Mari�a de Betania: La gratuidad en el corazon de su experiencia PDF Print E-mail
02 Aug 08
Sophie Maille rscj

       Sophie Maille rscj

María de Betania: La gratuidad en el corazón de su experiencia


Comienza tu retiro con la lectura orante de Jn 11, 1-12,11.

Vuelve a leer el texto y detente ahí donde encuentres gusto y novedad. Que tu apertura sea tan grande de manera que dios pueda entrar con su sorpresa. Registra también los lugares en los que encuentres resistencias y confusión. Dios llega por donde menos imaginamos.
Después, lee pausadamente las reflexiones que te propongo y quédate ahí donde el espíritu te impulse a permanecer.

En Betania
Cuatro días después de la muerte de Lázaro, llegó Jesús a Betania, entrañable lugar teológico para la comunidad joanea;  Betania significa “casa de los pobres”, espacio abierto de manera incondicional para Jesús y su comunidad.

¿Necesitas ir a Betania y tener la experiencia de entrar a la casa de los pobres? ¿Qué pobrezas llevas contigo para compartir? ¿Eres consciente de la precariedad que te posibilita entrar en ese espacio?

Una casa particular es la referencia imprescindible. La habita  una familia- comunidad de amigas y amigos de Jesús: Marta, María y Lázaro. 

Recorre las presencias que habitan la casa, tu casa. Mira sus rostros hermanos, sus gestos amigos. Contempla ahí a Martha y a María. Con ellas, prepárate para hospedar a Jesús. No te olvides de incluir a las personas incómodas que, consciente o inconscientemente, has excluido de tu hogar o marginado en tus relaciones.

Betania es espacio de amistad incondicional y profunda. Ahora, sin embargo, está en duelo. Lázaro, el hermano y amigo, ha muerto.

De acuerdo al cronómetro de la eficacia, Jesús no llegó a tiempo. No salvó a Lázaro ni de la enfermedad ni de la muerte. No evitó a María ni a Marta el atravesar por el silencio oscuro del dolor. La muerte es real. Lo humano pide acoger la precariedad y la finitud. El dolor es crisol de la fe. 

Nombra a tus hermanos y hermanas que han muerto, recorre los duelos que has vivido. Escucha el silencio oscuro del dolor que atraviesa el alma cuando muere una persona amada.

Al llegar Jesús, Betania se transforma  en lugar de nostalgia: Marta y María le reprochan: “si hubieras estado aquí, nuestro hermano no habría muerto”. Es difícil calcular lo que vale este diálogo. Las dos, cada una en privado, hacen este reclamo-confesión a Jesús. Las dos, cada una desde su propia experiencia, están ciertas de que algo podría haber hecho su amigo. En esta situación, Jesús se encuentra con cada una en intimidad y desde su originalidad. Marta y María son hermanas y son diferentes, una sale corriendo a encontrarlo, otra espera a ser llamada; una sirve a la mesa, otra unge los pies. Y así, en su diversidad, son amigas de Jesús.  

La memoria es aliento y es impulso. Recuerda los encuentros que has tenido con Jesús en la intimidad y desde tu más profunda y auténtica verdad. Simplemente: re-cuerda.

Jesús promete que Betania llegará a realizarse como espacio privilegiado para manifestar la gloria de Dios, como vida nueva resucitada y como convicción creyente resucitadora; como paso previo  por la condena de muerte y como anticipo irrevocable de la resurrección.

Marta de Betania
Tan pronto como Marta se enteró que llegaba Jesús, salió a su encuentro. Osadía de Marta, mujer con iniciativa y valor. Es ella quien, con una confianza inusitada, inicia el diálogo que la conducirá a confesar a Jesús como Señor, como Mesías y como Hijo de Dios. Mientras que en los sinópticos la profesión de fe está puesta en boca de Pedro, en el cuarto evangelio aparece en boca de Marta  y en el contexto de la muerte de su hermano. Ella, sin ver, ha acogido la revelación de Jesús que la invita a dar un salto en la fe: “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mi, aunque haya muerto, vivirá”.

¿Cuál es el itinerario de tu fe? ¿Qué experiencias te han impulsado a pasar de fe heredada a una fe propia? ¿Con qué nombres confiesas a Jesús?

Marta cree en la fe que Jesús tiene en Dios: “todo lo que le pidas, te lo concederá”. Cree en él como persona creyente. Además, como la mayor parte del pueblo judío, Marta cree en la resurrección de los muertos al final de los tiempos.

Desde la fe heredada en el seno de su pueblo y desde la experiencia de amistad con Jesús por la que reconoce su poder curador, Marta permanece abierta a la revelación: la resurrección está presente en y a través de Jesús.
Jesús se  sigue revelando en la historia. Deja que él desafíe tu escepticismo. Acoge Su revelación. Y, como a Marta, permite que Jesús te pregunte: ¿Crees esto? Deja que la experiencia del Misterio te habite y te desborde. No intentes atraparle. Acógele con gratitud por su sorprendente cercanía y recíbele con reverencia porque permanece Mayor a nuestros conceptos y expectativas, a nuestros ritos y normas, a nuestros ritmos y horarios.
Con esta experiencia rebosando en su corazón, “Marta fue a llamar a María y le dijo al oído: El Maestro está aquí y te llama”. Marta es para María lo mismo que Andrés es a Pedro (Jn 2, 40-42): Eslabón testimonial en el anuncio de la Buena Nueva de Dios para la humanidad.    

¿Quiénes te hablaron de Jesús? ¿A quiénes hablas tú de Jesús?

María de Betania
Bien podemos decir que María de Betania tiene una especial autenticidad para realizar gestos amorosos preñados de ternura y, también, para enseñarlos. Sus gestos nacen del amor. Ahora, nacen del amor al hermano que ha muerto. Ella cae de rodillas ante el Maestro que anuncia la vida como lo más preciado por Dios.

¿Con qué gestos expresas tu amor? ¿Qué gestos te han ayudado a  experimentar el amor?

 

En el relato, el evangelista nos dice que, “al verla llorar, (Jesús) se conmovió y suspiró profundamente”. Gestos de humanidad sin corazas. María llora el dolor ante la muerte.  Lágrimas que dicen más que muchas palabras. Frágil fuerza que moviliza. Nacen de lo más hondo. Dicen lo inefable. Respetan el misterio. Revelan el amor. Y, por la densidad que contienen: con-mueven.
En nuestro mundo hay mucho dolor, tanto que a veces nos protegemos y evitamos mirarlo y con-movernos.

Nombra distintas situaciones de dolor. El dolor de lejos y el de cerca. El dolor de dentro y el de fuera.  Como María de Betania, percibe tu impotencia para transformarlo y arrodíllate ante Jesús. Deja que Él se conmueva y permanece a su lado.

Jesús se conmovió,  suspiró ante el dolor de su amiga  y sintió su propio dolor por el amigo muerto. Con seguridad los vínculos eran profundos. De la hondura brotó su llanto. Jesús lloró. ¡Cómo le quería! Al compartir el dolor, la comunión se fortaleció.

Haz memoria de las situaciones de dolor a través de las cuales has percibido cómo se ensancha y fortalece la comunión. Interprétalas. Escríbelas. Es preciso dejar nuestro testimonio de esperanza para las generaciones futuras.

Nos dice el evangelista que muchos judíos habían ido a Betania para consolar a Marta y a María por la muerte de su hermano. Cuando María salió al encuentro de Jesús, la siguieron. Ella les condujo al Maestro, no al sepulcro, a la posibilidad de vida nueva, no a la muerte. María aparece aquí, con toda la fuerza de su liderazgo como misionera. 

¿Cómo ejerces tu liderazgo misionero? ¿Quiénes te siguen? ¿Hacia dónde les conduces? ¿Abres caminos nuevos de vida y resurrección?

 

Después de la resurrección de Lázaro, los judíos se dividieron: unos creyeron en él y otros fueron a contar a los fariseos lo sucedido.   

Contempla lo real: Seguir a Jesús supone una opción libre y consciente. ¿Quieres que otras y otros le sigan? ¿Está tu corazón lleno de la vida nueva que nos regala? ¿Estás dispuesta/o a asumir las consecuencias?


Con la resurrección de Lázaro termina el libro de los signos en el cuarto evangelio. Con la unción en Betania, comienza el libro de la “Hora”. María aparece en ambos episodios. Ella, con su intuitiva sabiduría, ha percibido que algunos judíos han creído en Jesús y que otros, en cambio, ya le han condenado. Por eso él deja de aparecer públicamente.

La muerte en la cruz era el castigo adoptado contra los rebeldes. A Jesús se le acusaba como blasfemo por presentarse como hijo de Dios y como agitador político por su pretensión de ser rey. De acuerdo a los poderes de su tiempo, merecía ser crucificado. Merecía morir como un maldito, sin derecho a recibir sepultura y mucho menos a ser ungido.

María lo sabía y se anticipa. 

¿Alguna vez alguien ha ungido tus pies? ¿Quién? ¿En qué circunstancias? Y tú, ¿has ungido los pies? ¿A quién? ¿En qué situación? ¡Es difícil medir la cantidad de ternura y la cualidad del amor cuando se ungen los pies de una persona amada!

María de Betania amaba a Jesús, por eso, sólo por eso, lo ungió con el perfume de nardo que había guardado con tanto cariño. San Juan nos aclara que era fino y abundante como fino y abundante era el amor que contenía en su corazón. Ella necesitaba derrocharlo.

Públicamente, frente a los invitados a la cena, se postró a los pies de Jesús, quebró el frasco y, al tiempo que acariciaba sus pies, toda la casa se llenaba con el aroma del nardo. La gratuidad esta en el corazón de la experiencia de la discípula que Él amaba.

¿Con quiénes has derrochado gratuitamente tu más fina ternura? ¿Con qué gestos has expresado tu amor? Nuestro mundo sigue condenando a la exclusión y a la muerte a las grandes mayorías: migrantes, mujeres solas, extranjeros, niñas y niños, ancianas y ancianos… ¿Realizas con ellos y ellas gestos de amor gratuito y desmedido? ¿Te critican y descalifican por hacerlo?

Judas criticó a María por derrochar gratuitamente el equivalente a trescientos denarios en favor de aquél a quien ella amaba. La condenó con un argumento duro y mentiroso. Encubrió su avaricia con una ideología: podía haberlo dado a los pobres.

Recuerda los gestos que te identifican con María. Recuerda también los discursos con los que encubres tus inercias y las condenas con las que descalificas la aparente ineficacia del amor.

María no pronunció palabra, no se defendió ni se justificó y, sin embargo, así escribió uno de los relatos más bellos y memorables. Con su cabellera secó los pies del que caminaría hacia la cruz. Ella misma se impregnó del nardo con el que reverenció a Jesús. Liturgia viva y elocuente que el maestro aprendió para repetirla después con sus amigos y discípulos. Así les enseñó la profundidad del amor que acompaña al servicio gratuito.

¿Tu servicio es fruto de una decisión que nace del amor gratuito? ¿Cómo y con quiénes lo vives más espontáneamente? ¿Con quiénes te pide un esfuerzo mayor?

Ya decíamos que con el relato de la unción, san Juan introduce el libro de la “Hora” de Jesús que culminará con la experiencia cierta de la resurrección. 

¿Qué frutos recoges de este itinerario? ¿Reconoces signos de vida     resucitada? ¿Cuáles quieres compartir con tu comunidad?

Si es posible, organiza una jornada comunitaria para recorrer este camino haciendo la reflexión orante como persona corporativa, como comunidad que busca tener “un solo corazón y una sola alma” con-vocada por Jesús para vivir esta experiencia de amor gratuito, en memoria suya.

Georgina Zubiría M. rscj
provincia de México - Nicaragua



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charo barrutia,rscj  - gracias geor   |200.125.20.xxx |2008-09-02 22:53:12
Sencillamente agradecerte por tu aporte y decirte que lo he aprovechado mucho para mì y para compartir ... gracias... charo,rscj - Uruguay
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