzgar y Actuar

La reunión Plenaria de la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales) cuyo tema fue “Mujeres discípulas de Jesús, portadoras de reconciliación para nuestro mundo”, tuvo lugar del 9 al 13 de mayo 2004.

Quisiera compartir lo vivido durante la Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales siguiendo el proceso propuesto y que estuvo basado en la conocida metodología de Ver, Juzgar y Actuar. El fruto del trabajo fue una Declaración de intención aceptada unánimemente y en la que todas y cada una de las participantes se comprometía a ser Portadora de Reconciliación en nuestro mundo.

Me gustaría que esta pequeña relación llevase a todo el que la lea a sentir y experimentar algo de lo que las casi 800 superioras generales venidas de 69 países del mundo vivieron y experimentaron en esos cuatro días. Descubrir la llamada a la reconciliación, sentir el reto que supone y comprometerse a ser portadores/as de reconciliación. Es mi mayor deseo.

Ver
¿Qué vieron? ¿qué vimos?
Empezamos “viendo” la vida de la UISG. La vimos a través del Informe de la Presidenta, Sr Barbara O’Dea fdls, y de Sr Catherine Dolan, sscm, Presidenta de la Comisión Justicia y Paz e Integridad de la Creación (JPIC). Vimos solidaridad, compromiso, acciones concretas en respuesta a las urgencias del mundo de hoy. Vimos una vida que crece, se desarrolla y que al hacerlo se deja cuestionar.

Vimos con los ojos de la mente y del corazón tres historias de reconciliación vividas en diferentes contextos : Iglesia, mundo y al interior de las congregaciones.
Vivir la reconciliación nos exige reconocer y aceptar la verdad, la nuestra, y también la de la congregación, iglesia y país, pero sin dejar de lado o permitir que la esperanza desaparezca. Toda historia de reconciliación contiene una llamada a reconocer y aceptar la verdad, sin ella no se puede experimentar la sanación pero con ella nace una nueva esperanza; no dejar que el resentimiento nos domine y que las heridas se infecten con sentimientos de odio o de venganza. Sin reconocimiento y aceptación de la verdad no hay sanación y sin sanación no hay reconciliación.

La Hna Dianne Bergant CSA, de nacionalidad estadounidense, nos llevó a seguir viendo. Profundizamos los dos relatos principales de reconciliación entre hermanos que nos narra la Biblia, el de Jacob y Esaú, y el de José. La esencia del mensaje bíblico es mostrarnos que la verdadera reconciliación es iniciada por la persona ofendida. El responsable principal puede arrepentirse y aún desear la reconciliación, pero es la voluntad de perdón de la víctima la que abre la posibilidad de una nueva relación o de una relación renovada.

¿Qué dinámica pide este proceso de reconciliación? Si nosotras o las personas a quienes queremos han sido víctimas, el relato de Jacob y Esaú nos pone ante el desafío de rechazar todo sentimiento de venganza, de trascender la ofensa que hemos sufrido y perdonar al culpable. Y si nosotras, o las personas queridas, somos las responsables de la ofensa, el relato nos llama a arrepentirnos de nuestro pecado y a esperar humilde y pacientemente que aquellos o aquellas a quienes hemos ofendido, nos perdonen e inicien el proceso de reconciliación. Respeto, silencio, espera humilde.

Según el significado de la reconciliación que se propuso (ver la historia de José) el que ha sido ofendido rescata al agresor y en su rescate transforma las relaciones. Es una transformación que crea situaciones sociales diferentes de las que son o parecen ser la norma en nuestro mundo. Y allí donde encontramos esta transformación nace el reino de Dios.

“Habéis oido decir: ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a
vuestros enemigos y rezad por vuestros perseguidores. Así seréis hijos de vuestro
Padre que está en los cielos. Él hace brillar el sol sobre buenos y malos y deja
caer la lluvia sobre justos y pecadores. Porque si vosotros amáis a los que os aman,
¿qué premio merecéis?, ¿no obran así también los pecadores?...” (Mt 5, 43-48).

Jesús nos pone ante una alternativa, imprescindible para encarnar el perdón que es la expresión del verdadero amor y fuente de reconciliación. La reconciliación es una espiritualidad, no una estrategia. Exige metanoia, un cambio o conversión de corazón.

Comprometerse a ser Mensajeras de Reconciliación es asumir la responsabilidad de reconciliarse con uno mismo, con Dios y con aquellos/as de quienes nos hemos podido alejar.
Sea cual fuere la dimensión de la reconciliación o el contexto donde nos encontremos, la espiritualidad que debe animarnos en este campo es una sola : ser una nueva creación. Una llamada a transformar nuestro mundo según los principios de la verdad, del amor y del perdón.

Este fue el fruto de nuestro ver. Un viaje interior, personal, profundo. Así lo reconocieron las mismas participantes. Momento de comunión interna y experiencia de comunión fraterna que situaba a las participantes en el corazón de la misión de la Iglesia y en el corazón de nuestro mundo herido.

Juzgar
¿A donde nos está llevando Dios?
A la luz de lo visto, oído y experimentado juntas, y confrontadas e iluminadas por los textos de la Escritura reflexionados juntas, se responde a las siguientes preguntas:
ÿ ¿cómo trabajar juntas para ser portadoras de reconciliación en nuestro mundo?
ÿ ¿cuál debería ser la base para nuestra acción común?
La Asamblea está preparada para dar su respuesta. Cada mesa redonda da la suya, se palpa una gran convergencia. El Espíritu está actuando. Las participantes se sienten llevadas a vivir un doble compromiso: ser portadoras de reconciliación en nuestro mundo y hacer lo posible para que sus comunidades también lo sean.

Actuar
Reflexión, oración, compartir. Una comisión ad hoc hace la síntesis de las respuestas a las preguntas anteriores, lo hacen atentas a las diferentes opiniones, a las más repetidas así como a las expresadas sólo una vez.

Y el proceso continúa. Se estudia y se reflexiona sobre la síntesis. Pero llegar a la acción exige priorizar. Se pide entonces a las participantes que por mesas escriban dos acciones necesarias y posibles para vivir como mujeres portadoras de reconciliación.

Una comisión de redacción prepara un primer borrador de la Declaración. Se presenta a la Asamblea, se discute, se hacen propuestas. Las participantes señalan los puntos en los que están de acuerdo y aquellos que necesitan modificación o ser expresados con más fuerza. No se quieren muchas palabras, se quiere compromiso.

Un segundo borrador es redactado y presentado de nuevo a la Asamblea. Los diferentes grupos se reconocen en el texto y un gran aplauso es expresión de unanimidad en la respuesta.

En la gran sala, es experiencia de Pentecostés. Los días vividos juntas llevan a las Superioras generales a dar gracias y alabar al Dios de la Vida que las envía a ser Portadoras de Reconciliación en nuestro mundo.

Maria Victoria González Castejón rscj
Provincia de España Centro Sur

(Toya es la Secretaria General de la UISG)

Última modificación ( 24.10.05 )
 

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