prier avec nous: Reflexión para el dí­a de San Ignacio Version imprimable Suggérer par mail
01-08-08

Cuando me he sentado a preparar este comentario y me he preguntado qué podríamos señalar o/y recibir concretamente hoy de él, me ha venido una imagen bien conocida: la de Ignacio alcanzado por las balas, abatido y caído en Pamplona, y la siguiente, reponiéndose de su inmovilidad y herida en su casa de Loyola…candles

Herido en su cuerpo, viviendo un momento de fuerte vulnerabilidad. Esta situación le obligó a parase, a dejarse interpelar, a doblegarse y en definitiva a dejarse  alcanzar por el amor de Dios

Esta situación de debilidad fue la puerta de una conversión tan honda por la que Ignacio, como el campesino de la parábola del Evangelio, lo vende todo por el tesoro del Reino,  que como Pablo, todo lo desprecia y  “lo tiene todo por basura para ganar a Cristo” (Fil 3,9), como se lee en la liturgia de hoy…, y marca una opción de preferencia absoluta por Él y por su Reino.

Pensaba qué podía decirnos esta herida sufrida y esta imagen de Iñigo de Loyola postrado… 

¿Qué podemos leer en ella y recibir desde ella?...

En la simbología universal y en la mística, la “herida” –herida de amor- es el lugar por el que el amor se “cuela”, por el que puede penetrar la gracia… es por lo tanto, situación que marca, espacio de transformación…

Puede ser lugar de sanación pero además ella misma puede ser sanadora. Es el sentido de muchas heridas físicas y místicas, es el sentido de la herida de Ignacio, de la del Corazón Abierto que tantas veces hemos contemplado….

Por lo tanto el lugar de postración puede ser lugar privilegiado de gracia, de conversión y de una nuevo nacimiento.

Es verdad que también el sufrimiento y las heridas pueden  tumbar a la persona y destrozarla…, eso es cierto, pero también la herida puede y debe ser para nosotras lugar de Gracia, de transformación y comienzo de un nuevo nacimiento, de nueva vida… de la que aquí también algo estamos palpando…

Esto es lo que le ocurrió a Ignacio; eso es lo que la experiencia dice que ocurre a los santos y no tan santos que se dejan alcanzar por el poder salvífico de las heridas. Eso es lo que nuestras Constituciones explican en diversos lugares:

“Hay momentos  en los que experimentamos más intensamente nuestra debilidad”, “la oscuridad”, “el desprendimiento e inseguridad” etc… y la conclusión es que así podremos vivir más radicalmente el misterio de la Cruz, el seguimiento de Jesús pobre… la unión más íntima con el Corazón de Jesús… y abriéndonos cada vez más a los otros”… (Cfr. Cons 47, 56. 68)…

Éste es el comienzo de una vida nueva.

María José Arana rscj
Provincia de España Norte

 

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Dernière mise à jour : ( 02-08-08 )
 

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