|
|
La carretera hacia Kipako
|
|
|
Al borde de la carretera
|
|
|
La escuela primaria
|
|
|
Salida de clases
|
|
|
Alumnos de primaria
|
|
|
Philimène Dikamba rscj y
Pélagie Nzenzi rscj
|
|
|
Una alumna de la escuela secundaria
|
|
|
En el dispensario
|
|
|
Joven mamá
fotos: Lolín Menéndez rscj
|
Rumbo al corazón
Kipako, República Democrática del Congo
Cuando por fin se llega al final de una carretera, no muy larga en cuanto a kilómetros, pero alargada por las dificultades (socavones, barro, pendientes resbaladizas...) si es la primera vez que se recorre, surgen muchas preguntas:
¿Por qué las rscj, en 1930, eligieron este lugar para venir a vivir ? ¿Por qué fundaron una comunidad en plena “brousse”? ¿A qué necesidades querían responder en aquel momento?
Y hoy, en el 2008, ¿qué sentido tiene nuestra presencia aquí?
Cuando se llega a Kipako, situado en el interior, uno se siente un poco como en el corazón del país: rodeado de árboles, flores, cantos de pájaros... paz, calma.
Kipako, 1930: Las religiosas querían ponerse al servicio de la población indígena, donde no existían ni escuelas ni servicios sanitarios. El deseo de ir hacia los más desfavorecidos y abandonados, respondía al deseo de Sta. Magdalena Sofía; una llamada repetida en nuestras Constituciones y en nuestros Capítulos con el lenguaje de cada siglo, llamada que se ha concretado según los medios de cada época que nos toca vivir.
Las religiosas de 1930 empezaron con los medios adaptados a las necesidades de aquel momento: alfabetización de las mujeres y control de peso de los bebés. Siguió en seguida una escuela hogar y la instalación de un dispensario. Las hermanas iban a las aldeas, donde les esperaban las mujeres felices de encontrarse con otras mujeres que podían escuchar los problemas que tenían que afrontar como mujeres jóvenes y como madres. La presencia de las hermanas iba más allá de la escucha y de enseñar el punto de calceta. Poco a poco se fue avanzando: Se empezó un ciclo corto de preparación de monitoras para la escuela hogar.
Kipako 2008: las rscj siguen allí presentes en este rincón del país con su corazón de educadoras. Pero la forma de presencia se ha adaptado a las necesidades cambiantes de la población local. La alfabetización y la escuela hogar se han transformado en una escuela de enseñanza primaria, escuela de secundaria, con humanidades en dos secciones: Ciencias Bioquímicas y Pedagogía, y un internado. Al principio las alumnas eran mayoritariamente niñas de las aldeas, actualmente son los de Kinshasa los que envían a sus hijos a un entorno capaz de alimentarlos. cuidados de las hermanas, espíritu de familia, enseñanza seria, ambiente que favorece el estudio.
Se sigue pesando a los bebés, pero el dispensario se ha agrandado con muchos pabellones: maternidad, pediatría, laboratorio, salas de consulta y de hospitalización de adultos.
Sin embargo, hay un sentimiento de pena al ver que “la población para la que habíamos venido, se nos escapa. - dice una de las hermanas- Muy pocos niños de los alrededores quieren seguir más allá de los primeros cursos: Encuentran posibilidades de trabajar y vivir de la tierra, mientras que otros que han obtenido sus diplomas, no encuentran trabajo”. A pesar de ello, se constata el valor de esta obra educadora por la presencia continua de las rscj. Uno de los resultados son las vocaciones religiosas.
Ponemos nuestras facilidades al servicio de los que llegan a nuestra casa, sobre todo de la juventud, pero también de los enfermos, los adultos, los niños, las madres...
La carretera que lleva a Kipako sigue siendo hoy un desafío. Ya no circulan como antes pequeños vehículos. Pero la calidad de los cuidados y de la enseñanza, la calidad de presencia de las rscj. sigue siendo un signo de que el Corazón de Dios está presente en este pequeño rincón del Congo.
la comunidad de Kipako, en conversación
con Lolín Menéndez rscj
provincia de la República Democrática del Congo
|