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Palabra y Vida: julio
1: Mt 8,23-27
Para la Biblia, lo contrario de la fe no es la increencia sino el miedo. Y cuando el miedo se apodera de alguien, lo bloquea y lo paraliza. Lo que les ocurrió a los discípulos en el lago es lo mismo que nos sigue ocurriendo a nosotros: a lo largo de nuestra vida experimentamos momentos de tempestad, de dificultades, de oscuridad. Entonces nos sentimos en peligro y nos parece que el Señor “duerme”, ajeno a lo que nos ocurre. En sus palabras de esta escena del Evangelio aprendemos cómo reaccionar: “¿Por qué tanto miedo? Estoy aquí con vosotros”
3: Jn 20, 24 – 29 Santo Tomás Apóstol
La liturgia nos invita a contemplar a Tomás, cerril y obstinado detrás de su individualismo y de su negativa a aceptar el testimonio de los demás, bloqueado a la hora de hacer la experiencia de Jesús más allá de lo que él mismo podía ver o tocar. Y sin embargo, ninguno de esos muros que él mismo había construido a su alrededor fue obstáculo para Jesús: vuelve para encontrarlo, le pide que se acerque a él, lo adentra en un contacto de proximidad e intimidad tal, que Tomás quedó para siempre marcado por la experiencia de las heridas de su Señor y su Dios.
5: Mt 9,14-17
Los seguidores de Juan el Bautista plantean a Jesús el tema del ayuno como si se jugara en él lo más importante de la relación con Dios. Se diría que en ellos, como en demasiados cristianos de hoy, existiera una resistencia a relacionar a Dios con la fiesta, el banquete y la mesa compartida y, en cambio, escuchan mejor a quienes les hablan de su poder, su justicia sus imperativos o su omnisciencia que escruta hasta sus mínimas faltas. Necesitamos odres nuevos y mentalidad nueva para abrirnos a la alegría que nos trae el Evangelio de Jesús.
8 : Mt 9,32-38
Los evangelistas son muy sobrios a la hora de comunicar algo de los
sentimientos y emociones de Jesús y por eso, cuando lo hacen, nos están
invitando a adentrarnos en lo más hondo de la interioridad de Jesús.
Ante el desvalimiento y el abandono de tanta gente, presente también
hoy en nuestro mundo, los cristianos estamos llamados, además de a
poner lo que esté en nuestra mano para remediarlos, a ir teniendo un
corazón tan compasivo como el de Jesús, capaz como él de captar las
realidades de sufrimiento y acercarnos a ellas.
12: Mt 10, 24 - 33
Jesús intenta comunicar a sus discípulos y a nosotros una de sus certezas más profundas: la de que el Padre cuida de sus hijos y por eso podemos vivir liberados de la ansiedad y del miedo, esos enemigos que bloquean y atenazan la experiencia filial. Pero lo hace sin ocultar las dificultades y persecuciones que acompañarán siempre la vida de los que le sigan. Es precisamente ahí y en esos momentos cuando hay que extremar la confianza y el abandono. Tenemos a Alguien siempre a favor nuestro y eso nos basta.
13: Mt 13, 1 – 23 XV domingo del tiempo ordinario
La parábola presenta dos partes muy marcadas: la primera agrupa los fracasos y dificultades, mientras que la segunda, pone el acento en la fecundidad desbordante de la semilla que cae en tierra buena. Podemos acoger la esperanza que nos transmite Jesús: “Sois una tierra sembrada de semillas destinadas a dar fruto y existen en vosotros brotes de vida que la mirada del Padre descubre". Dejemos atrás la dureza del camino, las piedras o las zarzas. Hoy la Palabra puede germinar en nuestro corazón.
16: Mt 12, 25 -27
Jesús conocía desde niño la oración de bendición típica del mundo judío en que se pronunciaban tres veces al día dieciocho bendiciones a Dios. Cuando hoy se dirige al Padre alabándole y bendiciéndole por haberse ocultado a los sabios y poderosos, revelándose en cambio a la gente sencilla, está empleando esa fórmula orante de su pueblo, pero le da un contenido revolucionario: las preferencias de Dios están volcadas en los más pequeños y sencillos y no en los que pretendían conocerle mejor que los demás. ¿En qué grupo nos colocamos nosotros?
17: Mt 11, 28 - 30
La llamada de Jesús para aceptar su yugo resulta paradójica: va dirigida a los que están cansados y agobiados y llevar un yugo no parece ser lo mejor para descansar. Pero si lo propone es porque sabe que un yugo se lleva entre dos y él mismo se propone como compañero para ir junto a aquél que acepte caminar a su lado. El Evangelio es una pesada carga ligera. Creemos que somos nosotros quienes cargamos con él, pero es él quien nos lleva.
22: Jn 20,1.11-18 Santa María Magdalena
En la Biblia aparece con frecuencia la palabra "conversión" que significa también "estar vuelto a" y la expresión aparece dos veces en la escena de la aparición de Jesús a María de Magdala. La segunda vez parece innecesario repetirla: si ya “volvió la cara y vio a Jesús" ¿por que repite de nuevo: "Ella se volvió..."? Juan está subrayando intencionadamente cuál es la actitud de la verdadera discípula y quiere presentar a María como modelo de esa manera de vivir "vuelta" hacia el Señor Resucitado a la que también nosotros estamos llamados.
27: Mt 13,44-52: XVII domingo del tiempo ordinario
Al recordar de memoria la parábola del tesoro y salvo raras excepciones, nadie se acuerda de la frase que es su eje y que pone en marcha todo su dinamismo: "...y por la alegría" . Tenemos más claro lo de renunciar, sacrificar y abstenerse, que la acogida de un gozo que acompaña siempre al discípulo cuando el Reino de Dios se nos aproxima. Para el Evangelio, en cambio, la alegría no se queda arrinconada en los márgenes, como una virtud menor y prescindible sino que está en el centro de nuestra vida. Hagámosle hueco.
29 : Jn 11,19-27 Santa Marta
Juan pone en boca de Marta una confesión de fe parecida a la pronunciada por Pedro: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito". Ahora es una mujer de Betania, la que acogió tantas veces a Jesús en su casa, la que proclama solemnemente su fe: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. A Pedro Jesús le prometió que la Iglesia iba a ser edificada sobre él. ¿No es Marta otra roca sobre la que también podemos afianzar nuestra fe?
30: Mt 13, 44 - 46
Al reconstruir de memoria la parábola del tesoro en diferentes grupos cristianos, todo el mundo recuerda que el hombre que lo encuentra se va corriendo a venderlo todo para comprar el campo. Pero, salvo rarísima excepción, nadie se acuerda de la frase sobre la que pivota la parábola y que pone en marcha todo su dinamismo: "...y por la alegría" . Tenemos claro lo de renunciar, sacrificar y abstenerse, mientras que la alegría se queda arrinconada en los márgenes, como una virtud menor y casi olvidada. Estamos invitados a recuperarla.
Palabra y Vida, Ediciones Claretianas
Dolores Aleixandre rscj
provincia de España Sur
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