méxico : descubriendo un Dios con rostro humano Version imprimable Suggérer par mail
04-10-04

Descubriendo un Dios con rostro humano: Diario de un misionero

Marigela Orvañanos rscj

Día 1: Hoy llegamos a un nuevo pueblo, cuando veníamos por la carretera, no sabía que pensar, estaba nervioso por el recibimiento que pudiera darnos el pueblo, y es que, somos 5 personas totalmente desconocidas. Venimos de lejos a “enseñar” lo que sabemos, pero pertenecemos a realidades distintas ¿Será posible que nuestras realidades coincidan?...

La respuesta ha sido estupenda, desde que bajamos de la camioneta, una señora se nos acercó a ofrecernos alojamiento y comida ¿Por qué? Porque simplemente quiere… Es tan difícil para nosotros resumir una decisión a tan simple razón…

Después de instalarnos, salimos a recorrer el pueblo, visitamos 2 casas para presentarnos, donde nos trataron como si fuéramos de la realeza, nos ofrecieron comida y alojamiento y prometimos regresar después… Más tarde, subimos a un punto elevado para reconocer físicamente el pueblo, en realidad no hay mucho que ver, algunas casas desperdigadas por aquí y allá, las montañas en el horizonte, y en medio, la inmensidad de la nada (bueno, en realidad, hay un desierto) Me surge la pregunta, ¿Cómo es posible que sobrevivan aquí aislados? No tienen Internet, ni calles, ni policía, etc.… espero poder responder algunas preguntas en el transcurso de la semana.

Día 3: Hoy comenzamos con las actividades “cotidianas” de la misión, fuimos a desayunar con doña Petra, casi no habla español, pero con sus gestos nos da a entender que le alegra que estemos ahí, tal pareciera que el darnos su comida, mas allá de pesarle, le agrada… platicamos con ella un rato, aunque no estamos seguros de que nos entienda, creemos que nuestra presencia la reconforta. Después de desayunar, salimos al visiteo, en una de las casas, una señora se atreve a abrirnos su corazón, nos cuenta cómo murió su hijo tratando de llegar al norte, en sus ojos hay lágrimas, en los nuestros también, salimos consternados y felices, felices porque al menos por un rato pudimos sacarle una sonrisa a la doña, porque tuvo en nuestros hombros un lugar donde llorar, y porque hoy descubrí, que en ambas realidades, la gente llora…
Después del visiteo, jugamos con los niños, me he empezado a encariñar con un pequeño en especial, se llama Fer, y casi no me deja para nada. Entre tanta risa y sonrisa, descubro que soy capaz de vencer al cansancio… jugamos como 2 horas sin parar.

En la tarde tenemos junta con adultos y jóvenes, con los adultos (en realidad puras señoras, pues casi no hay hombres) descubrimos con qué sencillez pueden reír con juegos que para nosotros son de niños, a ellas les divierte tanto… Finalmente, con los jóvenes, jugamos mímica, me parece increíble con que facilidad nos divertimos, misioneros y jóvenes, y es que, somos jóvenes con jóvenes, me llena de alegría el comprender que quizá sean distintas realidades, pero esas realidades coinciden porque somos todos seres humanos, no existen entre nosotros más barreras que las que tratemos de imponer. Descubro también, mi esencia humana, que no necesita de la ropa de marca, o de mi celular, o de un carro; una simple sonrisa, mi propia voz, mi presencia, mi ser, son suficientes para vivir y convivir…

Día 5: Hoy, durante el visiteo, sucedió algo que me impactó, entramos a una casa que tenía un jardín bellísimo, quizá fue el contraste entre tan bello jardín y el desierto fue lo que me impresionó, pero sobre todo, que la doña que tenía ese jardín, nos explicó que ella había traído algunas flores de México, y que allí florecieron, pero también nos contó cómo había crecido su jardín, pues a ella le gusta regalar flores a cambio de lo que quisieran darle, y así fue, intercambiando flores, su jardín crecía. Creo que las flores son algo más que simples flores, representan lo que estamos dispuestos a dar, sin esperar nada a cambio, salvo lo que la otra persona también esté dispuesta a darnos… y pues si nos damos el chance de dar, nuestro jardín también crece, aún cuando estemos en medio de un desierto… por cierto, doña Cecilia nos regaló flores para que las plantemos en México.

Día 8: La despedida nos alcanzó… son muchas las emociones que me llevo, mucho lo que vi, mucho lo que aprendí, pero hay 2 cosas que no quiero olvidar: la primera es Fer, el niño con el que me encariñé, hoy me dijo algo que hace que todo valga la pena, y es que, el hermano de Fer (de 13 años) se fue al norte, y él se siente solo, y pues me dio las gracias por haber ido, pues al menos por una semana, él no estuvo solo, sintió que estaba con su hermano… me quedé sin palabras, sólo atiné a darle un torpe abrazo, Dios, me siento tan bien, he dado tan poco y he recibido tanto…

La segunda cosa abarca un poco de todo lo que he vivido: he descubierto que la grandeza humana se esconde en la humildad, la gente de aquí, es grande porque es humilde, da porque no espera nada a cambio, y no se decepciona. Ríe con sencillez, porque son sencillos; habla con el corazón, aunque no sepa hablar español… y les entendí. Finalmente entiendo por qué pueden vivir sin Internet, ni calles, ni policías, porque su Internet es de ser humano a ser humano, no necesitan calles pues no necesitan buscar lo que necesitan más allá de su propia comunidad…
Comunidad, esta palabra resume su modo de vida, común unidad, trabajar juntos, convivir, ayudar… SER humano en toda la extensión de la palabra, y lo mejor, es que me di cuenta de que yo también soy ser humano, en mi realidad, en mi familia, en mi ciudad, no importa si parece que no hay ya humanidad, si le busco tantito, estoy seguro que encontraré otros hombres y mujeres iguales a mi, y si les veo a los ojos, descubro también su trascendencia, su parte de Dios, el rostro humano de Dios.

Luis Fuentes. 19 años, Universitario
Luis es un chico universitario de 19 años. Forma parte del equipo coordinador de "Misión Hermana", un grupo de jóvenes formado básicamente por alumnas de nuestro colegio de la ciudad de México y algunos otros amigos. El ha participado en el grupo durante 3 años. Lo que hacemos es sobre todo visitar comunidades rurales durante la Semana Santa y el tiempo de Adviento. Ayudamos un poco con las celebraciones litúrgicas y
tenemos actividades con niños, jóvenes y a veces con mujeres.

Creo que lo más valioso de la experiencia, como puede verse en el artículo, es el contacto que tienen estos jóvenes de la ciudad, casi todos de una clase
social más o menos privilegiada, con el mundo de los campesinos, los
migrantes, etc. Mi experiencia es que de una u otra manera, todos quedan
marcados por la experiencia, y para la gente de esas comunidades es también significativa la relación de amistad y escucha que se establece con los jóvenes.

Clara Malo Castrillón rscj
Provincia de México-Nicaragua

Dernière mise à jour : ( 24-10-05 )
 

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