En camino...
Georgina Zubiría rscj

Imagino a Magdalena Sofía de fiesta junto con las santas oficiales y anónimas que nos han precedido. La Pequeña Sociedad que ella tanto deseaba está realizando un lindo camino de escucha del Espíritu en la diversidad de nuestras culturas, razas, lenguas, edades y países. Juntas hemos tocado las realidades de nuestros contextos particulares y juntas hemos vuelto a la fuente de nuestra espiritualidad. Nuestro Cor Unum se ve y se escucha en el rostro del Capítulo que, a través de diferentes expresiones, sigue optando por la vida presente en los pequeños-grandes gestos de humanidad.
En esta etapa del camino y, a partir del compartir en grupos con diferentes modalidades: -hogar, trabajo y generación-, elegimos cinco centros de interés en los cuales estamos trabajando. Desde mi punto de vista:
Dos tocan elementos esenciales de nuestro estilo de vida: La contemplación y la vida comunitaria.¡Queremos mayor radicalidad, hondura y coherencia!
Dos tocan nuestra vida apostólica: por un lado, justicia, paz e integridad de la creación y, por otro, jóvenes , particularmente a través de nuestro servicio en la educación desde cualquier plataforma: formal, popular y no-formal. ¡Queremos orientar todos nuestros recursos en favor de la vida de quienes la tienen más amenazada! Uno más habla de la manera como queremos vivir: comunicación en y en diálogo, caminando junto con otras personas y redes. ¡La relación es un sello impreso en el carisma que se nos ha regalado!
Me parece que en este camino nos hemos dejado sorprender por el Espíritu en la unanimidad que se ha dado en la elección de los centros de interés y, al mismo tiempo, por la íntima vinculación que existe entre ellos. No buscamos la uniformidad, al contrario, acogemos con gratitud la diversidad que nos enriquece. Queremos la comunión corporativa que nos vincula entre nosotras y con otros/as, que humaniza y fortalece nuestras relaciones y que alimenta la solidaridad y el deseo de ensanchar las redes que tejemos para cuidar, alimentar y defender la vida. Queremos también la unificación personal y no la fragmentación, cualificar nuestras vidas en unión y conformidad con el Corazón de Jesús y sumarnos a todos aquellos y aquellas que sueñan con otro mundo posible rescatando el aliento de vida que late en nuestra cotidianidad.
La intuición expresada en el Capítulo del 2000: “Nuestras vidas entregadas por amor son la expresión más fuerte de nuestra espiritualidad”, tiene rostros, colores, lágrimas, cantos, gozos, esperanzas, clamores y anhelos que ahora se tejen con cariño y con pasión. Inclinamos nuestra cabeza y abrimos nuestro corazón para acoger la bendición de Dios, bendición que fecunda nuestras entrañas con SU pasión por la vida.
La oración de muchas personas en todo lo ancho de nuestro mundo nos fortalece y nos alienta para continuar el camino.
Georgina Zubiría
Provincia de México - Nicaragua
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