En Alas del Espíritu Celia Braganza rscj; Mary Braganza rscj |  | | Fue en el 1988, el año en el que Rosa Filipina entró en el círculo de los aclamados “santos”. Tanto las tribus de América como las tribus de Chotnagpur, en la India, la reconocían como suya. Con esta feliz coincidencia nació esta historia de Torpa, aunque mis ojos aún estaban ciegos. Haciendo memoria: En 1986 se organizó en Torpa un festival cultural. Cientos de Adivasis (habitantes de los bosques), mujeres y niños llenaban los campos de deportes de la escuela secundaria de San José. Bajo el fuerte y tórrido sol de verano bailaban cientos de niños. Sus ojos brillaban al sol de mediodía. De repente me desorienté, pues me llamaron la atención dos puntos luminosos que chispeaban en las pupilas negras de una niña Adivasi. Con un cuerpo demacrado, la cara escuálida de hambre, los labios secos por la sed, todo su cuerpo estaba muerto excepto sus ojos que resplandecían llenos de vida. “Yo soy la Luz de la Vida”. Estas palabras resonaron en mi mente mientras fui transportada a otro mundo de Realidad. En un momento el Tiempo se convirtió en Eternidad. En ese abrir y cerrar de ojos me estremeció el sueño de Magdalena Sofía de ir hasta el último confín de la Tierra por una sola niña. A la vez recordé las palabras de Jesús: “dejad que los niños se acerquen a mí”, y el sueño de Gandhi: “la liberación de la India vendrá de los pobres”. Todo esto se me fundió en UNO. Oí fuerte y clara la misma voz que durante los últimos treinta años me insistía con la misma llamada concisa y sincera hacia los pobres. Pero ahora era imperativo: “Ve” y mi respuesta fue, “Voy, Señor”. Fue un momento de renovación. Un sueño hacia mucho tiempo perdido, brilló con una nueva esperanza. Terminé como directora de los 204 Colegios Universitarios de la India y fui a Torpa, lugar de violencia, injusticia y opresión. La Sociedad nació en la Francia revolucionaria. Somos hijas de una fundadora fuerte. Yo también podía hacer frente a las tormentas de la revolucionaria Bihar y atreverme a caminar con Rosa Filipina Duchesne siguiendo sus huellas. Ella que me atrajo a la Sociedad del Corazón de Jesús, sería de ahora en adelante mi compañera invisible. Me sentí llevada en alas del Espíritu. La historia de Torpa había comenzado. No conocía la lengua ni tenía dinero. Pronto fui consciente lo que consideraba ventajas eran en realidad desventajas. Desde la “nada” el reto era el de construir “un ambiente rural con rostro humano”. Poco a poco el poder del Evangelio iba triunfando. Y mientras estaba viviendo en una cabaña de barro, pobre, oscura, sin ventilación, como en las que habitaba la gente pobre de nuestra tribu, experimenté que el Espíritu de Dios estaba muy vivo. De repente, alguien encuentra sentido a la vida, el pobre no puede prever el mañana pero Dios provee. Solamente cuando se llega a tocar lo más profundo de la pobreza es cuando el Espíritu se nos ha adueñado. Las mujeres de la tribu fueron para mí una inspiración, mujeres de fe invencible y de esperanza inquebrantable. Tenía que aprender de sus vidas de fe para experimentar la alegría de quien descubre por primera vez el poder de Dios. Me di cuenta en el Shadi School (escuela de preparación al matrimonio) del amor de Dios que sana nuestro pecado. Pero vivir con y para los otros no es siempre una experiencia satisfactoria. Compartir la vida de la gente, es compartir su dolor, su sufrimiento, la propia impotencia. No hay solución humana, sólo esperar el momento y la gracia de Dios. He experimentado mucho sufrimiento humano, el de las jóvenes violadas por bandas y luego asesinadas sin piedad. Las heridas de hermanos y hermanas son difíciles de cargar, sin tener otra rscj con quien poder compartirlo. Al ser atacada a media noche por ladrones armados aprendí a través de esta experiencia que Dios es nuestra verdadera fortaleza, y descubrí un valor que no sabía llevaba dentro de mi. Poco a poco fui entrando en el misterio pascual en el que las bienaventuranzas nos enseñan que lo imposible se hace posible. Un nuevo mundo está surgiendo y el desafío del reino colma de alegría. Esta historia de Torpa que empezó al borde de la desesperación poco a poco ha llegado a ser una revelación de alegría y de esperanza, de un Dios que dirige a su pueblo hacia la tierra prometida, a través de pobres instrumentos que son las rscj. La brújula era Su Corazón. Intenté llevar a Su gente hacia Su Corazón y allí educarles. Hoy las mujeres, la mayoría de ellas de tribus cristiana, han formado asociaciones de base. Donde no había educación existen ahora 34 balwadis (escuelas infantiles) y colegios de primaria, una clínica, dispensario y una residencia para la primera generación de estudiantes. Donde sólo había hambre hay ahora campos fértiles que rinden buenas cosechas agrícolas. Donde no había dinero, cooperativas de mujeres han abierto pequeños cuentas de ahorro. Sobre todo donde había sólo caras tristes y desesperadas ahora la sonrisa las ilumina. Torpa ha llegado a ser una “tierra que mana leche y miel”, un oasis en el desierto donde ocurren acontecimientos inesperados, desagradables/agradables que, mantienen viva la fe de la gente en Dios. Karuna Mary Braganza rscj Province of India |