Montse en uno de los campos de refugiados de Darfur, en el este del Chad  | | “¿De qué color es África, papá? África es negra como mi piel y roja como la tierra Y blanca como la luz del mediodía y azul como las sombras del atardecer. Y amarilla como el gran río y verde como las hojas de las palmeras. África, mi pequeña, tiene todos los colores de la vida!” (Afrika, pequeño Chaka) Esto es lo que quiero transmitiros, compartir con vosotras/os esos colores de Vida que encierra el Chad, esa “Presencia” que llena de color las situaciones oscuras, que llena de vida las situaciones de muerte y de alegría, aquellas que tocan el dolor. No es mi intención contaros en dónde estuve, ni lo que hice durante este tiempo en tierras chadianas. Podría escribir largo sobre ello, sobre la vida en N´Djamena, en Guelengdeng, el acercamiento a los campos de refugiados sudaneses, la vida en las escuelas comunitarias... Puede que en otra ocasión sea interesante pararme en el dónde y en el cómo, pero hoy quisiera compartiros esos colores de vida que me ha llegado de ese país tantas veces olvidado, ignorado, donde los diferentes colores nos alumbran por donde se esconde la vida, el agua escondida que habita, que circula por sus entrañas... Ante todo decir que no me fue fácil convivir con mi propio color, sí, el de la piel, eso de ser blanca. Qué difícil se me ha hecho circular por las calles sin llamar la atención, ser el punto de mira, de comentarios, de deseos... Ese sentirme “diferente” me ha dado la clave para sentir en mi propia piel lo que muchos otros/as están sintiendo en nuestras tierras europeas tan cerca de nosotras. Lo duro que supone que la gente se relacione contigo dependiendo de tu color y de los intereses que encierra todo ello. ¡Cuánto he aprendido al respecto y pensar que me las sabia todas!... he aprendido a acariciar mi propio “color” mi origen, situarme en la diferencia, en lo minoritario (a pesar del poder que encierra el ser blanca). Se me ha educado el mirar, el distinguir, el apreciar los orígenes de cada uno/a, a saborear los diferentes matices de colores étnicos. Doy gracias a Dios por las diversas tonalidades de piel, de ojos... de ver la vida que está a nuestros pies, por el camino que se nos abre de acogida a lo diferente, a lo desconocido, y muchas veces temido. Vida es la que llevan las mujeres chadianas que no han dejado ni un solo momento de sorprenderme. Mujeres que desprenden vida de sus entrañas, esa vida más fuerte que la muerte. A cualquier mujer que le preguntaba cuántos hijos/as tenía, me contestaba con el número de sus hijos/as vivos y de los ya enterrados. Ese detalle me hizo caer en la cuenta de lo muy unida que está la vida de la muerte, en cualquiera de sus formas. La unidad de “muerte/vida”, “vida/muerte” es lo que destacaría de esas mujeres tantas veces castigadas por el dolor de la pérdida, y que encuentran en su ser más profundo esa capacidad de seguir adelante, de ir más allá... Descubrir a tantas mujeres fuertes cansadas de aparentar debilidad y a hombres débiles cansados de parecer fuertes. He tenido la suerte de poder acercarme a los niños/as chadianos/as, son ellos/as con los que he tenido más contacto durante mi estancia en estas tierras y con los que he disfrutado a lo grande. ¡He aprendido tanto! Señalo la capacidad que tienen de absorber todo lo que les llega, de aprender, de reír, de jugar... Y sobre todo, destacar esa enorme capacidad de hacer sacar lo mejor de mi misma, incluso de aquello que tenía escondido... Cuanta vida surgida de las RSCJ, incluido el haber vivido en propia carne la muerte de Hoh Soung Nyo. He palpado esa vida entregada, dada... como ese grano de trigo que si no muere no da fruto... no dejo de dar gracias al de Arriba de la posibilidad que se me ha ofrecido de participar en este tiempo de la Misión Común que tiene la Sociedad en el Chad, de participar en la búsqueda del Reino junto con estas mujeres que quieren ir más lejos, que apuestan por lo pequeño, por lo escondido. Siento que ha sido una experiencia que me ha llenado de Vida, de pasión por Cristo, renovada pasión por la humanidad. Montse Prats rscj Provincia de España Norte |