foco: Vivir en el mar - aprender a orar

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Provincia de Francia
Noëlle Favet, rscj

Aprender a navegar sirve también de base a la búsqueda del camino espiritual
Son muchos los que descubren la acción del Espíritu en su vida manejando las velas según el viento que domina…

« “Vivir en el mar… aprender a orar” es una propuesta de la Red de la Juventud Ignaciana (Reseau Jeunesse Ignatien) de Francia, red en la que trabajan juntos jesuitas, religiosas y seglares de espiritualidad ignaciana.

No siempre es fácil para jóvenes, estudiantes o profesionales, atravesar la puerta de un centro espiritual para descubrir una manera de hacer oración, para experimentar la riqueza de un tiempo de retiro. En un mundo en el que el ruido y las distracciones son tantas no es fácil afrontar el silencio, la soledad, el ponerse frente a Dios y ante uno mismo! Tampoco es fácil para los que tienen vacaciones limitadas, renunciar a una semana al aire libre, por otro lado necesaria, para encerrarse en una casa de retiro! ¿Qué hacer entonces?…

“Vivir en el mar – aprender a orar” es una propuesta que intenta responder, al menos parcialmente, a estos interrogantes. Se trata de animar a jóvenes (de 18 a 30 años) a que hagan la experiencia de lo que es la oración ignaciana, de iniciarlos en este camino de oración aprovechando las riquezas del mar en un viaje itinerante y en un velero. Desde hace ocho años cada mes de julio, se embarcan veinticuatro personas para un viaje a lo largo de las islas y de la costa de Bretaña. El aprender a manejar un velero, la vida a bordo y el descubrimiento del medio marino forman parte integrante del retiro. El barco impone una cierta sencillez de vida, la dependencia frente a los elementos exteriores (vientos, mareas, sol o lluvia), el aprendizaje de una vida comunitaria indiscutible, con ocho personas en un barco de 9m de longitud. La belleza del lugar lleva, también, a la contemplación, facilita aprender el valor del silencio y recuerda la acción bienhechora del Creador. Aprender a navegar sirve también de base a la búsqueda del camino espiritual. Son muchos los que descubren la acción del Espíritu en su vida manejando las velas según el viento que domina; al lanzar las amarras muchos han comprendido que, a veces, hay que dejar cosas para avanzar mar adentro. ¿Y cómo no evocar la necesidad del camino del discernimiento cuando se trata de decidirse, de elegir una meta y de ser fiel a ella?

Las mañanas empiezan con una reunión general de todos los grupos exponiendo algún hecho de lo vivido al navegar: qué significa “embarcar, lanzar amarras, no apartarse de la meta…” Esta metáfora del mar es la base de un enfoque espiritual para el día: entrar en la disponibilidad y la gratuidad del don que viene de Dios, aceptar el desprendernos, deshacernos de lo que nos impide ser libre, descubrir nuestras preferencias y aprender a elegir… A continuación se propone un tiempo corto de oración partiendo de la metodología de los Ejercicios; acompañada al principio, se va haciendo cada vez más personal, cada uno aprende a saber utilizar los medios propuestos por el equipo de animación. Después… ¡vuelta al barco para la travesía del día! Una hora de silencio y un rato de compartir sobre la propia vida y lo propuesto en el día. A lo largo de la navegación se proponen pistas de relectura de la vida de cada uno. La tarde se termina con un rato de oración o de relectura en equipo o en el grupo grande, según las posibilidades. Así, al ritmo del mar, se construye el itinerario de cada uno y la vida del grupo. Un día en la isla en medio del recorrido permite evaluar y llegar a algo más personal con la persona que te acompaña. No hay que ser un gran “rezador” , ni un gran marino para entrar en esta aventura. Basta quererlo y ser valiente.

Yo he participado tres veces animando uno de estos retiros y nunca he encontrado que ninguno de los participantes haya salido decepcionado. Algunos, después de esta primera vez, se han atrevido a pasar el umbral de la puerta de un centro de espiritualidad, después de haber superado su miedo al silencio y a la soledad; otros han saboreado las alegrías y las riquezas de la oración ignaciana o del acompañamiento, y han seguido por ese camino. Otros han descubierto nuevas facetas de la Iglesia y han intentado renovar sus lazos con ella. Muchos han pedido repetir esta experiencia. Se hizo también una segunda propuesta ofreciendo el avanzar en la búsqueda espiritual y en la experiencia de navegar.

Varias Religiosas del Sagrado Corazón de la provincia de Francia participan animando este retiro. Siempre es una alegría para nosotros poder remar juntos (aunque no estemos todos en el mismo barco) y ser testigos de un carisma que los ejercitantes no tardan en descubrir… No es necesario ser experto en navegación; basta tener el deseo de la aventura y aceptar las rudimentarias condiciones de esta experiencia. Por encima del cansancio y de la entrega, los frutos recogidos van mucho más allá del ciento por uno.

Dejémonos llevar por el Espíritu para descubrir caminos nuevos que permitan a los jóvenes hacer esta experiencia de Dios, experiencia que buscan en su vida actual.

Noëlle Favet, rscj
Provincia de Francia